miércoles, 29 de mayo de 2019

Recuerdos de Rogelio Garcés Galindo, Capitán de la Marina Mercante, Master Mariner y Comisarío de Averías.

CAPÍTULO XX

DESDE 1971  A  1976       

                  
Une vez llegué a Melilla, como quería estar para el nacimiento me busqué unas clases y con ello y los alquileres de las casas fuimos tirando.

       El 13 de Noviembre de 1971 nació Pablo en el Hospital de la Cruz Roja y cuando fui al Instituto Social de la Marina para pedir la ayuda que daban por nacimiento de un hijo, otra vez tuve problemas con mi suegro, Delegado del mismo, pues decía que no me correspondía, después de varias discusiones me lo tuvo que pagar muy a pesar suya.

           


       Esta es la primera foto que tengo con Pablo, al día siguiente, todavía en el hospital, me acordé mucho de mis padres en estos momentos pues creo que hubiesen disfrutado mucho con su primer nieto.

       A principios del año 1972, hicimos un viaje a Málaga y a la vuelta a Melilla la maniobra de atraque salió mal y se retrasó mucho, teniendo que esperar en el salón donde me encontré un periódico de Málaga en el que anunciaban dos plazas de administrativos para el Banco de Bilbao.
       
Me examine en Febrero y saqué una de las plazas, a pesar de haber mas de 800 opositores. Me incorporé en Marzo y nos vinimos a vivir a Málaga.

       El día 7 de Noviembre de 1972 nació en el Hospital de la Cruz Roja de Melilla mi segundo hijo, Jorge, me desplacé a Melilla teniendo que volverme al día siguiente.

              

  
       La foto está hecha en Málaga pues en Melilla no le pude hacer ninguna, así que aquí debía tener cerca de un mes.

       El 6 de Abril de 1972 ya había realizado los 300 días de mar preceptivos, por lo que me expidieron el título de Piloto de la Marina Mercante de 1ª Clase.

            

  
El tiempo que pasé en el Banco de Bilbao fue bueno, aunque el sueldo era muy bajo; no obstante, con las rentas de las casas que teníamos alquiladas en Melilla podíamos vivir muy bien. Después de un tiempo quise comprobar si era posible ascender por méritos propios, y no por antigüedad, como observaba que sucedía. 

       Fui a Las Palmas de Gran Canaria para presentarme a unas oposiciones restringidas, y al regreso ya tenía decidido que no iba a seguir en este banco.

       A principios del año 1974 salieron unas plazas para inspector en la Caja Rural de Málaga, así que me presenté y la saqué, aunque como no me subían de categoría, en un principio la rechacé, aunque más tarde volvieron a llamarme para darme lo que pedía.

       Mientras viajaba ganaba dinero con las dietas de los desplazamientos, pero por unos problemas en la Central me retuvieron en Málaga unos cuantos meses, con lo que perdía dinero; en vista de ello decidí dejar la Caja Rural.

Durante el tiempo que pasé de Interventor en la Oficina Central de la Caja Rural, ocurrió la muerte de Franco y tuve mas de un enfrentamiento con el Jefe de Personal porque me negaba a fichar por la mañana cuando entraba en la oficina.

El motivo de negarme era porque había algunos empleados que estaban autorizados a fichar y marcharse a oír misa, nunca he estado en contra de la Iglesia pero si se fichaba era para empezar a trabajar y si querían ir a misa que fuesen antes o por la tarde pero no en horas de trabajo.

Al cabo de un par de meses se olvidó de mi y de que fichara, aunque seguían son sus costumbres de ir a misa en horas de trabajo.    

En Marzo de 1976, como no estaba  de acuerdo con la manera de proceder conmigo en la Caja Rural, decidí embarcar de nuevo y, aprovechando una estancia de Wenceslao en casa, que me puso en contacto con Pesquerías Paulino Freire de Vigo, embarqué de Capitán en la M/N “Puente Castrelos”, en Santa Cruz de Tenerife, el 7 de Abril.

Para ello tuve que ir a la escuela de La Coruña con el fin de obtener el Certificado de Observador Radar, lo que hice en Marzo de 1976.

            



martes, 21 de mayo de 2019

Recuerdos de Rogelio Garcés Galindo, Capitán de la Marina Mercante, Master Mariner y Comisarío de Averías.

CAPÍTULO XIX

BUQUE “M.  P.  GRACE”       




Cuando embarqué en La Coruña, en la primera guardia que hice de 8 de la tarde a 12 de la noche, el Segundo Oficial, en vez de venir a bordo para hacerme el relevo, con un taxi envió una bandeja de marisco y pescado del restaurante “El Rápido”, y dos botellas de vino, así que al día siguiente le dije que a ese precio le hacía todas las guardias que hicieran falta.

Este buque pertenecía a la misma compañía, y en él se hacían viajes idénticos, así que de momento todo siguió igual; aunque desde el principio pude notar que había bastantes roces entre el Capitán y Primer Oficial.

Como ya dije en el capítulo anterior, cuando se hacían enroles en buques de bandera extranjera no se utilizaba la Libreta de Navegación, si no que solo se dejaba constancia en el Historial de Navegación; pero como había legalizado días de más en el barco anterior, no pude anotarlo tampoco en el Historial. El Capitán era Francisco Berna Gravalos, con quién años más tarde coincidí en otra compañía, ambos de Capitán.

Había bastantes discrepancias entre el Capitán y el Primer Oficial pues en varias ocasiones me dieron órdenes distintas. La que más recuerdo fue en Point Lisas (Trinidad y Tobago); mientras cargábamos, el primero me mandó que mantuviese el barco en agua iguales y, cuando lo había hecho, el otro me dio la bronca por haber cambiado el asiento. A éste le sugerí que se pusieran de acuerdo pues lo único que yo había hecho era seguir sus instrucciones.

Poco rato después sucedió lo mismo, por lo que me levanté del control y les comenté que cuando se pusieran de acuerdo yo haría lo que quisieran, pero que no estaba dispuesto a aguantar más broncas por seguir la instrucciones.

En el viaje de vuelta a Dinamarca, en Septiembre, le pedí al Capitán mi desenrole para ir a casa; primero por las razones anteriores, y también porque María José podía dar a luz en cualquier momento, aunque el parto se demoró hasta el 13 de Noviembre de 1971.

                  Poco más tengo para contar en este capítulo pues estuve menos de dos meses en M.P.Grace, ya que fue a finales de Septiembre. De cuando desembarqué en Fredericia (Dinamarca), no puedo poner ni fotos, ni asiento en la libreta ni en el historial. Guardo pocos recuerdos de este tiempo, quizás porque la convivencia no fue muy buena debido a los roces que se producían. Años más tarde, cuando empecé a mandar buques traté de evitar estas situaciones pero, aunque siempre lo intenté, a veces no pude conseguirlo, ya que para ello hace falta la voluntad de todos los implicados. En capítulos posteriores comentaré algunas de estas vivencias.

La foto la he conseguido después de haber terminado este capítulo, ha merecido la pena el tiempo empleado en la búsqueda. 



miércoles, 15 de mayo de 2019

Recuerdos de Rogelio Garcés Galindo, Capitán de la Marina Mercante, Master Mariner y Comisarío de Averías.

CAPITULO XVIII

BUQUE “JOSEPH  P.  GRACE”
         
  
Una vez desenrolado del viaje desde Almería a Bilbao, ya que el embarque lo hice a través de Consulmar, María José y yo estuvimos casi una semana esperando embarcar, durante la que pasamos unos días muy agradables. 

Estuvo comiendo y cenando angulas todos los días menos uno que fuimos a comer el restaurante “Guria”, al de que había en la ciudad vieja, yo pedí cococha y angulas y ella una tortilla de patatas que ha sido la mas cara que he pagado en mi vida.

Embarqué sobre fin de mes en Londres (Inglaterra) de allí a Rotterdam (Holanda) y luego a cargar a Point Lisas (Trinidad y Tobago). En aquella época de los enroles en barcos extranjeros no se hacía constancia en la Libreta de Navegación, solamente en el Historial, así que no hay constancia de ello. 

        Transportábamos amoníaco líquido que cargábamos en Point Lisas (Trinidad y Tobago), para descargarlo en Fredericia (Dinamarca), que se utilizaba como fertilizante. Sólo una vez cargamos en Lake Charles (Estados Unidos), y en una ocasión hicimos consumo en San Nicolás, en Isla Aruba.

       La segunda vez que cargamos en Point Lisas tuvimos que hacernos un chequeo médico, para lo que nos mandaron a unos cuantos oficiales a Port of Spain. Allí aproveché para saber qué tipo de sangre era la mía, porque María José estaba embarazada y su Rh era negativo; curiosamente, lo mismo le pasaba el Capitán, Juan Marcaida Rentería.

       Allí pasamos todo el día pues tuvimos que esperar hasta la tarde. Teníamos reservada una habitación en el Hotel Port Spain Hilton, que era una maravilla, así que después de dar un paseo por la ciudad y un par de ponches de ron en “Luciano”, fuimos a bañarnos a la piscina del hotel, allí comimos en la barbacoa y por la tarde de vuelta al barco, al trabajo.

       Nos llamó mucho la atención que el práctico nos decía que había hecho toda la carrera por correspondencia, incluso el curso de práctico, y que no había navegado nunca como oficial.

       Durante la carga dejábamos caer al mar una pequeña manguera por la se dejaba salir amoníaco que al reaccionar con el agua explotaba, lo que nos servía para pescar pues los peces subían a la superficie.

       Antes de desconectar las tuberías de carga había que lavarlas muy bien para que no quedase ningún resto de amoníaco. Había un bombero de petroleros y aunque se le explicó muy bien todo no lo hizo como debía por lo que provocó una salida de gas que nos mandó, a mí, que estaba lejos, al hospital, y a él, que se encontraba más cerca, con graves quemaduras en la tráquea. Una vez de vuelta al barco tuvo que permanecer una semana alimentándose a base de dieta blanda.  

Otra cosa que me sucedió es que en Mayo de 1971 certifiqué días de navegación hasta el 30 de Agosto. Puse unos días antes la fecha de embarque, pero al final no me fue muy rentable pues en Julio nos mandaron a casa por cambio de tripulación española a china y, aunque tenía legalizado hasta Agosto, en Septiembre embarqué de Tercer Oficial en el B/T “M.P. Grace”. No pude certificar más días, así que perdí más de un mes, pues estuve embarcado hasta finales de Octubre. 

Pasé de ganar unas 9.000 pesetas al mes a más de 40.000, y, además, en dólares USA, algo que sin duda me mereció la pena.

En Fredericia tuve que acudir varias veces al médico a llevar a tripulantes que no solían hablar inglés, siendo ésta la primera vez que cambié dólares. Recuerdo que me dieron muchas coronas danesas, pero como no conocía el cambio no me extrañó; a la salida observé que en vez de poner dólares en la papeleta del cambio, se habían confundido con libras esterlinas.

                 

       En esta foto estoy con el Capitán Juan Marcaida en el puente, con el nombre del barco detrás; pertenecía a Marine Transport Lines, Inc. de New York, aunque abanderados en Monrovia (Liberia).

     
        
     

En la foto, de espaldas Jack Paro, Ingeniero Naval que venía a detectar unas grietas en los tanques de carga, fue el constructor de la hélice del B/T “Exxon Mahattan”, primer petrolero que hizo la ruta de Alaska; el marinero de guardia, yo, el Capitán, el Segundo Oficial y el Primer Oficial. 

En otra descarga durante la noche se armó un tremendo jaleo: un engrasador se había traído una chica a bordo y cuando entró de guardia, a las cuatro de la mañana, otro tripulante aprovechó para meterse en su camarote.Todo fue bien hasta que la chica se dio cuenta y se puso a gritar, por lo que el engrasador salió corriendo detrás del otro con una llave inglesa en la mano.

En Julio, después de descargar en Fredericia nos mandaron a dique, así que fuimos a los astilleros de Frederikshaven. Antes de entrar en dique se tenían que desgasificar los tanques de carga de amoníaco lo que el Capitán, a pesar de llevar práctico a bordo debido a las minas que aún quedaban en la mar, restos de la Segunda Guerra Mundial, decidió hacer durante el trayecto. Después de unos días en dique se presentaron a bordo inspectores de medio ambiente porque se les habían caído las hojas a muchos árboles cercanos a donde habíamos pasado, debido a los gases que se lanzaron a la atmósfera.

La entrada en dique la hicieron prácticos militares, y mejor que no lo hubiesen hecho, o deberían haber aprendido algo más, porque la maniobra fue un verdadero desastre.

En la única ocasión que fuimos a cargar amoníaco a Lake Charles (U.S.A.) compré ropa para el bebé que venía de camino, aunque años más tarde volvería a tocar este puerto en varias ocasiones. Toda era de color rosa, pues queríamos una niña, aunque finalmente nació un varón.


             
      

Vista de la cubierta desde el puente, como se puede ver era un barco complicado.

   
          
  

Unas vistas desde el puente y un atardecer en el Océano Atlántico; están hechas a bordo con un equipo fotográfico que compramos entre todos y que al final se sorteó tocándole al radiotelegrafista.
Estando en los Astilleros cambiaron de tripulación, y para volver a casa nos llevaron en autobús hasta Billum, y desde allí a Copenhagen, Madrid y Melilla, donde estuve más de un mes esperando embarque, aunque cobrando. Mejor, imposible.

Luego me mandaron ir a Bilbao, donde estuve una semana, tras la que de nuevo regresé a casa. A la semana embarqué en La Coruña en otro barco de la misma compañía.





Recuerdos de Rogelio Garcés Galindo, Capitán de la Marina Mercante, Master Mariner y Comisarío de Averías.

CAPÍTULO XVII CAPÍTULO XVII

BUQUE  “VICENTE PUCHOL”  -  4to. EMBARQUE       


Una vez hecho el desenrole se dieron cuenta de que no había sustituto para mí, por lo que lo anularon y tuve que presentar la carta pidiendo el desenrole por mi voluntad. Por ello, me vi obligado a permanecer hasta el 24 de Marzo, que desembarqué en Almería. Ésta es la razón por la que en la libreta consta una baja y un alta el mismo día.

       Durante el tiempo que tuve que esperar me dediqué a preparar mi próximo embarque, contactando con varias compañías que se dedicaban a embarcar en buques de bandera extranjera. 

       Ya tenía todo previsto para volver a embarcar, así que desde Almería marché a Bilbao con mi mujer. Allí permanecí en situación de espera aproximadamente una semana. 

Me destinaron de Tercer Oficial al B/T “Joseph P. Grace”, de la Marine Transport Lines Inc., con bandera de Liberia.

Un día antes de salir para embarcar, María José marchó a Melilla haciendo escala en Madrid, donde cambió un vestido que ya antes había cambiado en Bilbao, y que compró en ‘Simago’, de Almería, que luego volvió a cambiar en Madrid.




domingo, 5 de mayo de 2019

Recuerdos de Rogelio Garcés Galindo, Capitán de la Marina Mercante, Master Mariner y Comisarío de Averías.

CAPÍTULO XVI

BUQUE “VICENTE  PUCHOL”  - 3er.  EMBAQRUE       


      
El 14 de Enero de 1971 tuve que embarcar otra vez en Barcelona, de Tercer Oficial, en el “Vicente Puchol”. Me restaron días de vacaciones porque el barco salía de astilleros, y nos incorporaron a la línea Alicante a Palma de Mallorca, así que a los pocos días vino mi mujer, estando juntos hasta que nos volvieron a nuestra línea Melilla a Málaga y Almería.

       Durante el tiempo que estuvo conmigo a bordo, y dado que desde el domingo por la mañana que llegábamos a Palma descansábamos hasta el lunes por la noche, pasamos un fin de semana con Juan Femenías y su señora, que tenían un chalet en Las Arenas.

       El lunes por la mañana me fui con él al norte de Palma, y mi mujer se quedó para ir a la peluquería. Cuando regresé a bordo me enteré de que casi pierdo el barco, pues habían dado orden de salir hacia Ibiza, aunque al final revocaron  la orden y no sucedió nada, sólo el susto de María José.

        Como hacía guardia de 00 a 04, dormía muy poco, y por las mañanas me quedaba durmiendo un rato mientras que mi mujer recorría Palma o Alicante, pero después de comer tenía que salir con ella y no podía dormir la siesta ni un rato.

       Fue un tiempo muy bonito aunque con mucho sueño, pero con esa edad todo se aguanta.

       Volvimos a la rutina de nuestra línea y el fin de semana se venía mi mujer conmigo a Málaga o Almería. Mientras tanto, se estaba negociando en Madrid un nuevo convenio que en principio resultó muy bueno, pero del que no me fiaba ni un pelo, así que el mes de Febrero de 1971 me dediqué a apuntar las horas extras que iba haciendo para comprobar con lo que se me iba a pagar a fin de mes; la horas extras habían subido mucho y me pareció muy raro que no hubiese truco de por medio. 

Cuando se puso en marcha el nuevo convenio, al ir a cobrar el mes de Febrero observé que no me habían pagado las horas extras que ya previamente había anotado, por lo que no quise firmar el recibo mensual. En vez de subirme el sueldo había perdido más de un 30%.
          
       Me llamó el Capitán, Juan Carlos Balañá, para preguntarme por qué no quería firmar, lo que le expliqué, y me pidió que lo firmara como favor personal, lo que hice sin poner ninguna pega, pero a continuación le pedí desembarcarme por mi voluntad.

       Estaba con él un inspector de la compañía que me dijo que todo mejoraría, le contesté que me mejorara ahora que era cuando lo necesitaba, por lo que me contestó que me desenrolarían.

Esto sucedió el 10 de Marzo, y una vez que me llegó la libreta con el desenrole, no se dieron cuenta que no había sustituto, por lo que volvieron a ordenar que se me enrolara y que presentara la carta pidiendo el desembarque por mi voluntad, lo que hice enseguida y, por lo tanto, tuve que estar los días que estipulaba la reglamentación.

lunes, 1 de abril de 2019

Recuerdos de Rogelio Garcés Galindo, Capitán de la Marina Mercante, Master Mariner y Comisarío de Averías.

CAPÍTULO XV

BUQUE “VICENTE  PUCHOL”  - 2do.  EMBARQUE        
          


De vuelta a Barcelona, la semana siguiente de pasar por la inspección me volvieron a mandar al “Vicente Puchol” de Segundo Oficial, aunque me advirtieron que podrían llamarme para hacer otro relevo en algunos de los barcos que operaban en aquella zona. 
       
Otra vez en astilleros volví a la rutina anterior: solía salir a dar una vuelta por el barrio gótico y aprovechaba para comprar sellos, hasta que regresaba al barco.

Mi idea de navegar no había sido nunca la de Transmediterránea, me gustaba algo mas que lo que se hacía en estos barcos, de carga nada de nada, de navegación tampoco, y el tiempo de Astilleros no me dieron opción a aprender nada pues no tuve oportunidad de bajar al dique y ver los que era una varada. Hice mucho más en los escasos días que estuve con el “Puertollano” en dique, en Cádiz.

Siempre dije que en vez de marinos parecíamos tranviarios o cualquier otra cosa parecida. Durante mi estancia en estos barcos, con excepción del “Ciudad de Oviedo”, lo único que vi hacer el Primer Oficial, aparte de la guardia, era vender billetes a los que llegaban tarde.

Aunque en estos ferrys se transportaban camiones y coches tampoco se intervenía en nada pues lo hacía el personal de tierra, así que lo único que me mantenía aquí era la familia y la paga que, aunque no era muy alta, tampoco estaba mal

Justamente el día que desembarcaba quisieron mandarme otra vez al “Ciudad de Valencia”, y hasta me llamó el Inspector, pero me negué a ello puesto que de ser así  no llegaría a tiempo a mi boda. Me dijo que no podía ser porque tenía que embarcar, y me amenazó con no darme la Libreta de Navegación, a lo que le contesté que no iba a embarcar de ningún modo y que la libreta me la mandara a casa, o bien ya haría un duplicado. 

Desembarqué el día 15 de Diciembre y marché para Melilla, donde estuve preparando todo para casarme. 
          


A María José le dijeron que no podíamos casarnos porque yo no había hecho el cursillo prematrimonial, así que me fui a ver al cura y le expliqué que yo no estaba en tierra por mi profesión y, por lo tanto, no podía realizarlo; me dijo que le tenía que traer una Fe de Vida y Soltería de los lugares donde había estado en los últimos 2 años, en vista de lo cual le contesté que era imposible y que si no quería que no me casara. Al final, de mala gana accedió. 
El día que me casaba fui a confesarme a la Iglesia del Sagrado Corazón con el Padre Segovia, aunque tuve que dejarlo porque no llegábamos a ningún resultado. Fui a la iglesia del pueblo para que el Prior Juventino me confesara. Le conté el episodio anterior y me llamó de todo, así que dijo que si me arrepentía de mis pecados, a lo que le contesté que “a eso había ido”, por lo que me mandó de penitencia unas cervezas y una tortilla en “El Manco”, y que, como condición, tenía que casarme él.

Esto no pudo ser porque venía de Málaga un primo hermano de mi mujer, que era cura, Pepe Sánchez, que fue quién finalmente nos casó.    

La boda se celebró en la Iglesia del pueblo y como estaba muy reciente el fallecimiento de mis padres no quisimos invitar a muchas personas, preferimos hacer una celebración familiar. En casa de los padres de María José tomamos unas tapas, brindamos y eso fue todo.

De haber vivido mis padres hubiese sido más celebrada y con más personas, pero el destino no quiso que fuese así; aunque me acordé mucho de ellos, sobre todo en los momentos antes de salir de casa para la iglesia. 


        
Éste es el recorte de prensa en el que se anunció nuestro enlace. Es de ‘El Telegrama de Melilla’, el único periódico que en aquellos años se editaba en Melilla. 

Nos fuimos de viaje de bodas y estuvimos unos días en Málaga, Madrid y Valencia. Al final me quitaron unos días de vacaciones para embarcar en el “Vicente Puchol”; pero el tiempo que estuvimos de vacaciones, aunque llovió mucho en Málaga e hizo mucho frío en Madrid y Valencia, lo pasamos muy bien.

En Málaga nos alojamos en casa de los padres de María José, en El Palo, pero la segunda noche tuvimos que quedarnos en casa de Pepe Escaño pues había llovido tanto que se había inundado la casa de El Palo debido a la suciedad que había en la terraza por no estar habitada.  

Volvimos a Melilla y, desde allí, de nuevo a Barcelona a embarcar otra vez en el “Vicente Puchol”.



miércoles, 20 de marzo de 2019

Recuerdos de Rogelio Garcés Galindo, Capitán de la Marina Mercante, Master Mariner y Comisarío de Averías.

CAPÍTULO XIV

BUQUE “CIUDAD  DE  VALENCIA” -  4to.  EMBARQUE 
         
          

                
         El 27 de Noviembre me llamaron de la Inspección para que preparara lo necesario con el fin de hacer un relevo al Segundo Oficial de la M/N “Ciudad de Valencia”, durante una semana, así que el día 28 embarqué haciendo la ruta Barcelona a Ibiza, Ibiza a Valencia e Ibiza, Ibiza a Alicante e Ibiza. Descansábamos el domingo en Ibiza, y el lunes hacíamos la ruta Ibiza a Barcelona. Se navegaba de noche y durante el día se descansaba en puerto, pero como montaba guardia de 00 a 06 poco tiempo me quedaba libre, pues no quería pasar sueño durante la guardia.
  
En aquellos tiempos, la mayoría del pasaje eran “hippies”, que se estaban poniendo de moda en Ibiza. Me recordaba la línea de Melilla, pero no con moros, pues los residentes españoles que viajaban eran poquísimos, en relación con los otros. 
         
La primera noche de guardia, el timonel me pidió permiso para ir al servicio; como no tenía timón automático tuve llevar la caña hasta que volvió, unos diez minutos después. La noche siguiente me volvió a pedir permiso para lo mismo, tardando esta vez más de diez minutos; cuando le vino el relevo le dije que el próximo día, si no quería cagarse encima, que viniera con todo hecho, pues se había acabado el cachondeo del servicio. Ningún día más volvió a decirme nada sobre el asunto.  

       Mientras estaba en el Ciudad de Valencia, los compañeros me invitaron a cenar en Alicante, lo que se convirtió en una pequeña despedida de soltero. La verdad es que estaba muy reciente la muerte de mis padres y nunca pensé en celebrar nada, pero siempre les he agradecido mucho el detalle. Cenamos cerca del puerto, y recuerdo que tomé cochinillo.

       El domingo, en Ibiza me dediqué a visitar la ciudad y la parte antigua, que es preciosa, o por lo menos lo era, pues desde entonces no he vuelto nunca más a esa isla.


viernes, 15 de marzo de 2019

Recuerdos de Rogelio Garcés Galindo, Capitán de la Marina Mercante, Master Mariner y Comisarío de Averías.

CAPÍTULO XIII

BUQUE “VICENTE  PUCHOL” – 1er.  EMBARQUE       

   

     
Una vez que me dieron el alta médica me mandaron a embarcar a Barcelona a la M/N “Vicente Puchol”, cosa que hice el día 18 de Noviembre. Este barco era gemelo del anterior, incorporándome en Astilleros como Tercer Oficial.

El tiempo que pasé en Barcelona, mientras el buque estaba en Astilleros, fue muy agradable porque prácticamente no hacíamos nada; sólo algún que otro papel pero nada de bajar a dique o ver temas de la reparación, pues esto era exclusivamente de la Inspección, el Capitán y un poco del Primer Oficial. Así que me iba a ver sellos, dar unas vueltas por la ciudad vieja y tratar de pasar el tiempo de la mejor manera posible.



Ya me habían dicho que cuando los barcos estaban reparando, aprovechaban a los Segundos y Terceros Oficiales para hacer los relevos en los que tocaban en Barcelona, y que necesitaban algún oficial por bajas, vacaciones, o cualquier otro motivo, por lo que a los 10 días me transbordaron.


domingo, 10 de marzo de 2019

Recuerdos de Rogelio Garcés Galindo, Capitán de la Marina Mercante, Master Mariner y Comisarío de Averías.

CAPÍTULO XII

BUQUE -  “ANTONIO  LAZAR0”


        
Embarqué de Tercer Oficial el día 28 de Julio de 1970, en Almería. Navegábamos de día y de noche haciendo una semana la línea Almería-Melilla-Almería, y la siguiente semana Málaga-Melilla-Málaga.

Cada dos semanas teníamos un día libre, y por no cobrar los días festivos acumulábamos para las vacaciones. El día de descanso, si estaba un rato sin nadie alrededor, dormía, pues hacía la guardia de 00 a 04 y de 12 a 16, pero entre las guardias, maniobras, comidas, etc. dormía unas 5 horas al día, y partidas.

Una noche, en la maniobra de salida de Melilla, el remolcador, que tenía poca maniobrabilidad, metió la estacha en la hélice de estribor y quedó cogida. Había gran cantidad de medusas, por lo que le dije al Capitán, Antonio Sentí, que yo podía echarme al agua y tratar de sacar la estacha, pero que tendría que hacerlo con el traje de goma para que no me picaran las medusas.

Con el traje puesto estuve buceando y con un cuchillo corté varias veces la estacha hasta que la hélice quedó libre y pudimos zarpar hacia Málaga. Tuve unas pequeñas picaduras de las medusas en las partes libres que me dejaba el traje, aunque de poca importancia.

Al día siguiente, el Capitán me dijo que escribiera una carta detallando lo que había hecho para dirigirla a la empresa; ésta es la fecha en la que todavía estoy esperando noticias de ella. 
    
          

       En un viaje de Melilla a Málaga, a la llegada no permitieron salir a ningún pasajero porque decían que se había declarado un brote de cólera en Melilla, así que retuvieron al pasaje durante unas horas, con el consiguiente disgusto, sobre todo por nuestra parte, pues era domingo y yo lo aprovechaba para dormir, ya que no podía hacerlo otros días.

       En un momento determinado se presentó una familia comunicándonos que les habían robado ropa del coche, que se encontraba en el garaje del buque. Los inspectores de policía a bordo, Pedro, de Almería, y José Luis Asúnsolo, de Madrid, les dijeron que esperaran a que permitieran salir a los pasajeros para situarse con ellos en las dos salidas, y así, cuando vieran a alguien con su ropa, lo detendrían.

       Al rato volvieron a presentarse en la cafetería, donde estábamos esperando la resolución de este hecho, y les dijeron que habían visto a un moro con su ropa. Fueron a por él y lo trajeron a la cafetería; allí mismo se dispuso a interrogarlo José Luis, bastante más joven que Pedro. Aunque poco después, Pedro le pidió que se lo dejara a él, así que se volvió hacia el detenido, le soltó una galleta que le hizo caer al suelo, desde donde decía que había dos más; supongo que para que no fueran todas las galletas solamente para él.
                 
Se trataba de polizones, así que tuvimos que estar de papeleo toda la mañana, con lo que nos fastidiaron el descanso.   

Ese verano lo pasé en Málaga, donde María José veraneaba con sus padres. Allí nos veíamos algunas mañanas y los fines de semana, pero no sé por qué motivo volvieron pronto a Melilla, donde sólo pudimos vernos un rato por las noches.

Como en Málaga bajaba todas las mañanas con el pasaje para ver a María José, un día, los de la brigadilla de la Guardia Civil me pidieron que pasara a un cuarto para cachearme; una vez lo hicieron les pregunté que a qué se debía eso y me dijeron que “porque viajaba todos los días en el barco”. Tuve que explicarles que era el Tercer Oficial y que bajaba a ver a mi novia. Desde ese día no volvieron a molestarme. 

En una ocasión saltó la alarma contra incendios en una de las plantas de camarotes; nuestra sorpresa fue mayúscula cuando comprobamos que una familia de moros había hecho fuego en el suelo del camarote para hacer te.

El 30 de Septiembre tuve que desembarcar por enfermedad, pues durante la guardia de la noche tuve un fuerte dolor en la parte derecha de la ingle.
  
Aunque en Málaga me dijeron que podía ser un ataque de apendicitis, a la vuelta a Melilla, mientras me duchaba observé que tenía un bulto, con lo que quedó claro que lo que tenía era una hernia.

       Algunos días después me operaron, permaneciendo de baja médica hasta mediados de Noviembre. Antes de operarme pasé unos días esperando para que hubiese cama en el hospital, pues aunque me correspondía sala de segunda no tenía ninguna intención de hacerlo así, ya que pensaba estar los días de hospital en una sala de primera.

       Mi suegro, por aquellos entonces Delegado el Instituto Social de la Marina, me dijo que no tenía derecho a ello y que no me pagarían la diferencia.

       Una vez salí del hospital conseguí, gracias a amigos que tenía en la oficina, que me dieran un certificado en el que se hacía constar que cuando ingresé solamente había esa habitación disponible, por lo que no tuvo más remedio que autorizar el pago de la diferencia, muy a pesar suyo.  

       Estuve una semana ingresado, y cuando me dieron el alta yo había dicho que saldría por mi propio pie sin necesitar silla de ruedas; aunque lo conseguí, a la salida, cuando llegué al coche, me arrepentí de haber hecho el comentario.

Tras recibir el alta médica me ordenaron embarcar en Barcelona.