jueves, 23 de julio de 2015

Justificación y Presentación



Empezaré por justificar mi “intrusión” en el blog y después me presentaré a mis  colegas, pues en primerísimo lugar soy Capitán de la Marina Mercante.

Todo comenzó el 16 de Enero de este año…..estaba yo “navegando” por internet (no sé porque le llaman a eso navegar, nunca me ha gustado), buscando que había sido de algunos barcos en los que había navegado, cuando al llegar al “Sierra Estrella” me encuentro con la sorpresa de que se me redirige a este blog, y concretamente a un artículo llamado “UN…MALISIMO…RECUERDO” fechado el 21 de abril de 2013 y cuyo autor resulta ser el Capitán Arturo de Bonis.

Como todos pueden tener acceso a ese artículo (recomiendo su lectura) solo diré que se trata del incendio de ese buque, acaecido el 31 de diciembre de 1967, en el que Arturo iba de Capitán y yo de Primer Oficial. La sorpresa fue además de magnifica, agradable y emocionante, sobre todo si tenemos en cuenta que hacía más de 47 años que no habíamos sabido uno del otro y que al final del artículo me menciona. No puedo dejar de trascribir sus palabras para que se comprenda mi sorpresa y agrado.

“Han transcurrido muchos años. El 1er Oficial D. Luis Ojeda desembarcó y nunca más según tengo entendido volvió a navegar. Me informaron que había obtenido plaza de Profesor de Meteorología en la Escuela de Náutica de Tenerife.  Si es qué, por casualidad pudiese llegar a leer este relato, deseo expresarle todo mi agradecimiento por su comportamiento en aquella ocasión y transmitirle que nunca me olvidé de él, y si ello fuese posible que reciba un fortísimo abrazo.”

Realmente seguí navegando hasta mediados de 1971.

Desde finales de Enero estoy en contacto por correo con Arturo, y  además he seguido con mucho interés todos sus artículos, no en vano además de haber sido mi Capitán ha navegado cerca de 40 años frente a mis apenas 13.

Sus comentarios al Capitán Carlos Navarrete han ocasionado que éste me haya invitado al blog, cosa que me honra y por ello inicio este primer artículo.

Sé que dais por válida esta justificación. Así que paso a presentarme con objeto de calibrar sobre qué aspectos náuticos, tanto de navegación como de docencia (evolución de las Enseñanzas Náuticas 1955-2009) podría tratar en posibles artículos.

Me llamo Luis Ojeda Cabeza y nací en Algeciras en 1939. Estudié Náutica en la Escuela de Cádiz, en la que obtuve los títulos de Alumno, Piloto de Vapor y Capitán.

En Febrero de 1959 comencé mis días de mar como alumno en la célebre Goleta de Velacho “Estrella Polar” (300 pts.) buque escuela de la Empresa Nacional Elcano, fui con otros 9 alumnos la última promoción, puesto que en Junio de ese  mismo año fue vendida. Seguí y terminé las prácticas (aquellas de 400 días de mar) en los petroleros de Elcano (1500 pts.), con interminables viajes a Arabia Saudita, vía Canal de Suez.

Con el título de Piloto otra vez Elcano, Castillo Peñafiel 3ºOficial (2500 pts.), y Buque Escuela “Alonso de Ojeda” 3ºOficial (2500+5000 de gratificación) excelente en todos los aspectos, viajes a Canadá y Estados Unidos). Servicio Militar, seis meses. Y embarco en los Sierras en 1964.

En 1966 apruebo los 2 primeros grupos de Capitán y dejé aparcado el 3º , justamente el que contenía a la meteorología , y sigo de 1ºOficial en los Sierras………….hasta primeros de Enero de 1968 después del incendio del Sierra Estrella”.

Ya con el título de Capitán embarco de 2º Oficial en Trasmediterránea y Trasatlántica, de Capitán en Naviera Mallorquina y termino finalmente en Julio de 1971 en la Empresa Nacional Elcano. Total, como dije anteriormente apenas 13 años, pero bien aprovechados.

En Noviembre de 1971 empiezo mi carrera docente al ser nombrado Profesor Adjunto de Maniobras y Estiba en la Escuela Oficial de Náutica de Cádiz.
Tengo que decir de una vez que mi obsesión había sido siempre la Meteorología, por lo que, sabiendo que la Catedra de Meteorología de Santa Cruz de Tenerife estaba vacante, me puse a estudiar los programas y libros correspondientes, durante los dos años siguientes…………y en Abril de 1974 conseguía la Cátedra de  Meteorología, cargo que ocupé durante 35 años.

Aunque la evolución de nuestras enseñanzas no es hoy el tema, debo decir para terminar por hoy que al integrarnos a la Universidad en 1990, yo pasé  directamente al Departamento de Física Aplicada de la Universidad de La Laguna (y no al Departamento de Navegación), y que esto me “obligó” a estudiar Física y Matemáticas, pues es condición indispensable para ocupar mi plaza en la Universidad ser Doctor, en este caso Doctor en Ciencias Físicas. Y si no lo hubiera hecho nuestro pabellón habría quedado bajo (ya lo explicaré otro día), pero tranquilos….quedamos a la altura necesaria.

En Septiembre de 2009, a los 70 años, paso a Profesor jubilado pero conservo mi página de la Universidad, http://lojeda.webs.ull.es/  , ya transformada, puesto que en sus tiempos me sirvió para poner ejercicios, avisos y las notas de los alumnos etc.
Espero que hasta pronto. Un saludo a todos.


En Santa Cruz de Tenerife, 22 de Julio de 2015   Capitán Luis Ojeda

martes, 14 de julio de 2015

"EL DESGUACE" A SECAS

Después de vivir 15 años en Bélgica, en Julio de 1982 fijé mi domicilio en Málaga y desde entonces venía a pasar mis vacaciones  a la Ciudad del Paraíso como la denomina nuestro amigo Gómez Navas.  Un día que me encontraba paseando por el parque malagueño (no estaba contando las baldosas como solía hacer en mis tiempos  en que estaba esperando embarcar de alumno junto a mi amigo Rafael Moreno) sino que estaba disfrutando de unas plácidas vacaciones, cuando de sopetón me encuentro con mi viejo amigo Blas al que hacia infinidad de tiempo que no veía, ya que por vivir en Bélgica rara  vez solía venir por Málaga de vacaciones. Fue mucha la alegría de verlo después de tantos años; él ya había cumplido con creces su vida profesional embarcado en la Campsa y desde entonces se dedicaba a lo que muchos malagueños en las mismas condiciones: Pasear por el parque.

Fue entonces cuando me puso al corriente que solían reunirse en la cafetería SOLYMAR los Jueves unos cuantos compañeros de profesión, entre los que se encontraban, Antonio Hernández (el promotor), Miguel Casas, Ángel Cilveti, Joaquín Jurado, Pedro Bosch  y algunos más cuyos nombres no recuerdo, que formaban la vieja guardia de los marinos mercantes que residían en Málaga una vez jubilados y que por lo tanto ya se encontraban cobrando del Erario Público.

Durante mi estancia en Málaga asistí a varias reuniones, dándome a conocer y conociendo al mismo tiempo al por entonces pequeño grupo que lo integraban, que salvo Casas y Archivel  para mí resultaban caras completamente desconocidas. Las reuniones eran muy amenas, solían durar dos horas, se hablaba de todo un poco incluyendo, naturalmente, temas profesionales; al final, Antonio Hernández pedía la cuenta de lo consumido y tras hacer la prueba del nueve ajustaba lo que cada cual tenía que pagar, se pagaba  y cada mochuelo a su olivo hasta el jueves siguiente, así de fácil.

Yo me incorporé nuevamente a mi trabajo y hasta 1988 en que engrosé la lista de jubilados, cada una de mis vacaciones solía hacer visitas esporádicas, para saludar al grupo y ver cómo iba aumentando el número de miembros. En el intervalo transcurrido entre 1983 y 1988, se habían producido algunas variaciones, especialmente dos: la primera que las reuniones ya no se celebraban en la cafetería Solymar y la segunda que el grupo había sido bautizado con el nombre de “Desguace”. El nuevo lugar de reunión era en el bar de  la casa de botes del Club Mediterráneo. Todo ello según tengo entendido a propuesta de Rafael de la Cámara, marino de profesión y por aquel entonces empleado de la Junta de obras del Puerto. La propuesta fue aceptada porque el lugar era más idóneo y el nombre de “Desguace” además de ser ingenioso resultaba más acorde con nuestra situación profesional, de cualquier forma aquello seguía siendo un grupo de amigos que se reunían los jueves para pasar un rato agradable y sin otras miras, ya que el promotor convertido ahora en Presidente, Antonio Hernández, era completamente reacio a cualquier cambio que pudiese alterar la forma de ser del grupo, ni estatutos, ni gaitas, ni nada parecido tenía cabida en su cabeza.

En 1988 también se incorporó al grupo, de forma definitiva, José A. Tentor (él también en sus periodos de vacaciones solía asistir de forma esporádica a las reuniones, aunque nunca tuvimos la ocasión de coincidir). Tentor y yo éramos amigos desde nuestra infancia, ya que vivíamos muy cerca uno del otro y fuimos amigos de correrías desde nuestra niñez y nos unía una gran amistad. Nos jubilamos el mismo año y día. Su definitivo ingreso en el grupo supuso un cambio en el plan recreativo del Desguace, más en plan familiar, ya que disponiendo de una gran finca agrícola en la pedanía de Campañillas perteneciente a su familia, con bastante frecuencia organizábamos reuniones incluidas las esposas, donde solíamos pasar un agradable día de recreo y  donde solían hacer paellas, migas, gazpachos….y se regaba todo con bastante líquido negro. Lo pasábamos estupendamente e incluso en ocasiones se amenizaba la fiesta con la actuación del compañero Luis Romero tocando la guitarra.

Esperando la paella

Sin tener muy en cuenta el orden cronológico, sigo con mi relato comentando que se fueron sumando nuevos “desguazados” como Julio Pineda que se jubiló después de una dilatada vida profesional en la Compañía de Butano, Félix Ballesteros  que ya llevaba en tierra algún tiempo después de haber experimentado la navegación por el Caribe y donde según él, aprendió a manejar el sextante con una maestría difícil de igualar. Pero Antonio Hernández seguía haciendo la prueba del nueve todos los jueves a la hora de pagar y sin tener en cuenta los cantos de sirena de algunos miembros que deseaban que aquel grupo de amigos tomase una forma más oficial.
Miguel Casas, Julio Pineda, Arturo de Bonis y José A. Tentor

Con la incorporación de Ignacio Ortega, Vicente Gómez Navas, Julio Monedero, y otros, parece ser que Antonio Hernández comenzó a ceder en su negativa de hacer cambios. Ignacio Ortega que procedía de la administración de Transmediterránea, donde creo que ejerció de inspector en el puerto de Algeciras y era amante de la burocracia y de la vida social, en principio intentó que hubiese un acercamiento con la Peña Malaguista, cosa que no llegó a cuajar porque la mayoría no deseaba para nada este acercamiento, todo continuaba desarrollándose de igual forma con nuestras reuniones en la casa de botes y de vez en cuando con excursiones a la finca de Campanillas.

Se produjo un ingreso en el grupo que a lo largo hizo que se produjesen ciertos cambios en los hábitos del Desguace, se trataba de Sergio Reyes, Capitán de Pesca, prácticamente su vida profesional dedicada a la pesca del bacalao y como añadido Cocinero Mayor del Reino. Un pequeño grupo de los que asistían a la Casa de Botes, posteriormente se quedaban a comer en la camareta del yate “Capitán Navarrete”, propiedad de Emilio Navarrete que ejercía de cocinero. Pero ese grupo fue aumentando de tal forma que ya no cabían en la camareta y se optó por poner mesas fuera junto al varadero propiedad del mismo Emilio y cuya zona era conocida con el nombre de Chinatown.  Cuando Sergio Reyes propuso hacer una paella los segundos jueves de cada mes, aquello fue como si tocaran a arrebato, dicho de otra manera, fue el desmadre, las paellas estaban tan buenas que la publicidad corrió de boca en boca y hasta la prensa gráfica hizo acto de presencia, el único que faltó a la mesa fue el Alcalde, cosa rara en él porque suele estar en todos los eventos importantes de la ciudad. Pero todo tiene su límite y el abuso lo hace a veces insostenible.

Fue por aquella época cuando apareció Juan Zurita, delegado en Málaga del Apostolado del Mar, quien nos ofreció el local del Apostolado para que efectuásemos allí nuestras reuniones semanales. Allí nos trasladamos y allí continuó el jolgorio de las paellas, con aumento de comensales, se alternaban con migas, con pulpo a la gallega porque la verdad es que aparecieron cocineros de todos los rincones, unos con más fortuna que otros a la hora de demostrar sus cualidades, aquello fue como un anticipo del concurso de Master Chef, pero por encima de cualquier plato predominaron las paellas inolvidables de nuestro amigo Sergio.

También el Apostolado se nos quedó pequeño, está visto que cuando la comida es gratis, acuden moscas de cualquier sitio, los días de paella aparecían gente que ni siquiera conocíamos, me hacía recordar el chiste de Gila, que decía que en su casa eran trece y un señor vestido de gris que se paseaba por el pasillo y nadie sabía quién era.

Después de algunos años, unas desavenencias con Juan Zurita que nos invitó a abandonar el Apostolado, nos hizo cambiar nuevamente de ubicación, encontrándonos  otra vez en la Casa de Botes durante algunos meses, pero ya sin el jaleo de las paellas gratis y después nos trasladamos definitivamente al Club Náutico a un local conocido con el nombre de “la Pajarera”, donde en la actualidad permanecemos muy tranquilamente y sin aglomeraciones. Pero cualquiera que lea mi escrito pensará que aquí solamente hemos pensado en comer, ya hay quien lo piensa, cuando en realidad han ocurrido muchos acontecimientos como a lo largo de tantos años suelen ocurrir en todas las sociedades y grupos como el nuestro.

En este momento ya no somos el Desguace, ahora somos Circulo Marítimo-Junta de Desguace, pero como el enunciado de mi relato dice, yo solamente me limito a narrar los acontecimientos ocurridos hasta que se cambió en Circulo Marítimo en Marzo del 2008 y, como es fácil de comprender, en 25 años de Desguace no solo de paellas vivió el hombre. La partida más importante corresponde al movimiento demográfico, con las entradas y salidas del personal, para tener una idea clara de este movimiento comentaré que yo que tenía el número 13 en la lista, en este momento tengo el número 2 si no me equivoco y en “capilla”, todos los demás estarán en el Reino que se hayan merecido. Precisamente el último en emprender el vuelo ha sido Antonio Hernández que dejó su puesto de Presidente a Ignacio Ortega, ocupando él el puesto de Comodoro hasta que le llegó su hora, y desde aquí le doy las gracias por haber tenido la ocurrencia de formar este grupo que llámesele como se le llame, ha servido para mantenernos en pie.  Ignacio Ortega, desgraciadamente nos dejó demasiado pronto, pero indiscutiblemente su forma de ser y de pensar supuso un primer paso para que el Desguace fuera adquiriendo otro talante y un camino más abierto para que su sucesor al mando del grupo, Vicente Gómez Navas se dedicase de lleno a la transformación que intentaban dar, otro grupo de más interés social al Desguace, ya que era firme partidario de otorgarle unos estatutos, de permitir la entrada a personas sin necesidad de poseer titulación náutica, dada la circunstancia de que cada día hay menos vocaciones para cursar la carrera de Náutica. Otra de sus grandes aspiraciones era el editar un libro que recopilara la vida profesional de los componentes del grupo. A todos estos temas se dedicó en cuerpo y alma y hasta culminar en el cambio no cejó en su empeño y otros muchos logros posteriores que ya no corresponden a este relato.

Al mismo tiempo que yo he avanzado en el escalafón, otros compañeros que estaban por detrás nos han dicho adiós para siempre, para mí la perdida más significativa ha sido la de José A. Tentor por la amistad que me unía a él desde la niñez, la de Julio Pineda y la de Julio Monedero por su calidad humana que demostró el tiempo que estuvo entre nosotros. Por el contrario, una incorporación muy apreciada por mí fue la de Carlos Navarrete ya que ambos hemos dedicado casi por completo nuestra vida profesional a la misma Compañía “Marítima del Norte” y, ya mencioné en su momento al Rey del Bacalao, nuestro amigo y compañero Sergio Reyes.

Todo esto forma parte de mi vida como jubilado desde 1988 en que dejé la mar salada y que han servido para mantenerme a flote, compartiendo mi vida a parte de la familiar, con personas que hemos vivido en la mar con los mismos problemas y las mismas ilusiones.



Capitán Arturo de Bonis

domingo, 7 de junio de 2015

EL SALARIO DEL MIEDO.

En mi último relato dije que la cuestión de los salarios miserables lo abordaría en otra ocasión y aquí estoy para intentar dar forma a un tema que a mí siempre me ha dado muchísimas vueltas, y me sigue dando a pesar de haber dejado la profesión hace 27 años y de estar ahora disfrutando en mi condición de emérito, de unas condiciones económicas más que aceptables en comparación con los que se siguen dejando el pellejo día a día (quien tiene la oportunidad) debido a la crisis económica, que aunque no tenga nada que ver con la que vivimos en los años 50, los efectos son casi más catastróficos, porque una cosa es ganar poco y otra bien distinta es no ganar nada.

Se me ha ocurrido titular el tema como el Salario del Miedo, recordando una vieja película francesa en la que se ganaban la vida transportando productos explosivos, y que cada viaje cabía la posibilidad de salir volando por los aires. La similitud no era exactamente volar por los aires pero sí en convertirse en pastos de los peces. Esto lo puedo afirmar porque yo me encontraba embarcado en un buque con más de sesenta años, donde una noche, con un poco de marejada en el puerto del Musel, el tolete del chinchorro que usábamos para saltar a tierra , con el roce hizo un boquete en el costado debido naturalmente al mal estado de la plancha, y en esas condiciones había muchísimos más buques en el puerto de Gijón.
Vapor ITA

Además de marino me hubiera gustado ser economista para poder desentrañar tantas incógnitas como siempre me han venido rondando en la cabeza, siempre pensando en lo mismo, en los salarios. Cómo era posible que personas que ejercían la misma profesión, que desempeñaban el mismo trabajo, que rendían lo mismo en su cometido, en algunos países se veían compensados con sueldos que triplicaban a los que navegábamos bajo bandera española.

Cuando yo embarqué en los años 50, la marina mercante española era una de las peor pagadas en el mundo marítimo. Posiblemente fuera debido a la ley de la oferta y la demanda, que éramos muchos los que aspirábamos a una plaza. Se daba el caso que el número de Compañías Navieras era mayor en el país vasco que en el resto de provincias españolas, pero de cada casa, de cada aldea del país vasco solía salir un marino, una monja y un cura (esto lo digo sin ánimo de ofender a nadie pero resulta un hecho constatado), lo mismo que ocurría en Galicia pero allí eran marineros. En cualquier caso, yo pienso que los Armadores tenían muchísima influencia en el Estado, para que estos mantuvieran los sueldos miserables y hasta que no comenzó la desbandada hacía los buques extranjeros se mantuvo la misma tónica.

Recuerdo perfectamente la composición de una nómina, a la cual la denominábamos con el nombre de SÁBANA por su amplitud: Nombre del tripulante, Cargo, días de embarque, Salario base, Quinquenios, Manutención computable, Manutención no computable, Horas extras ordinarias y festivas, Sobordo, Sobordillo, Subsidio familiar, Descuentos varios y Saldo final. En mi barco había un 2º Oficial que era el encargado de hacer la nómina, D. Arturo Raich Lluch, no hace falta decir que era catalán, que era un lince para los números y las bordaba a la primera, sumaba cada columna a la velocidad de un rayo, ni una sola equivocación en las sumas parciales ni en las totales, pero por desgracia , en un barco donde la tripulación alcanzaba el número de 36 tripulantes el total a pagar aproximadamente sumaban unas 60.000 Ptas (todo incluido). Yo que era Alumno tenía solamente una gratificación (no sueldo) de 150 ptas. El 3er Oficial tenía un sueldo 1.150, el de un Fogonero que manejaba 24 toneladas de carbón al día (las singladuras que se navegaba) tenía el asombroso sueldo de 800 ptas y así hasta llegar a la suma de 60.000 equivalente a 358 Euros de hoy en día, lo que cobra de ayuda un trabajador que ni siquiera tiene derecho a paro. Por muchas vueltas que da mi cabeza no llego a comprender como la economía puede llegar a evolucionar de una forma parecida.

Esta SÁBANA era bastante curiosa en algunos conceptos, por ejemplo: La manutención se dividía en dos, computable y no computable, aproximadamente la mitad una de la otra, pero que si estabas de vacaciones solo tenías derecho a una de las partes. Las horas extras que eran ordinarias y festivas, solamente figuraban las que quedaban una vez compensadas las que eran posibles, pues si estabas varios días amarrado de punta y no se preveían maniobras  te mandaban a pasear para compensar las horas que posiblemente hubieras hecho durante el viaje, todo dependiendo del trabajo que hubiese a bordo. Los Sobordos que era un tanto por ciento del flete a repartir entre los tripulantes que efectuaban el viaje, y dependía si el viaje era a puerto extranjero en cuyo caso era un 4%, o a puerto español que solamente se pagaba un 2%. Pero lo que a mi forma de ver resultaba lo más indigno de la nómina era el Subsidio familiar. Esto era una cantidad que se obtenía aplicando un porcentaje al total de la nómina  y que se repartía exclusivamente entre el personal casado y dependiendo del número de hijos que tuviese. Con lo cual  a veces, en algunos buques, se le daba más importancia al Libro de Familia que a la Libreta de Navegación a la hora de contratar a un nuevo tripulante. Cuantos menos hijos tuviese el personal a contratar, mejor resultaba el reparto del pastel, una forma muy inhumana de actuar a la cual daba lugar la reglamentación española.

La desunión de los marinos daba pie al caos que existía en aquella época. Qué podíamos esperar de los Sindicatos Verticales, que era el lugar al que oficialmente podíamos ir a solicitar justicia, cuando estos Sindicatos normalmente estaban presididos por los propios empresarios o por altos mandos de la Armada designados a dedo. Al mismo tiempo que existían personas nefastas con muchísimo poder como se demostró palpablemente en una ocasión si mal no recuerdo en el año 1954, en que el Estado concedió una paga extra a todos los españoles, la situación era bastante critica y el humor nuestro hizo que la denominásemos  "La Bufanda" porque servía para taparnos la boca. Pues bien, cada día iba saliendo en el B.O.E. los diferentes gremios que la iban cobrando. Apareció la Marina Mercante y algunas Compañías la abonaron. Hasta que el Sr. Zubizarreta, gerente de Aznar que se encontraba en Argentina acordando unos contratos, volvió precipitadamente a España y logró que el Estado derogase la paga a los Marinos Mercantes, una injusticia más que demuestra lo mal que lo teníamos los marinos.

Y para terminar mi relato, lo voy hacer narrando un hecho ocurrido en el Valle de los Caídos, en una concentración promovida por la U.O.M.M.  que intentaba levantar el vuelo colegiando a los Oficiales de la Marina Mercante . Todo ello promovido por D. Emilio Ruiz Catarineu, que según tengo entendido había regresado de navegar en buques extranjeros. Nos pasamos tres días y dos noches tratando del tema inútilmente. El acto fue clausurado oficialmente por el entonces Presidente del Sindicato, Sr Azacarraga (Almirante o Contralmirante), quien bien claro hizo saber que no teníamos nada que hacer fuera del Sindicato, ¡toma del frasco Carrasco!, y así nos fueron las cosas hasta que comenzó el éxodo de los marinos al extranjero y las Compañías españolas tuvieron que empezar a echar mano de titulados de rango inferior, incluso la Trasatlántica se vio obligada a recurrir a personal de menor categoría. Para poder desembarcar era necesario presentar un certificado médico que justificase el desembarque y correr con los gastos que podía incurrir el sustituto. Esto me ocurrió a mí estando embarcado en el “Rita García”, en el puerto de Rotterdam se me ofreció plaza de Oficial en un barco de bandera panameña y me vi obligado a rechazarla ante el cumulo de pegas que me pusieron tanto el Capitán como el Armador
.
También pienso que por mucha economía que hubiera podido estudiar, nunca hubiese llegado a comprender cómo en los puertos africanos los estibadores negros llegaban a trabajar toda una jornada manejando piezas de atunes de 80 y 100 kilos, por un puñado de arroz y poco más, mientras que en los puerto americanos y europeos ese mismo trabajo era pagado de acuerdo con las exigencias de los estibadores, y si no eran aceptadas allí te dejaban el barco con un par de lingadas en el plan de la bodega hasta el día siguiente.

No se me ocurren más detalles para explicar porque de economía no entiendo ni entenderé nada por mucho que me expliquen y creo que cada vez menos después de lo visto y no visto durante la crisis económica que aún nos atenaza,



Capitan A. de Bonis  

sábado, 16 de mayo de 2015

……. A LA GLORIOSA MARINA MERCANTE ESPAÑOLA DE LOS AÑOS 50.

Hace unos pocos días, comentando con un amigo algo menor que yo (sólo 6 años) de las condiciones en que se navegaba en aquella época, me vinieron a la memoria numerosas situaciones tanto de tipo profesional como humano que me parecen dignas de ser recordadas, aunque solo sea por la satisfacción de volver a sentirme más joven retrocediendo en el túnel del tiempo.
Recuerdo perfectamente  que mi padre me advirtió cuando le dije que quería ser marino, que Málaga no era una ciudad donde la profesión de marino tuviese mucha salida, ya que -a pesar de ser puerto de mar- aquí no existían empresas navieras que empleasen a personal de Málaga y, efectivamente, así sucedió. Un año y tres meses me los pasé contando las baldosas del parque  junto a mi amigo Rafael Moreno que también había obtenido su flamante título de Alumno de Máquinas.
Vapor "Cabo Huertas" de la Cía. Ybarra

El tema del embarque estaba fatal. A parte de echar todas las solicitudes de embarque posibles a las diferentes Compañías que figuraban en el Registro de Buques, nuestro cometido diario era dar un recorrido por el puerto malagueño para comprobar si teníamos la remota suerte de encontrar algún barco que no tuviese la plaza de Alumno cubierta, pero un día tras otro, “nanay de la china”. Mi amigo Rafael tuvo más suerte, ya que los Alumnos de Máquinas estaban más solicitados y por lo tanto contó la mitad de baldosas del parque malagueño que yo. Encontró embarque si mal no recuerdo en el “Cabo Huertas” de la Compañía Ybarra; no tuvo mucha suerte porque a los pocos meses se vio obligado a desembarcar debido a que perdió la falange de un dedo cuando tomaba la temperatura de los cigüeñales a la vieja usanza, gajes del oficio. No obstante recuerdo que no permaneció desembarcado mucho tiempo a causa de dicho accidente.
A mi manera de entender, pienso que la flota española aunque vieja, era bastante numerosa. Si empiezo a enumerar los nombres de las distintas Compañías que aparecen en mi memoria suman  bastantes; las más nombradas AZNAR e YBARRA que se encargaban de mantener el tráfico de cabotaje cuando las carreteras españolas eran casi intransitables y el transporte terrestre casi no  existía. Amén de algunos buques más modernos que hacían viajes a Sudamérica, como el “Cabo San Roque” y el “Cabo Buena Esperanza” dedicados casi exclusivamente al transporte de emigrantes.
Recuerdo a CAMPSA, la del monopolio del petróleo, vulgarmente conocida como “la Lechera” porque lo único que hacía era repartir los productos elaborados en la refinería de Escombreras al resto de puertos españoles. Era una de las Compañías más deseadas porque los salarios resultaban más elevados por aquello de transportar productos inflamables. Tengo en mi recuerdo a mi gran amigo Blas Manuel López Archivel que llegó a ejercer el mando en buques de dicha Compañía durante bastantes años.
Vapor "Cabo Buena Esperanza" de la Cía Ybarra

TRASATLANTICA, era una de las mejores consideradas por su flota y por sus viajes, con su buque insignia “Marqués de Comillas” en honor a su fundador que, según las “buenas lenguas”, hizo su fortuna traficando con negreros. Para poder formar parte de la oficialidad en esta Compañía era necesario poseer el titulo de mayor rango, o sea, Capitán o Jefe de Máquinas, aunque ocupases plaza de tercer oficial o tercer maquinista, por supuesto muy difícil de embarcar en aquel entonces, aunque a ellos también les llegó el turno de las vacas flacas y se vieron obligados a cambiar las normas tan estrictas que tenían.
Vapor "Marqués de Comillas" de la Cía. Trasatlántica

La TRANSMEDITERRANEA, siempre considerada como buques correos, ya que tenía esa exclusiva de transportar pasajeros y correspondencia entre los distintos puertos españoles hasta los más alejados de Guinea, pasando por Canarias. Compañía cómoda desde el punto de vista familiar ya que cada cual amoldaba su vida de acuerdo a la línea que le habían asignado y también de acuerdo a esa línea la posibilidad de hacer más o menos “faifa” como vulgarmente se conocía el contrabando con minúscula.
ELCANO. Compañía estatal formada inicialmente con los buques requisados durante la Guerra Civil al enemigo, naturalmente posteriormente fue incrementando su flota rápidamente  hasta convertirse en una Compañía con la flota más numerosa. Todos sus buques llevaban el nombre de “CASTILLOS” españoles. Como no podía ser de otra manera los viajes que hacían resultaban de los más rentables desde el punto de vista del comercio marítimo y codiciada por cualquier marino, dado que a los salarios fijos establecidos de forma oficial se le sumaban los sobordos y sobordillos, que era un porcentaje del flete a repartir entre los tripulantes que efectuaban el viaje y que diferían si los viajes se efectuaban a puertos extranjeros o a puertos españoles.

Otras de menor categoría recuerdo a la PINILLOS de Cádiz, que tenía línea regular entre las Islas Canarias y algunos puertos españoles; en ella efectuó sus prácticas de Alumno mi amigo Rafael Lara y donde llegó a alcanzar el título de Rey del Duragloss (como puedes comprobar amigo Rafa, si me lees, no te olvido).
Otra de las más extrañas a mi manera de ver, fue la Cía. Axpe  de Sevilla que, de tener unos buques que resultaban barquitos de madera donde se jugaba uno la vida cada viaje que efectuaba, aparece de repente con una moderna flota de motonaves, pero que con solo ver la fotografía del General García Valiño colocada en la Cámara de Oficiales daba a entender de forma patente  que para progresar en el comercio marítimo era necesario tener padrinos de cierta envergadura.
Comenzaron a aparecer Armadores de nuevo cuño que con las facilidades que daba el Estado para construir buques con unos préstamos muy favorables, se atrevían a iniciarse en el negocio del transporte marítimo, pero su inexperiencia en este terreno les hacía desaparecer a la misma velocidad que habían aparecido. Por aquella época, si mal no recuerdo, corría el rumor que la familia FRANCO tenía negocios marítimos  en nuestro país vecino, coincidiendo con que el Ministro de Asuntos Exteriores de España en Portugal era Nicolás Franco, hermano del Caudillo. Esos rumores se acrecentaron debido a que una de las más modernas motonaves portuguesa (cuyo nombre no recuerdo) fue secuestrada por un loco terrorista, y España colaboró en la solución del conflicto enviando al CANARIAS  de nuestra armada española.
Este relato sería interminable si no dejo en el tintero algunas Compañías y buques que tengo en mi memoria, que me perdone el Sr, Botín (q.e.p.d.) por no mencionar a la Cía. PEREDA de Santander y  muchas otras, pero quiero dejar un pequeño espacio para los más viejos del mar:  Para la ASTUR LINE, ese conglomerado de Compañías que la formaban y que por su estado, por carecer ya seguramente de letra clasificatoria en cualquiera de las Sociedades como Lloyds o Bureau, no tenían más remedio que dedicarse al transporte del carbón. La energía española por excelencia, la que servía para alimentar a los Altos Hornos, a las Térmicas, a los Ferrocarriles, saliendo cargados de las puertos asturianos de Gijón, Avilés, San Esteban…… al resto de puerto españoles a la velocidad de ocho nudos, buques que casi  ninguno recordaba su fecha de construcción y cuyas tripulaciones con unos sueldos de miseria se jugaban la vida cada singladura. Pero ese tema los dejaremos para otra ocasión.


Capitán A. de Bonis


sábado, 4 de abril de 2015

SU ÚLTIMO VIAJE COMO CAPITÁN.

Pensaba que mi  anterior artículo escrito en el blog del Circulo Marítimo  sería el último, porque todo en este mundo tiene su fin, ya que con todo lo contado en “Mil Años de Mar”” y, posteriormente, los artículos sueltos en el blog, la vaca había sido lo suficientemente exprimida para que no diese más leche, teniendo en cuenta que mi profesión no es de articulista y que no soy ningún Alcántara que es capaz de sacar punta a cualquier tema a la velocidad que se lo proponga.

Pero mira por dónde, un día mi amigo Carlos Navarrete me llama por teléfono para comunicarme que uno de mis artículos tenía un comentario firmado por un tal Luis Ojeda, él no tenía ni idea de quien se trataba pero yo por supuesto que sí, ni más ni menos que el 1er Oficial que compartió conmigo –desgraciadamente- el incendio del “Sierra Estrella” del que hacía 48 años aproximadamente que no había vuelto a tener noticias. Ha sido para él y para mí una alegría inmensa volver a contactar y ponernos al corriente de nuestras andanzas en todo este tiempo transcurrido. Le he enviado el libro MIL AÑOS DE MAR con lo cual ha quedado al corriente de mis idas y venidas por esos mares de Dios, y él me ha contado que, después de aquella odisea del “Sierra Estrella”, opositó y obtuvo la plaza de catedrático de Meteorología en la Escuela de Náutica de Tenerife, donde ha permanecido hasta que por la edad  y en contra de su voluntad ha sido jubilado.

Después de esta  alegría inesperada, nuevamente y a causa del libro MIL AÑOS DE MAR, he recibido una segunda, al recibir noticias de un compañero de mi padre que navegaron juntos en el Vapor “ITA”; se llama D. Emilio Fernández y actualmente es Presidente de la Asociación de Jubilados y Pensionistas de la mar en  Madrid.  Leyendo el libro me ha reconocido y ha tenido la gentileza de querer saludarme.

Este último contacto me ha hecho tilín y, por qué no decirlo, me he emocionado al recordar tantos momentos vividos profesionalmente con mi padre. Esto me ha hecho recapacitar y pensar que en mi relato del libro no he sido lo suficientemente explícito al mencionarlo casi de pasada, por esa razón espero que mi amigo Carlos (administrador del blog) me permita dedicar este nuevo relato exclusivamente a él, contando parte de su vida profesional que -por desgracia y avatares de la vida- no fue la que corresponde a una persona de su calidad humana.

Comenzó a navegar muy joven, a los 24 años ya era Piloto. Su primera salida a la mar la hizo enrolado en un velero de cuatro palos nombrado “ANTONIA MAMBRU”, propiedad de la Empresa Domingo Mambrú de Barcelona.  Por aquel entonces se dedicaban al transporte de tabaco desde Filipinas para la Compañía de Tabacos de España; los viajes duraban aproximadamente un año, dándole la vuelta al Cabo de Buena Esperanza; entonces la navegación se hacía solo  con la ayuda del viento, del sextante, de la vista, del oído y de mucha marinería para poder manejar las velas, porque otros medios técnicos no existían a bordo. Con dos viajes ya fueron suficientes para hacer las prácticas de vela ya que en aquella época existía el título de piloto de vela y el de vapor. Desconozco cuándo, dónde y cómo hizo las prácticas necesarias hasta obtener su título de Capitán que fue en el año 1934, yo tenía justamente un año  y no tengo documentación para poder acreditar este periodo de su vida, pero me imagino que sería el normal para cualquier profesional de la mar.

El Capitán Arturo de Bonis (padre)
Fue a partir de 1936 cuando se le empezaron a torcer las cosas y su vida profesional se vio truncada de la forma más canallesca, como ya mencione en mi historia de MIL AÑOS DE MAR.  Para que el relato que hago a continuación no pueda ser interpretado  como una historia contada de forma subjetiva, pongo como testimonio lo narrado por el Capitán D. Antonio Terrón del Rio en este mismo libro y que desgraciadamente también sufrió en su propia familia las tropelías y las tragedias que proporcionaron nuestra Guerra Civil en 1936.

 Narra Terrón que en tiempo de la república fue obligatorio crear en los barcos unos comités formados por oficiales y personal  subalterno de todos los departamentos, y que dichos comités tenían poder sobre el Capitán en algunas cuestiones de orden interno. Esto se hizo para evitar ciertos abusos y que algunas personas cometieran desmanes en su propio  beneficio. Esto es lo que D. Antonio Terrón manifiesta, y yo añado con suficiente conocimiento de causa que en aquella época ciertos capitanes se creían dueños absolutos del “cortijo” y les caían muy mal tales medidas. Que por esa sola razón aprovechando nuestro Glorioso Alzamiento Nacional, el 18 de Julio denunció ante un Tribunal Militar al comité existente a bordo como si fuesen unos socialistas indeseables. Como resultado de esta denuncia todos los componentes del comité salieron esposados de a bordo camino de la prisión. Yo tenía solamente tres años y mi madre me consolaba diciéndome que mi padre estaba haciendo un viaje muy largo, y yo añoraba su regreso, entre otras cosas, para que volviera a traerme latas de piña en almíbar que tanto me gustaban. Esos son los recuerdos que tengo grabados en mi memoria de los tres años.

Deseo  hacer constar que esa medida fue implantada igualmente por el Sindicato Vertical de la Marina Mercante, sin darle el nombre de comité, con la intención de que el dinero asignado  para la comida no  terminara en el bolsillo de los mayordomos y personas allegadas, al mismo tiempo que nos hacían rellenar unos libros con las calorías suministradas diariamente por tripulante, cualquier cosa antes que  aumentar la cantidad asignada para la comida que resultaba ridícula.

A partir de ese momento mi familia quedó  al amparo de mis abuelos paternos, ellos nos proporcionaron techo, alimento, educación y el cariño necesario para poder vivir. Naturalmente a medida que transcurría el tiempo, mi razón y mi conciencia  iban cambiando, algo me decía que el largo viaje no era tal viaje, eso unido a que por mi casa pasaban de vez en cuando algunos de los tripulantes que habían navegado con mi padre para saber la suerte que había corrido, todo ello me indicaba que algo grave había sucedido. Mi madre nos contó entonces que mi padre había sido hecho prisionero y que había sido canjeado por otros y trasladado a un campo de concentración que se encontraba en el sur de Francia. Mi abuelo que era Coronel de Intendencia (jubilado) movió todos los hilos que le fueron posibles para que mi padre pudiese volver. Las cosas de palacio van despacio,  pero al final consiguió que regresara de Francia libre de cualquier acusación. Eso ocurría en el año 1942 cuando yo ya había hecho mi Primera Comunión.

Recuperar su título de Capitán resultó bastante engorroso debido a los trámites administrativos, pero finalmente lo consiguió después de algunos años. Durante todo ese tiempo se buscó la vida haciendo múltiples trabajos, desde exportador de pescado hasta delegado de una empresa de transporte en Sevilla, pasando por representante de una empresa de bebidas catalana.

Recuerdo que fue en el año 1953, estando yo embarcado como Alumno de Náutica en el vapor “NORTE” cuando le ofrecí la oportunidad de embarcar como 1er Oficial porque así me lo había transmitido el Capitán D. Joaquín Palacios Badiola.  Aceptó sin pensarlo dos veces ya que su profesión nunca la había abandonado y de esa forma tan peculiar empezamos a navegar juntos y lo hicimos casi durante siete años.

El “Norte”  era un barco viejo, tecnológicamente hablando no tenía ni siquiera un Gonio. O sea, que navegar en él, era lo mismo que navegar como se hacía 17años cuando él lo hizo por última vez. Yo le puse al tanto del funcionamiento del barco en la especialidad de carbonero y todo salió rodado, se le veía feliz.  Fue cuando yo conocí a mi padre verdaderamente desde el punto de vista profesional. Era un buen marino y muy responsable en su trabajo.

Voy a narrar dos sucesos que ocurrieron cuando él ya estaba al mando del “Norte” y yo ocupaba plaza de 1er oficial que me confirmaron su gran profesionalidad. Navegábamos de Gijón a Barcelona con un cargamento completo de carbón, el viaje se desarrollaba sin novedad. A partir de Cabo Palos comenzó a reducirse la visibilidad, convirtiéndose en niebla cerrada al poco tiempo. Navegábamos con las precauciones necesarias de acuerdo con las condiciones meteorológicas  y con la esperanza de que aclarase antes de la recalada a Barcelona. Pero de aclarar nada de nada, cada vez más densa. Recordando sus viejos tiempos cuando se utilizaba el escandallo, nos fuimos acercando a Barcelona sondando a cortos intervalos de tiempo y navegando a velocidad reducida hasta que se  mando fondear; a  la mañana siguiente, cuando aclaró la niebla nos encontrábamos fondeados cerca de la boya del Llobregat.

El segundo suceso es el que da nombre a mi relato “SU ÚLTIMO VIAJE COMO CAPITÁN”. El “Norte” fue construido en Inglaterra allá por el año 1890, durante los últimos años entró con frecuencia en astilleros donde sufrió severas inspecciones y grandes reparaciones; yo incluso hice mi servicio  militar mientras permanecía reparando en Matagorda  y posteriormente, en el año 1958 en astilleros de Gijón, se le cambio el antiguo Puente de madera por otro completamente nuevo de hierro, amén de numerosas planchas. Pero las calderas seguían siendo las primitivas y todo en esta vida tiene fecha de caducidad.  Esta fecha estaba tan próxima que el Armador dio órdenes de proceder al puerto de Santander para ser revisadas, con tan mala fortuna que ya una de ellas quedó inutilizada durante el viaje. Navegábamos por el golfo de Vizcaya cuando entró una galerna de esas que hacen época, íbamos empujados por la mar y el viento de aleta más que por la propia máquina: estábamos ya próximos a Santander cuando el Jefe  de Máquinas comunicó que la segunda caldera también se venía abajo y no podía garantizar el tiempo que podría mantener la presión. Las olas montaban la isla de Mouro y el peligro que corríamos al dar la vuelta era muy grande, pero no quedaba otra solución. Pues bien, el Capitán (mi padre), con dos cojones, como diría Pérez Reverte, en medio de aquel galernazo  metió el barco en el canal (con la ayuda de Dios), llegamos al fondeadero cuando en la ciudad llovía de forma torrencial y al poco tiempo  de haber fondeado un apagón dejo completamente a oscuras toda la ciudad, bien se puede decir que la Virgen del Carmen estuvo de nuestro lado.

A partir de ese momento  se puede decir que la desgracia volvía a cebarse en mi padre. El Armador, D. Domingo Mambrú, sobrepasaba los ochenta años, no tenía herederos directos y vivía desde muchos años antes en un hotel de Barcelona con su esposa que era inglesa, simplemente de los réditos que le producía el Norte. Cuando comprendió que el cambio de las calderas era una operación ruinosa, dijo que terminaba su vida como Armador y que no deseaba tener más complicaciones y puso el “NORTE” en venta. Desgraciadamente, el único interesado en la compra fue Federico G. Fierros que lo compro a precio de chatarra por la cantidad de cuatro millones de pesetas. Durante algún tiempo y mientras se formalizaba la operación de compra-venta, nos visitaba con muchísima frecuencia el Inspector de Fierros para ponerse al corriente del estado del barco, un vasco muy serio que solo mantenía conversación con  nuestro Jefe de Máquinas (también vasco) y que parecía como si se conocieran de toda la vida; el resto no contábamos para nada. Yo desembarqué voluntariamente para enrolarme en el “Rita García” donde podría comenzar mis días de navegación de altura para poder obtener el título de Capitán.

A mi padre, a pesar de las promesas obtenidas días antes de terminar la reparación le informaron que debería pasar al vapor “ITA” de 1er Oficial, lo tomas o lo dejas. Como le quedaba poco tiempo para jubilarse y comprendió que para el computo de su jubilación le servían los años que había permanecido como Capitán en el “Norte”, prefirió aceptar la propuesta, se tragó su orgullo y de esa forma tan desgraciada finalizó su vida profesional  en Mayo de 1965.

Finalizo mi relato con mi recuerdo y con todo mi cariño hacia su persona.


Capitán Arturo de Bonis                  



viernes, 13 de marzo de 2015

GENTE DE LA MAR. (E. BIANCHI. MARZO 2015)




   
      .Obsequio de nuestro querido Presidente y compañero Enrique Bianchi, hoy jueves 12 de marzo de 2015 en la reunión semanal en el Club Mediterraneo. Muchas gracias Presidente.



                                                                     

jueves, 29 de enero de 2015

CARTA DEL PRESIDENTE

                                   En la Ciudad del Paraíso a 1 de enero de 2015

Queridos compañeros y amigos:

Hace mucho tiempo que no me dirijo a vosotros en forma escrita. En este caso tendría que ser verbalmente, pero la extensión de lo que preveo puede que sea demasiado extensa como para que podáis soportarlo.

Antes de entrar en materia quiero desearos  que este nuevo año que comienza sea para todos el mejor de todos los que habéis vivido y Dios  reparta a manos llenas salud, paz, dinero y Amor, con mayúscula.

En este mes que comenzamos me veré en una asamblea en  la que Enrique Bianchi como Presidente electo tomara posesión del cargo tras unas palabras mías dejando la presidencia, y esta es la razón de dirigirme a vosotros tecleando el ordenador. Han sido muchos años gobernando este buque y  en ellos, aunque aparentemente los acaecimientos han sido pocos y banales, repasando muy por encima  se aprecian muchos y con su importancia, y estos por breves que se expongan en un discurso, muchos no tendrían la paciencia de soportarlo; así, se tiene la opción de de descansar entre párrafo y párrafo o tomarse un descanso de unos minutos, unas horas o unos días para continuar.

Ese día, el de mi discurso de despedida, me limitaré a unas palabras de agradecimiento y a reiterar mi amistad.
Y seré aplaudido.

Antes de sentarme ante el ordenador he estado un rato rememorando, y muchos recuerdos  me han venido a la memoria, por lo que siendo esta ya flaca, también muchos habrán quedado atrás.

Este colectivo que viene viviendo desde 1983 cuando nuestros inolvidables fundadores, Antonio Hernández y Miguel Casas se dieron un fuerte apretón de manos germinando la entrañable Junta de Desguace, recorrió un largo camino, de comidas, viajes, excursiones y alegre vivir cuyo devenir se encuentra recogido en nuestro Cuaderno de Bitacora del que  podría entresacarse otro libro.
La Junta de Desguace, nombre que hacía sonreír con simpatía y por ello carecía de seriedad, conociendo además que estaba constituido por un grupo de algo más de una treintena de marinos jubilados no podía proyectarse como institución seria aunque estuviese formada por Capitanes de la Marina Mercante. Había que buscarle un referente algo más austero ante la sociedad, tomando cuerpo esta decisión el día que se recibió un saluda con todo su protocolo de de un nuevo Delegado del Gobierno en Málaga.

Siendo Presidente nuestro recordado Ignacio Ortega y tras intercambiar opiniones sobre este asunto, le di una relación de nombres para que eligiese, decantándose por el de Círculo Marítimo, nombre refrendado por los fundadores en la histórica Junta de Oficiales del 23 de febrero de 1999 como consta en el Cuaderno de Bitácora, procediéndose pasado unos años a su legalización.
Así, el día 27 de marzo de 2008 se constituyó el Círculo Marítimo-Junta de Desguace formalmente como Asociación al amparo del Artº 22 de la Constitución Española y presentado mi candidatura y proclamado Presidente tras unos años con ese cargo en la Junta de Desguace.
En marzo de este año habría hecho siete años como presidente de esta Corporación. Ya estaba plenamente justificado que otro Tripulante tomase el relevo.

No está en mi ánimo hacer historia en este discurso, pero algunas de las circunstancias en la que intervine me obligo a hacerlas patente para al menos justificar que no me voy con las manos vacías (entiéndase, en el sentido moral y figurado del vocablo) por lo conseguido.

El Círculo Marítimo nació de la Junta de Desguace tras la larga gestación de nueve años. Nació por transformación, por lo que aquellos valores que se le podían atribuir a la J.D. hoy forman parte indisoluble del C.M., por ello siendo una especial desazón por el rechazo de algunos tripulantes hacia el actual C.M. el mismo desagrado o más, que pueda sentir al rechazo hacia la J.D.

Aunque he dicho que  no haré historia, me veo obligado a repasar algunos de los logros del C.M.
“Los Mil Años de Mar” es uno de los más, o el más significativo, y tiene su justificación puesto que fueron casi veinte años desde que concebí la idea recién ingresado en la JD hasta conseguir que 25 tripulantes volcaran sus vivencias en unos folios que conformaron el libro, que como ya comenté en cierta ocasión para estimular a los redactores ".el día que lo lean vuestros nietos y  exclamen ¡ mira lo que le pasó al abuelo ¡"  Su edición costeado con los exiguos fondos del CM y resarcido con su venta gracias a la fundamental e inestimable ayuda del entonces Secretario General Carlos Navarrete, que hombro con hombro conmigo tanto en este trabajo como en las tres jornadas de “La Mar y sus Crónicas:  en la que conseguimos cierta proyección social, fueron los factores para que se afirmase una amistad que por mi parte perdurará mientras esté en este mundo y también, estoy seguro, cuando estemos en el otro.

Y entró en la vida dinámica del Círculo Marítimo otro compañero que inyectándole nueva energía  ha conseguido que esta corporación   levante un vuelo más esperanzador y al que le estaré siempre agradecido, uniéndose al grupo de los grandes amigos. Siempre proclamé que  la amistad era para mí lo primero.
José  Manuel Ortiz Morito, desde que ingresó años atrás me repetía. Cuando me necesites, aquí estoy. Hasta que estuvo, pero no podía figurarme su eficacia y entrega. Con el cargo de Secretario General  se convirtió en el motor del CM. De nuestra conjunta colaboración también se ha ido fraguando esa gran amistad y perfecto entendimiento. A él le debemos esta segunda edición en color de los “Mil Años de Mar”, su tesón y sus relaciones han conseguido lo que nos parecía una quimera: la edición gratuita.

Destaco en esta despedida de mi cargo los mencionados y algún nombre más que han marcado mi vida  en su declive (por muchos años), como el de Sergio Reyes, al que admiro como profesional, por su viva y despierta inteligencia, que la encuentro muy de acorde con la mía (y perdonad la inmodestia); a Arturo de Bonis por esa simpatía que irradia desde los tiempos de estudiante, y el que  aceptó la Vicepresidencia  cuando se la propuse por su ecuanimidad (quedándose por ello durante una temporada como “Arturo el ecuánime")   
Al discutido José Antonio Marín, al que a veces he censurado por sus opiniones, le agradezco su labor al tener informado a la totalidad de los tripulante, considerando de gran importancia esos correos que ponen al día a todos los alejados, así como su trabajo en  la página web.

Y a tí, querido nuevo Presidente, que a conciencia te he dejado el último (para que vaya acostumbrándote a tirar del carro)
Sé, Enrique que lo harás mejor que yo; estás acostumbrado a maniobrar y sortearás cualquier escollo que veas por la proa. Mucha suerte y sabes que estaré a tu lado por si crees que puedo aconsejarte en algo.

Seguro estoy que si me detengo a recordar lo que tengo que agradecer a cada uno de vosotros, encontraría razones para ir desgranando aquí sus nombres, pero se haría interminable este discurso. Lamento haberme dejado con toda seguridad nombres de amigos al que especialmente debo mi gratitud. Así pues, gracias a todos por vuestra amistad.

Finalmente, en punto y aparte  quiero agradecer profundamente esa aceptación unánime a la propuesta por el Secretario General José Manuel Ortiz Morito  a ser nombrado  Presidente de Honor.
Gracias, Gracias a todos y recibid mi amistad y un cariñoso  fuerte abrazo  



                                                   Vicente Gómez Navas

martes, 30 de diciembre de 2014

ELECCIONES 2014

Queridos amigos y compañeros del Círculo Marítimo- Junta de Desguace, ya pasaron las ansiadas elecciones del 2014. Antes de seguir adelante, mi más cordial enhorabuena al nuevo y flamante Presidente D. Enrique Bianchi y su nuevo equipo de gobierno, y también mi más sincera felicitación al Presidente saliente D. Vicente Gómez Navas.  Mi felicitación por la labor efectuada durante el largo tiempo que ha permanecido en el cargo y mi felicitación por el descanso merecido después de tanta lucha por obtener unas metas  que desgraciadamente y debido a las muchas trabas puestas por la Administración Portuaria no han llegado a culminar como eran sus deseos y el de  otros muchos.

He estado esperando escribir este artículo durante algunos días, hasta ver como reaccionaban otros compañeros al acontecimiento vivido durante estas fechas, y como no podía ser de otra forma, el primero ha sido el informador oficial D. José A. Marín que ha hecho una parodia de lo que fue el acto electoral y después el informe de debido cumplimiento por el Sr. Morito de la comida celebrada en La Cónsula. Ambas informaciones acompañadas de numerosas fotos para inmortalizar gráficamente los momentos vividos. La más emotiva  la que recoge el abrazo que se dieron los dos Presidentes entrante y saliente. Posteriormente están apareciendo fotos por todos los rincones  como si se tratara de un concurso fotográfico.

Pero vamos a lo que vamos, a mi manera de entender, lo que José A. Marín ha intentado hacer una broma parodiando las elecciones, es que fue eso: “una parodia de elecciones”. Después de tantos años “dale que te pego”, “pica que pica”, en cada una de sus informaciones aparecidas había siempre un pequeño comentario dando a entender que las cosas no se estaban realizando de la forma adecuada (esa es mi opinión) ni siquiera hace uso de la oportunidad que se le presenta para que las cosas puedan discurrir de acuerdo con sus ideas. Incluso, en su correo, al final, hay una nota que dice que tiene una anécdota que le sucedió cuando pasaba por el comedor del Club y que demuestra lo poco que valoramos nuestra profesión, estos son los pica picas que suele lanzar y que a mí me gustaría saber por qué considera que valoramos poco nuestra profesión. Una vez, nunca lo olvidaré, estando en la puerta de la Iglesia del Carmen esperando entrar porque se celebraba una misa por los compañeros que ya hicieron su último viaje, se me acercó uno que vestía un uniforme blanco impecable y portaba palas con galones de tercer oficial y me preguntó por qué yo no me ponía el uniforme, le contesté que ya había pasado mi época de usar uniforme y el muy c……… me dice que yo era un marino de agua dulce, con 38 años de agua salada a mis espadas y que necesito para desalarme más horas que un bacalao de esos que pescaba mi amigo Sergio.  Pues bien, esas son las cosas que siempre me han sacado de quicio.

Y volviendo al tema de la elecciones, hay una foto mía que parece que estoy durmiendo, pues no señor, no estoy durmiendo, estoy pensando en la pantomima que se está representando. Aquello parecía una reunión de vecinos en la cual nadie quiere presentarse como Presidente. Solo una candidatura, a pesar que Morito dice en su escrito … “presentadas las candidaturas”, se votó a mano alzada por unanimidad cuando nadie estaba de acuerdo con la forma de votación. En fin, para que más comentarios negativos si al final salió elegido el que todos deseábamos. Ahora solamente nos queda rezar para que no se nos vaya, pues me parece que sería difícil encontrar otro que quiera cargar con la responsabilidad.

Tengo 81, no necesito decir que son años, pienso que no me dará tiempo a vivir otras elecciones si al nuevo Presidente resulta que se encuentra a gusto y se cumple el tiempo reglamentario, pero yo me conformo con poder reunirme todos los jueves que me sean posibles con mis amigos de siempre en la Pajarera del Club Mediterráneo, sin más pretensiones que pasar un buen rato con una cerveza y un plato de los que ya no nos dejan comer en casa. Como Desguace ó como Circulo Marítimo, me da igual. Desde que se iniciaron las reuniones en la cafetería Solymar lo único que he pretendido siempre es compartir mi amistad con otros compañeros de la profesión.


Capitán Arturo de Bonis