jueves, 15 de noviembre de 2018

Recuerdos de Rogelio Garcés Galindo, Capitán de la Marina Mercante, Master Mariner y Comisarío de Averías.

CAPÍTULO I

HASTA EL AÑO 1952

      En este capítulo intento recordar mis primeros contactos con el mar, que comienzan cuando tenía unos cuatro años, hasta que tenía siete. Quizás me deje muchos recuerdos, pero estos fueron los que más me impactaron y, como es lógico, los que mejor retengo. 

      Intentaré poner fotografías que lo ilustren y no aburran tanto como mi narración, al tiempo que sirvan para entender mejor mi afición al agua.


              
Aquí empieza mi afición a la mar. Podría ser a la edad de cuatro años (1948). Siempre había oído hablar de la mar, barcos y marinos, pues tuve un tío abuelo que fue Capitán de la Marina Mercante y Práctico de Melilla (José Soriano), aunque no le conocí. También su hijo, Pepe Soriano Garcés, que igualmente era Capitán y, más tarde, Práctico del Canal de Suez.

Solíamos salir algunas veces a pescar, mi padre, mi hermano Paco y yo; si alguno se mareaba ese era yo, pero ello no mermó mi afición a la mar. Soy el de la izquierda, y recuerdo que la cherna pesó casi 40 kilos. La foto está hecha en el Club Marítimo de Melilla. 

En verano, durante un mes mis padres solían ir a pescar a las Islas Chafarinas, tiempo que nosotros dedicábamos al baño y a la pesca con una pequeña caña, y más adelante a bucear con un pequeño fusil, gafas y aletas. 

Los hermanos Artolachipi, Guillermo y Juan, Juan Romero y mi padre, fueron los pioneros de la pesca submarina. Mi padre nunca buceó pues se quedaba en el bote, así que nosotros fuimos muchas veces con ellos.

Mis padres tenían dos botes en el Club Marítimo de Melilla: el “Puyoca I”, que era algo más grande y con vela, aunque años más tarde lo cambiaron y quedó como bote normal al que le ponían el motor fueraborda, y el “Puyoca II”, más pequeño, al que también se le acoplaba el motor fueraborda que se solía utilizar cuando iban a la pesca submarina.

Mi padre fue siempre una persona muy divertida a la que le gustaban las bromas. En aquellos años, principios de los 50, todo estaba mal visto, así que decidió ponerle ese nombre a los botes; intercambiando la última sílaba con la primera se podía saber cual hubiese sido el nombre de los mismos.



De proa a popa, Luis Andrés, amigo de mis padres, mi hermano Paco, yo, y mi padre al timón. El bote es el “Puyoca II”, equipado con un motor Johnson de 5 caballos, una maravilla en aquellos tiempos. La foto fue tomada  unos de los domingos que salíamos a pescar.

Solíamos ir a la boya de mar que estaba situada aproximadamente a una milla de la entrada al puerto de Melilla, donde se solía pescar bastante, lo que hacía estas salidas de los domingos muy amenas, aunque para nosotros siempre era todo un acontecimiento. En esta boya se sacaban mejillones enormes, recuerdo que mi madre hacía una ensaladas con media docena de ellos solamente.

Este bote solían llevárselo los veranos a las Islas Chafarinas y lo utilizaban para salir de pesca. Después dejaron de llevarlo pues la familia Oses ya tenía un bote y motor fueraborda, y no era necesario.

 Un día de los que salieron a la pesca submarina, en la playa de Karia Arkeman arponearon a un mero que, de tanto retorcerse dentro de la cueva, rompió la punta de arpón, por lo que no pudieron sacarlo.

Dos años más tarde, en el mismo sitio volvieron a arponearlo, y esta vez sí pudieron subirlo; alrededor del arpón, que todavía tenía clavado en la cabeza, tenía un enorme tumor.

Este arpón se conservaba en la vitrinas del Club Marítimo de Melilla donde se detallaba el hecho y las personas que habían intervenido.



En el “Puyoca I”, mi madre, Conchita, sentada con mi hermana Conchy; de pié, Bernardi y la señora, de la que no recuerdo el nombre. Años más tarde, este bote pasó a llamarse “Maite”, nombre de la ahijada de mi padre, hija de Julio Bazán y de su esposa, Toñy.

Uno de los lugares a los que más iban a la pesca submarina era a Cala Charranen. Mientras pescaban, nosotros nos divertíamos en la playa y en la enorme duna de arena que había al final de la cala: dejándonos caer desde arriba bajábamos rodando hasta el final, adonde llegábamos mareados.

En esta foto todavía se ven el palo y la vela que, como he mencionado anteriormente, años más tarde se quitaron. Cuando salían de pesca submarina se llevaba el “Puyoca II” en un camión del ejército hasta el lugar de pesca, Sammar, Cala Charranen, etc., y allí se botaba, sirviendo de asistencia a los que buceaban. El trabajo de carga y descarga del bote al camión lo hacían los soldados que venían y que estaban haciendo la ‘mili’ en Melilla.

Las fotos son de 1951 y 1952. Algo que en aquella época me preocupaba mucho era qué pasaría si de pronto desapareciera todo el agua del mar cuando estábamos en el bote.

Como se puede comprobar, fue temprana la vocación. Si de algo me arrepiento por haber sido marino es el tiempo pasado fuera de los míos, pero creo que he sido marino de vocación y he disfrutado con ello.



Las fotos en Chafarinas son del año 1953. En la anterior estamos mi madre, sentada, Alonso “Tito”, de pié, mi hermano a la derecha, mi hermana en medio, y yo. Al fondo la traiña “Currito”, de la familia Oses, en la que muchas veces he salido a pescar con ellos.

Era muy normal que el mes de Agosto lo pasáramos en la Islas Chafarinas. Los primeros años vivíamos en casa de Antonio Oses, motorista de la Compañía de Mar; a la casa le llamaban el “Rancho Grande” y estaba situada frente a la Compañía de Mar. Antonio era hermano de la “Tita” y el “Tito”, vecinos nuestros en la casa de la Calle Españoleto nº 6, de Melilla. Esto también contribuyó a mi afición a la mar.

La “Tita” y Antonio eran hijos de “Currito Oses”, así como Manolo, farista de Chafarinas, y “Nené”, encargado de telégrafos. 

Cuando destinaron a Antonio a Melilla, pasábamos el mes de Agosto en la casa del Faro, con Manolo, y el último año (1961) en la casa de la Comandancia Militar. Hace unos años volví a Chafarinas con el Centro de Hijos de Chafarinas y encontré que la casa de Antonio Oses había desaparecido, y que la iglesia se encontraba cerrada y a punto de caerse. Ahora solamente hay un pequeño destacamento y unos biólogos tratando de conservar algunas especies.

Ni qué decir tiene que durante este tiempo salíamos a pescar al chambel, al curricán, con palangre y submarina. Unas veces utilizábamos el bote de mi padre, y otras algunos de los medios que había en Chafarinas: la buceta de la Compañía de Mar, el “Currito” y una patera pequeñita que cuando íbamos cuatro en ella había que mantener el equilibrio muy bien pues enseguida entraba el agua y volcábamos. 

Otra de las distracciones en Chafarinas era ir a cazar palomas a la Isla del Congreso por la tarde, cuando regresaban de beber agua del Río Muluya. Me situaba en la zona de llegada y con un Mauser disparaba, lo que hacía que las palomas, asustadas, rebasaran el primer pico, detrás del cual las esperaban, donde las cazaban.

Muchas mañanas nos íbamos en la patera con una sartén y agua y con lo que pescábamos nos hacíamos la comida en cualquiera de las otras islas, a veces cogíamos algún conejo que también pasaba por la sartén. 


En esta foto, mi hermano y yo. Pasábamos la mayoría del tiempo en bañador; solamente por la tarde nos vestían un poco para pasear, después de estar pescando con poteras en el muelle chico, y años más tarde en el muelle grande al ir desapareciendo la pesca poco a poco.

De estos años, aunque es un recuerdo vago, guardo en la memoria las veces que mi padre dijo que no volvía a ir conmigo de viaje nunca más.

Debía tener yo seis o siete años, mi padre tuvo que hacer un viaje a Tánger, Tetuán y Ceuta, por motivos de trabajo, y me llevó con él.

Fuimos en avión a Tetuán y la primera visita fue a Ceuta. Nada más llegar a la frontera con lo que era Marruecos Español, le detuvieron y a mí me llevaron a casa de unos amigos que hacía poco habían llegado allí destinados; yo, como niño que era, y con otros niños que además conocía, no extrañé nada, así que pasé el día con ellos.

Mi padre contaba que nada más detenerle y separase de mí, fue llevado a prisión donde lo metieron en un calabozo y lo tuvieron incomunicado desde el mediodía, aproximadamente, hasta las cinco de la tarde.

Cuando abrieron la puerta del calabozo aparecieron estos amigos con una paella, entre ellos el Director de la cárcel, y le dicen a mi padre que estoy con ellos, y que esto ha sido por todas las bromas que él les había gastado.

Desde Ceuta fuimos a Tánger donde unos amigos de mi padre me regalaron  la pistola que aparece en la foto, que fue la causa de que se organizase otro lío.

La pistola era un réplica idéntica a un Colt, cuyas balas eran de fogueo, aunque cada vez que se disparaba parecía un tiro de verdad. Cuando mi padre estaba pasando la documentación, no se me ocurrió otra cosa que, en mitad de esa sala, sacar la pistola, que llevaba debajo del jersey,  y dar dos tiros.


 La policía me cogió mientras detenían a mi padre; le llevó un buen rato poder demostrarles que se trataba un juguete, pero que en esos años todavía no se conocía nada parecido en España, pues lo habían traído del extranjero.

Una vez en el avión, volando para Melilla, con un buen temporal que hacía que nos moviéramos mucho, no se me ocurrió otra cosa que preguntarle a mi padre que si se caía el avión donde teníamos que agarrarnos: una señora mayor, que iba a mi lado, gritó “¡cállate niño”!

Así que no era de extrañar que no quisiese llevarme más de viaje.

viernes, 9 de noviembre de 2018

INTRODUCCIÓN. Recuerdos de Rogelio Garcés Galindo, Capitán de la Marina Mercante, Master Mariner y Comisarío de Averías.


 INTRODUCCIÓN

El mayor interés en relatar estas memorias, recuerdos, o como quieran llamarle, me surgió volviendo a mirar un pequeño libro de hueso que comenzó a escribir mi abuelo Francisco, el Yayo, como siempre le llamábamos. el día que se casó, aunque luego puso un par de notas de la fecha de su nacimiento y de la de mi abuela.

Así que si dentro de más de cien años, como hoy me ocurre a mí, a algún nieto mío se le ocurre leerlo, que lo haga con el mismo cariño que yo; y como dice mi abuelo en varias partes del mismo, que sea para bien.

Este libro, del que más adelante pretendo poner todas sus páginas, lo recibí cuando falleció mi tío Pepe –el último de esa generación–, y las anotaciones son de nacimientos, fallecimientos y bodas, siendo la última anotación la muerte de su esposa. Queda un pequeño espacio en el que a veces he estado tentado de hacer el asiento de su fallecimiento, pero muchas veces me he preguntado si debo hacerlo o dejarlo tal como está, así que de momento no he decidido nada sobre ello.

Lo empezó a escribir en 1907, con la anotación de su matrimonio, siendo la última el 3 de Abril de 1967, cuando fallece mi abuela; es muy curioso como va cambiando la escritura con el paso de los años: la primera, firme, y la última temblorosa. Los años y todo lo ocurrido, como se ve en el libro, le dejaron mella.

Quiero también que sirva como recuerdo a todos los seres queridos que ya no se encuentran entre nosotros, y mi cariño a ellos, aunque es posible que a veces no se lo demostrara como debía.

Por supuesto que quiero recordar a mi mujer, María José, a mis hijos Pablo y Jorge, sus mujeres Patricia y María Jesús, y a mis nietos Pablo, Rosario, Carmen, Nicolás y Jorge. 

 Dudo mucho que este libro, una vez encuadernado, dure más de 100 años, pero sí espero que perdure en uno de los actuales soportes informáticos o en otros que puedan venir y a los que pueda ser transferido más adelante. 

No quiero que nadie piense que es un historial profesional, ya que a muy pocas de las anécdotas que relato se les puede dar tal tratamiento, sólo intento que sirva de entretenimiento a quién pueda leerlo. 

Comienzo ahora lo que he decidido llamar “Recuerdos Náuticos”. Los he dividido en capítulos: los tres primeros comprenden los años 1948 a 1966, mis primeros recuerdos relacionados con el mar y la fecha en la que obtuve el título de Alumno de Náutica; el resto de los capítulos se corresponden con cada enrole de la Libreta de Navegación.

Empecé a escribirlas en Playamar, Torremolinos, a principios del año 2010, y no sé cuando las terminaré, aunque espero que no se demoren mucho.

Quiero pedir disculpas si alguien se puede sentir molesto, no lo estoy haciendo con esa intención y también aclarar que no he sido nunca racista y el empleo de “moros” o “negros” no lo hago de manera vejatoria, lo he empleado siempre y nunca con ánimo de rebajar a nadie.

En la última página hay un hueco que podría servir para hacer la última anotación, su fallecimiento y aunque lo he pensado muchas veces nunca me he decidido a hacerlo.
El libro consta de 6 páginas solamente, y voy a ponerlas a continuación:        

La boda de mis abuelos, y el nacimiento de sus hijos Paquito y Pepito.                                              
En la segunda página aparecen los nacimientos de su hijo Rogelio, mi padre, de mi abuelo, de mi abuela y de su hija María de la Concepción, Conchita. 

      Página 3, en la que anotó el fallecimiento de su hijo Paquito y el de su hija Conchita.
       
En la página 4, el matrimonio de su hijo José y el de su hijo Rogelio.


     En la página 5, el nacimiento de sus nietos Paquito, Rogelito y Conchita.

        
En la página 6 -última- el fallecimiento de su esposa

Este libro fue la única herencia que recibimos los Garcés de mi tío Pepe. Pienso que su mujer Mercedes rendirá cuentas por lo que por sobrevivirle hizo con los bienes de ambos; y digo esto porque no tuvieron hijos, y a menos que lo hubiera gastado todo, han ido a su familia, que tenía el mismo derecho que nosotros; que les aproveche a la familia Canovaca.

Este suceso no es nuevo en la familia, pues con mi tío abuelo Ramón pasó lo mismo: falleció él primero, y su mujer Trini tiró siempre para su familia, por lo que los Garcés nunca vimos nada.

No es que reclame nada con estas palabras pero al menos que lo sepan aquellos que puedan leer este libro.



lunes, 5 de noviembre de 2018

Recuerdos de Rogelio Garcés Galindo, Capitán de la Marina Mercante, Master Mariner y Comisarío de Averías.

Recuerdos de mis primeros 50 años de vida, donde relato anécdotas, y cosas que me han sucedido, la mayoría en mis años de navegación, aunque no siempre he estado navegando, pues por unas u otras causas he trabajado en tierra algunos años.

A partir de 1994 y hasta finales de 2001, estuve de Director de Opemar, una empresa estibadora en el puerto de Málaga, pero esto, de momento, no he querido incluirlo.

Espero que sirva como entretenimiento a quien pueda leer este blog.

El prólogo es de un amigo, que también hizo un repaso a mis escritos, gracias por ello.




PRÓLOGO

Alejado de cualquier atisbo de academicismo, estamos ante el relato del día a día de toda una vida dedicada al mar, elaborado con la sencillez de lo coloquial, lo que, en mi opinión, le imprime un carácter más personal de lo que cabría esperar. Se trata de un trabajo en el que el autor, Rogelio Garcés, a la sazón Capitán de la Marina Mercante Española, narra sus vivencias como marino a lo largo de las costas y los mares de todo el mundo, en una memoria sumamente interesante para los amantes del mar y la navegación.

Una vida con incógnitas y grandes sacrificios, pero al mismo tiempo cautivante, llena de anécdotas, experiencias magníficas y aprendizajes. En ellas, Garcés nos muestra cómo comprendió el porqué de todos los momentos, personas y situaciones que se le presentaron en su vida de marino.

Al leer el borrador de estas memorias, que mi buen amigo me ha adelantado a fin de que disponga de argumento para la creación del prólogo, me lo he imaginado erguido en su puesto de mando, en el puente, oteando el horizonte, como intentando vislumbrar la costa, destino de su próxima arribada.

Y me lo imaginé aguzando el oído tratando de captar las notas de la melodía surgida de las olas embistiendo sobre las amuras de proa. Y en un vano intento por percibir, deslizándose bajo la quilla, una inacabable corriente de agua.

Sabemos que la incomunicación tiene mucho que ver con el absurdo, en el sinsentido de eso que llamamos realidad. Un absurdo visto desde la fecunda herencia kafkiana, donde no es raro encontrar escenarios insospechados, y misteriosos por lo imprevisibles. Buena prueba de ello son estas memorias de un profesional del mar –o de la mar, como el autor gusta en llamar– que tienen su contrapunto en lo personal y cotidiano de un ser humano, carente de connotaciones profesionales.

Y es que todo puede ser contado, si encontramos la forma de hacerlo. Y desde muy temprano, los seres humanos, a diferencia de los animales, aprendimos a contar. De ahí la frase hecha “Vivir para contarlo”, con su variación, empleada por Gabriel García Márquez en sus memorias: “Vivir para contarla”. Se cuenta para algo, pues la narración no admite disgresiones, es un mecanismo de relojería en el que cada palabra es imprescindible. No pueden faltar ni sobrar.

A menudo me ocurre que, con la mente, convierto mis sueños en relatos. Es una de las experiencias literarias más complejas y difíciles, pero también de las más gratificantes. Es una forma de exorcismo: en los sueños hay una serie de símbolos y una moral, que a veces se trata de desvelar con la palabra.

Sin la menor duda, Rogelio Garcés ha sido un  soñador de su propia vida hasta que, a modo de liberación y para goce de sus lectores, se ha atrevido a dar forma inteligible a sus sueños transformándolos en palabras. Sueños en los que, a menudo, su esposa, María José, y sus hijos, Pablo y Jorge, adquieren un relevante protagonismo.
Les sugiero que no se pierdan ni un solo párrafo  de este trabajo que si –insisto– desajustado a cualquier tipo de régimen académico, es, sin embargo, entrañable desde el más absoluto punto de vista humano.

Estoy seguro de que disfrutarán con su lectura.

Carlos F. Huelin

Periodista



miércoles, 24 de octubre de 2018


MIRZAK

Hace ya dos meses largos que ni escribo ni publico nada en el blog del “Circulo Marítimo”, a pesar de que hay muchos amigos y lectores que me lo solicitan, pero los meses de Agosto y Septiembre han sido horribles para mí en el aspecto físico, hasta tal punto que ha pasado por mi cabeza mandar todo al garete dando por finalizado mi entretenimiento favorito. Pero hace unos días ha sucedido en mi vida un hecho que incluso podría servir para escribir el guión de una película y que me ha impulsado a tomar la determinación de que al menos, una vez más ponerme delante del ordenador para poder contar una bella historia, una historia que nada tiene que ver con barcos ni con la mar, como corresponde a este blog que está destinado a escribir temas náuticos.
Sé de antemano que escribirla va a suponer para mí un gran sacrificio y una tristeza agridulce ya que se trata de recordar una parte de mi vida familiar durante la cual fui muy feliz y que por desgracia ya pasó a ser historia. Es una historia bastante larga y puede ser que muchos lectores se cansen, pero les aseguro de antemano que merece la pena ser leída hasta el final donde se produce el verdadero desenlace de la misma.

Comenzaré por decirles a los que no tienen nada o poco conocimiento del “Firmamento” y de las estrellas que lo componen, que MIRZAK es el nombre de una estrella al mismo tiempo que se trata del nombre de nuestra última mascota, que resulta ser la verdadera protagonista de ésta para mí bella historia.
La historia comenzó a fraguarse cuando se aprobó la Ley de Divorcio en el año 1981, cambiamos nuestro domicilio de Bélgica donde vivíamos desde el año 1967 por el de Málaga una vez que pudimos contraer matrimonio según la nuevas leyes españolas, lo hicimos pensando en que mi esposa podría acompañarme en algunos de mis viajes y así fue hasta que comprobamos que los mareos eran tan grandes que resultaban dañinos para su salud. En vista de este imprevisto inconveniente, para no estar con los brazos cruzados mientras yo navegaba, Greta se inscribió en una escuela taller de tejidos llamada "La Madraza", allí permaneció aprendiendo a tejer tanto en bajo como en alto liso, hasta que cerraron por falta de subvención ya que la escuela dependía de la Diputación de Málaga y cerraron el grifo.

Yo pasé a convertirme en emérito en Julio de 1988 cuando cumplí los 55 años de edad, aquel mismo año me inscribí en la Escuela de Arte y Oficios en unos cursos monográficos de ebanistería, tema que siempre me había gustado, hice los tres cursos que eran los permitidos y durante los cuales aprendí a manejar todo tipo de máquinas tanto eléctricas como manuales que me permitieron hacer muebles de todo tipo.
El problema de estas aficiones, tanto la mía como la de mi esposa era que ocupaban mucho espacio, el apartamento donde vivíamos a pesar de ser grande se nos quedó pequeño; por si fuera poco, era en una planta 15 y cada vez que el conserje me veía meter material en el ascensor ponía cara de mala uva, esto nos indujo a buscar otro tipo de vivienda. Nos trasladamos al Rincón de la Victoria donde compramos un chalet precioso en el cual yo podía disponer de un garaje de 60 m2 para montar mi taller de carpintería y mi esposa disponía de espacio más que suficiente para montar todos sus telares.

Durante la primera noche que dormíamos en el chalet ya tuvimos la visita de ladrones que ignoraban que la casa ya estaba habitada y eso nos llevó a la conclusión de que teníamos que tener un perro. Así lo hicimos y a los pocos días compramos un pastor alemán o mejor dicho una pastora, a la cual bautizamos con el nombre de “Lubas”. Esa perra durante los ocho años que vivió con nosotros nos proporcionó muchas alegrías además de seguridad, aunque resultó ser muy cabezona. Se le puso un instructor que le enseñó las cuatro reglas principales de comportamiento, pero todo cuanto aprendió dentro del recinto de la casa, una vez fuera ella iba a su bola. A la hora de comer era un suplicio, tuvimos que darle de comer como si fuera una persona, con una cuchara.
Cada vez que la perra tenía el celo, un perrillo que vivía en frente venía a ver si podía entrar por algún hueco y en vista de que no tenía ninguna posibilidad se sentaba delante de la puerta los días que fuesen necesarios y se contentaba el pobre simplemente con olerla, como ni siquiera sabía cómo se llamaba el perrillo, yo le di el nombre de “Yiyi el amoroso”.  Lubas nunca tuvo una camada, la única vez que intentamos cruzarla fue un rotundo fracaso.  El pastor que nos cedieron para efectuar el cruce, por lo visto había visto muchas corridas de toros donde actuaba Curro Romero, y el pobre siempre intentaba  entrar por el costado. Después de tres días de inútiles intentos la perra ya no quería saber nada y el pretendiente que estaba agotado de tantos intentos lo devolvimos a sus propietarios. Lubas solía tener embarazos psicológicos y con el tiempo terminaron por salirle bultos en las mamas, lo cual nos obligó a pasarla por el quirófano.  El veterinario nos la trajo operada y convaleciente y la acomodamos en el porche  donde ya tenía su cama preparada de siempre para que se recuperase. Todos los días me levantaba temprano para ver como se encontraba pero al tercer día no la veía por ningún lugar de la casa, se me ocurrió mirar en la piscina y allí estaba la pobre ahogada, lo mismo que como si se hubiera tirado de cabeza. Avisamos al veterinario que llegó lo antes posible, la sacó del agua ya completamente rígida y para poderla meter en el saco que traía preparado no tuvo más remedio que quebrarle las extremidades. Mi esposa que presenció la operación quedó traumatizada y durante algunos meses sufrió una fuerte depresión y un carácter bastante poco agradable.

Recibimos la visita de una amiga, después de una larga tarde de charla, la amiga habló conmigo  y me recomendó que la mejor forma de darle un cambio a la situación era traer otro perro a casa que la hiciera olvidar a Lubas. Hablamos largo y tendido sobre este tema. Greta era bastante reacia a lo de tener un nuevo perro, pero al final pude convencerla y corría ya el año 2002, creo recordar que era el mes de Mayo cuando paseando por el pueblo en la tienda de mascotas “DON ANIMAL” vimos en el escaparate que tenían dos cachorros de pastor belga de la raza TEVEUREN. Cogimos una al azar porque resultaban ser idénticas. Le pusimos el nombre de MIRZAK y no las trajimos a casa.  En ese momento volvió a entrar la alegría en la casa y en nuestras vidas, mi esposa se fue recuperando del trauma sufrido con la anterior y yo solía gastarle la broma de que con Mirzak (como era belga) se entendía mejor al poder hablar el mismo idioma.

Mirzak resultó ser una perra muy cariñosa pero al mismo tiempo muy juguetona y traviesa. Su juego preferido era siempre que podía entrar en la cocina, coger un cuchillo entre los dientes y venir para enseñar lo que tenía y que la persiguiéramos para quitárselo. Odiaba el sonido de los teléfonos móviles, siempre que tuvo la ocasión trituró más de uno haciéndolos añicos  y se quedaba tan pancha como si no hubiera roto un plato. Era más lista que los ratones coloraos, cuando me veía con las llaves del coche en la mano se iba directamente a la jaula para que yo pudiese abrir la cancela sin temor a que se escapase, cosa que por descuido nuestro sucedió en varias ocasiones, pero cuando comprobaba que nadie la perseguía se volvía a casa, pero cosa curiosa nunca quería entrar en la casa por la cancela por donde salía el coche , se sentaba delante de la puerta peatonal y hasta que no la abríamos no entraba en la casa.
Cuando llegaba el verano y venían los nietos de vacaciones el jolgorio aumentaba  de forma alarmante, sobre todo cuando se metían en la piscina ya que no paraba de dar vueltas a la misma ladrando y saltando. Una tarde apareció con las gafas de la nieta pequeña entre los dientes y nos dio un gran susto ante el temor de que las pudiera triturar como solía hacer con los móviles, pero solo quedó en el susto.

Con mi esposa tenía un trato especial, durante nuestra estancia en el Rincón de la Victoria, Greta perteneció a la Asociación de mujeres de la Axarquía “AMUASA” donde impartió durante bastantes años clases  de RETACERÍA que resultó ser su entretenimiento más bonito. Los días que iba a dar clases, la perra permanecía echada en la puerta desde que se marchaba por la mañana hasta que volvía al mediodía, y un día que la perra logró escaparse fue para ir a reunirse con ella en la sede de la Asociación.  Allá donde se encontrara la perra iba a sentarse a su lado, eso la llevó a consentirle muchas cosas, la dejó entrar en la casa, cosa que nunca le permitió a Lubas, y eso trajo consigo que la perra por las noches entraba en el salón para ver la televisión junto a nosotros, eso sí, parecía que tenía un reloj incorporado porque a las doce en punto se levantaba y se iba directamente al dormitorio y se echaba junto a la alfombra del lado que dormía Greta y en toda la noche no se movía de su lado.
Mi reencuentro con Mirzak

Por todo lo narrado aquí y por muchas más que ya escapan a mi memoria, cuando en el año 2006 decidimos vender el chalet, porque ya no podíamos físicamente dar más de sí, nos encontramos con el dilema de qué hacer con la perra; el apartamento que habíamos alquilado cerca de la playa en la zona de Pedregalejo no admitían animales y mucho menos en la residencia a la cual nos pensábamos trasladar una vez que estuviese terminada. A través de una amiga encontramos a una familia que tenía tres hijos de mediana edad y que estaban dispuestos a quedarse con la perra una vez que la hubieran visto, esta familia vivía en el Puerto de la Torre. Un día se presentó la familia al completo para ver a la perra, los niños quedaron encantados y por lo tanto poco tuvimos que hablar, el tiempo justo para preparar los papeles y la documentación de Mirzak.  El verla partir nos produjo una gran tristeza, habían sido cuatro años de cariño y de alegría lo que había aportado a nuestras vidas, no obstante esta separación mi esposa la soportó con más entereza.
En el año 2010 una vez finalizada las obras del Residencial nos trasladamos a ella, que se encuentra situada colindando al sur de la venta llamada “JOSÉ CARLOS”. Durante muchos años nunca perdimos la esperanza de encontrarnos con  Mirzak en el Puerto de la Torre, incluso con el coche recorrimos muchas de las urbanizaciones que componen este distrito de Málaga pero siempre fue con resultado negativo y con el tiempo perdimos toda la esperanza.

Desgraciadamente mi esposa falleció en Noviembre del 2016 después de una larga enfermedad y yo con 85 años ya no estoy para tirar cohetes. MI hija Marina que vive en Madrid, de vez en cuando viene a Málaga para darme un repaso. Precisamente el día 18 se encontraba aquí porque había venido para acompañarme al médico. Por la tarde una de las empleadas le dijo a mi hija que una chica había llamado por teléfono preguntando si vivía aquí un señor que se llamaba Arturo, le informó que si quería volver a ver a su perra Mirzak debía ponerse en contacto con el teléfono…………. Mi hija dudó si darme la información por temor a que me produjera una reacción mala debido a mi estado físico, pero decidió por decírmelo  y aunque al principio me produjo una gran impresión, enseguida me repuse y le dije que llamase enseguida al teléfono que la chica había proporcionado para concertar un encuentro lo antes posible. En diez minutos nos encontrábamos en la venta de José Carlos, ya que la chica vivía en una finca colindante al norte de dicha venta. Tantos años viviendo a tiro de piedra sin saberlo, las jugarretas que nos gasta la vida.
Narrar el encuentro con Mirzak no resulta nada fácil, ha sido uno de los momentos más emotivos que haya podido vivir en mi vida.

Amanda (que así se llama la nueva propietaria), nos esperaba a pie de carretera dada la cercanía de su domicilio. Cuando la vimos se me hizo un nudo en la garganta, los ojos se me llenaron de lagrimas y me quedé momentáneamente sin habla. Mirzak tiene en la actualidad 17 años, 13 que se la entregamos a la familia de Amanda y que por aquel entonces era una jovencita. En la actualidad es una señorita que se hizo veterinaria por amor a los animales y gracias a ella y a sus cuidados Mirzak ha conseguido llegar a los 17 años aunque en realidad su salud resulta muy precaria. Cuando Amanda dejó suelta a Mirzak, la perra se dirigió directamente hacia mi hija y hacia mí, nos olió y nos lamió la mano que le tendíamos y desde ese preciso  momento no se quiso separar de nosotros. Nos sentamos en la terraza de la venta y se  echó sobre nuestros pies para que la acariciásemos y ya no se movió hasta que dimos por terminado el encuentro. Cuando pude recuperar el habla y se calmaron los sentimientos hablé con Amanda y ella me puso al corriente someramente de la vida que había llevado Mirzak durante esos trece años, del cariño que ellos habían recibido y lo que había significado para sus vidas. Me explicó que muchas veces había estado tentada de llamar por teléfono, que un dia por otro en que se armó de valor lo había ido dejando hasta que llegó el día en que se dijo de hoy no pasa.
Todo el tiempo que estuvimos hablando, de mi mente  no se apartó la figura de Greta, pensando en lo feliz que ella hubiera sido ese día pero las circunstancias son las que son y no tenemos más remedio que aceptarlas tal y como nos vienen dadas. Yo doy por terminado mi relato porque tengo que dejar reposar todos los sentimientos que he vivido durante estos últimos días, dando las gracias a los que han tenido la paciencia de aguantar hasta el final de esta historia.

Capitán Arturo de Bonis             

                   

viernes, 15 de junio de 2018


SURTIDO DE DIVAGACIONES

Buenos días amigos: Mi artículo de hoy será un popurrí de noticias, una mezcla de todo un poco de lo que está ocurriendo en este mundo maravilloso que nos ha tocado vivir y que desgraciadamente hay muchos hijos de su madre que están dispuestos a darle la vuelta a la tortilla para convertirlo en la mierda más grande del universo.

Yo he escuchado durante mi larga vida marinera cantidad de proverbios dedicados a la mayoría de las regiones y ciudades de España. Sin querer ofender a los valencianos porque personalmente no comparto esos proverbios, recuerdo el que estaba dedicado a Valencia que decía así: Valencia se asemeja a un vagón de primera con gente de tercera, esto lo saco a colación porque lo intento comparar  con lo dicho anteriormente referente a la parte del universo que nos ha  tocado vivir a los terrestres, algo maravilloso que por lo visto  nos merecemos.

Después de ver y oír tantos debates sobre los diferentes temas que nos atormentan, pienso que también tengo derecho a opinar  aún a sabiendas que mi opinión puede ser equivocada y de cualquier forma no va a solucionar ningún problema de los que nos afligen.

Hoy hay temas para dar, tomar y regalas, por esa razón denomino mi artículo” surtido” y en cuanto a lo de divagaciones, es sencillamente porque son esos:”divagaciones” que van y vienen en mi mente y que yo soy el primer extrañado en comprobar que haya tantísimas formas de enfocar cualquier tema.

Entre los temas marítimos, hay dos, el primero y muy importante es la construcción de un Portaviones por el gobierno chino (el primero de construcción propia) que debe ser la repera, por lo grande y por la tecnología con la cual estará dotado, la más avanzada hasta el momento. Si lo hacen igual que hicieron las Olimpiadas, sobrada en todos los sentidos, el Portaviones será  un fuera de serie. Me gustaría daros más detalles, pero me han negado toda clase de información alegando como es natural que todo esté sujeto al secreto de estado. El segundo tema es más formal, ya que en el anterior me he permitido ciertas libertades para que resultara más ameno..

En mis manos ha caído un periódico que jamás lo había visto anteriormente, se llama “LE MONDE DIPLOMATIQUE”, trae un artículo firmado por un tal Kyle G. Brown, muy extenso ya que ocupa doble página y se titula” AFRICA DESPOJADA DE SUS RECURSOS PESQUEROS”, el articulo está muy bien argumentado y denuncia de forma sistemática el expolio que están sufriendo las costas africanas  por parte de las  grandes flotas pesqueras de todo el mundo, el único que se salva de la quema es Andorra. Se queja  de que hay muchísimos pesqueros que se introducen en aguas jurisdiccionales sin permiso y sin pagar ninguna clase de canon que pudieran tener asignado para poder pescar en dichas aguas. Introduce un mapa  en el cual ya no cabe ni un barco más en las aguas africanas. Los más criticados en el artículo son los chinos y los rusos porque son los que más arrasan y los que más devuelven al mar las especies que no les interesan, pero ya de forma inservible. Pero el Sr. Brown no hace mención ni siquiera de forma escueta  el problema de la piratería  que justamente se produce de forma intensa en las costas de Somalia. Sobre este reportaje del Sr. Brown hay mucho de qué hablar ya que no es oro todo lo que reluce.

No se puede hablar de expolio y dejar fuera la piratería que va aumentando de forma paulatina al mismo ritmo. No se puede hablar de este tema sin tener en cuenta que en muchos bufetes de abogados de Londres se pagan los rescates que los armadores están obligados a desembolsar cuando sus buques son apresados por piratas tanto en aguas jurisdiccionales como en alta mar.  La mar siempre fue un espacio libre hasta que no recuerdo quien se inventó lo de las 200 millas, desde entonces comenzaron los problemas. Los Gobiernos empezaron a querer cobrar un canon por pescar cerca de sus costas. Los pescadores que al igual que los cazadores tienen la mentira por bandera, aceptan el pago pero al mismo tiempo idean la forma de llevarse casi un 50%  más de lo que acuerdan, todo gracia a los inspectores corruptos que existen y siempre existirán ,que  miran hacia otro lado haciendo la vista gorda. Durante 23 años he presenciado toda clase de desmanes, uno muy común, desaparecer de los caladeros con las bodegas repletas, largándose hacia Dios sabe donde sin pagar canon, ni combustible ni abastecedores, y hasta aquí con este tema que se vuelve muy escabroso si se intenta profundizar en el.

Otro tema que nos ha tenido muy entretenido y al mismo tiempo muy preocupado esta semana, ha sido el problema que ha creado el Mr.Trump con su deseo de cambiar el domicilio de la embajada americana, trasladándola a Jerusalén, con el único objeto de darle por detrás a los palestino. Precisamente este tema es el  que más me ha hecho cavilar y darle vueltas a mi cabeza. Por mucho que divago no llego a comprender como nuestro Dios del Universo no tuvo otra mejor idea que hacer nacer en el mismo distrito  y al mismo tiempo  a las tres religiones fundamentales que sustentan al mundo y al mismo tiempo ha permitido que viniese al mundo una persona tan esquizofrénica como el Trump que no tiene ningún reparo en tomar determinaciones a sabiendas que va a costar tantas vidas humanas, pienso que lo único bueno que ha hecho en su vida ha sido traer a su hija al mundo que está como un TREN.

Menos mal que la jerarquía de la religión católica tuvo la buena idea de cambiar de empadronamiento trasladando su sede a Roma, aunque al principio también fueron tiempos difíciles, ya que allí se encontraba el Teatro Romano, donde semanalmente hacían corridas de leones, y caían seis católicos por semana y en total fueron muchos los mártires, eso sí, nada comparable con los cientos de palestinos que ahora caen en un día por el simple hecho de que a un locaina se le ocurre cambiar de vivienda.

Esperemos que sus conversaciones con el gordito coreano no terminen lanzándose cohetes como si fueran caramelos.

Y para terminar mis divagaciones: los hechos me demuestran que no estaba equivocado cuando en mi artículo anterior decía que hoy en día para huir de la justicia  solo basta cruzar los Pirineos y buscarse un buen abogado. Me ha sentado como una patada en los “mismísimos” que Bélgica haya negado la extradición de la cuadrilla catalana, Si ahora los alemanes hacen lo mismo con el enano, es como para borrarse de Europa y largarse al Congo, pero hay que pensárselo bien porque por allí anda rondando el ebola. Dicen que Bélgica se está vengando de España porque aquí nos negamos a extraditar a León Degrelle, militar walon y colaborador nazi que ayudó a que muchos judíos  pasaran a mejor vida. Vivió entre Malaga y Madrid con el nombre falso de Luis Reina. Justamente en Malaga vivía muy cerca de nosotros y lo veíamos con frecuencia en el Club Náutico acompañado de su familia.

Y hasta otra ocasión señores, ya está bien por hoy, un saludo y hasta la próxima.

Capitán A. de Bonis