lunes, 28 de abril de 2014

ÉXITO DE LA MAR Y SUS CRONICAS Terceras Jornadas 2014

Han finalizado las jornadas conmemorativas del 31 aniversario de la fundación de la "Junta de desguace" y 6º de su transformación en "Círculo Marítimo", celebradas en el salón "rosa de los vientos” del Real Club Mediterráneo de Málaga, con buena asistencia de público que siguió atentamente las conferencias pronunciadas los pasados días 23, 24 y 25 de abril.
Al acto de apertura acudió, en representación del alcalde de Málaga, la concejala Dª Gema del Corral, que pronunció unas palabras de inauguración.
El Secretario General del Círculo Marítimo, Oficial Radioelectrónico de la M.M. José M. Ortiz Morito, hizo un breve, acertado y bien estructurado recorrido por la historia de nuestra asociación. 
El Presidente del C.M., Capitán Gómez Navas  inició el ciclo de conferencias con un tema histórico, “Recordando una derrota (poco conocida) de una flotilla turca en las proximidades de la isla de Alborán”.
Por último, el Capitán Enrique Bianchi (vicepresidente del Círculo Marítimo), hizo entrega de diplomas de reconocimiento a varios tripulantes  y el Presidente entregó enseñas del Círculo Marítimo al Coronel Dr. Vidal Delgado y al Real Club Mediterráneo por su valiosísima colaboración para la celebración de estas Terceras Jornadas de “La mar y sus crónicas”.
El Capitán Gómez Navas entrega la enseña del Círculo Marítimo al Coronel Dr. Rafael Vidal Delgado

Por causas diversas, la conferencia inicialmente anunciada para el día 24 fue sustituida por otra también a cargo del Capitán Rogelio Garcés, tripulante del Círculo Marítimo,   sobre “La carga de grano en buques de carga general” apoyando su intervención en una serie de diapositivas. Aunque el tema –en principio- parecía árido para profanos, las excelentes dotes del conferenciante lo hicieron claro y ameno de forma que –finalmente- interesó a todos los presentes.
 El Capitán Rogelio Garcés con parte de la Junta directiva del Círculo marítimo

Finalizaron las Jornadas el día 25 con una conferencia sobre “La pesca del bacalao en España en la segunda mitad del siglo XX” que pronunció de forma brillante el Capitán Sergio Reyes, tripulante del Círculo Marítimo y que fue seguida con atención por los asistentes. Acabó su intervención con la proyección de  dos videos (dos verdaderas joyas) sobre  el tema.
El Capitán Sergio Reyes durante su  conferencia

El Coronel Dr. Rafael Vidal Delgado, Director-Coordinador del Foro para la paz en el Mediterráneo, clausuró las Jornadas con unas improvisadas pero brillantes reflexiones,

Agradecemos  a los conferenciantes su colaboración y les felicitamos por el éxito obtenido.
Autoridades y Junta de gobierno del Círculo Marítimo en el acto de clausura


lunes, 14 de abril de 2014

Rectificación al programa de las TERCERAS JORNADAS DE "LA MAR Y SUS CRÓNICAS"

La conferencia anunciada para el día 24 de abril se sustituye por otra titulada:
"La carga de grano en buques de carga general"
Capitán Rogelio Garcés Galindo, tripulante del Círculo Marítimo

viernes, 11 de abril de 2014

TERCERAS JORNADAS DE "LA MAR Y SUS CRONICAS"

Entre los próximos días 23 a 25 de Abril (ambos incluidos) vamos a celebrar las terceras Jornadas de "LA MAR Y SUS CRÓNICAS" para conmemorar el 31 aniversario de la fundación de la "Junta de desguace" y el  6º de su transformación en "Círculo Marítimo"
A continuación se muestra la programación de actos a los que quedan invitados todos los interesados



miércoles, 19 de marzo de 2014

AGRADECIMIENTO AL CAPITAN D. ARTURO DE BONIS MACIAS.


No puedo pasar sin escribir en este nuestro blog del Círculo Marítimo la nota de agradecimiento al capitán D. Arturo de Bonis Macias, por su inestimable colaboración con sus magníficos y amenos escritos publicados en el mismo, los cuales me han hecho pasar y al mismo tiempo revivir nuestros buenos, regulares y malos "tiempos en la mar", así como recordarlos con nostalgia y como él mismo escribió en uno de ellos: "de volver a nacer hubiera elegido ser marino otra vez", afirmación que comparto integramente.
      La mar y sus gentes, tienen algo que "engancha" y al mismo tiempo te llena y aún más recordando esos momentos puntuales  que jamás se olvidan.
     Quiero desde aquí animar a mi amigo Arturo a seguir escribiendo en este nuestro blog, pues sé, con certeza absoluta, que aún le quedan muchos y variados temas interesantísimos que contarnos y al mismo tiempo hacernos pasar con ellos muy agradables momentos de lectura
     Quiero repito, agradecerte el habernos hecho pasar muy buenos momentos con tus vivencias tan amenas, interesantes y entrañables
      Muchas gracias Arturo, espero seguir leyendo tus articulos.


                                               Capitán: Bernardino López
         
        
                     

sábado, 15 de marzo de 2014

RECORDATORIO (VII)

Éste será mi último recordatorio, algunos de los lectores dirán: por fin, ya iba siendo hora. De cualquier manera, si alguien no estaba contento con tanto rollo, que se queje a nuestro amigo Carlos Navarrete, administrador y responsable del blog, que me ha estado dando cuerda durante todos estos meses para que no parase; pero a mí me ocurre lo mismo que les sucede a los muñequitos que se mueven tocando el tambor con las pilas “duracell”, al final las pilas se agotan y todo se para, la vaca ya no da más leche. Yo, después de escribir en MIL AÑOS DE MAR y los artículos recordatorios del blog me he quedado completamente vacío. A los que han leído los artículos, les agradezco la paciencia esperando no haberles aburrido demasiado.
Ahora ya solamente me queda hacer un recorrido por la pesca de arrastre para dar por terminado mis vivencias con los profesionales de este sector. La verdad es que el contacto con este tipo de pesqueros, ha sido mucho menor que con los marisqueros y atuneros, no obstante, lo suficiente como para poder dedicarles unas cuantas líneas.
Aquí no fue pionera Marítima del Norte ya que cuando iniciamos los transbordos en Walvis Bay aquello ya llevaba funcionando algún tiempo. No recuerdo exactamente el momento en  que se inició el boom de la “Rosada”; desde luego fue en un abrir y cerrar de ojos, de pronto se corrió la voz y aparecieron barcos y más barcos arrastreros españoles que, unidos a los de otros países, convirtió a Walvis Bay en  una base importante de buques de pesca. Durante bastantes años nuestros buques estuvieron realizando transbordos a los pesqueros de la empresa Pescanova y otros independientes y transportando la carga a la factoría que Pescanova tiene en Chapela (Pontevedra). Estos transbordos a veces se realizaban en Ciudad del Cabo, de acuerdo con las necesidades y preferencia de los pesqueros.
Buque factoría "Galicia"
De Walvis Bay recuerdo que aparentaba una ciudad completamente vacía, más bien muerta, la cuestión del apartheid se llevaba de una forma muy estricta.  La aduana hacía unos controles muy rigurosos a nuestra llegada, incluso la revista “Interviú” era necesaria ser declarada por el contenido de desnudos y guardadas en el sello hasta nuestra salida de puerto. Por el contrario, esto era el reverso de la moneda de las famosas reuniones que se solían tener en casa de la “panadera” donde un circulo (bastante grande) se reunía para ver las películas porno que ella proyectaba para tener contenta a su clientela. Una o dos cafeterías en el centro de la ciudad, donde se podía tomar café o helados servido por negros que portaban guantes blancos. Los Capitanes solíamos ser invitados en casa del agente de Pescanova, el Sr. Jalón, donde su esposa nos obsequiaba con algún que otro refrigerio y se pasaban las tardes-noches con reuniones bastante amenas.
De repente la flota de Pescanova le dijo adiós a Namibia y puso rumbo al W. donde encontraron nuevos caladeros cerca de las costas argentinas, por lo visto bastante fructíferos  ya que se comentaba que hacían largadas de 50 toneladas, y como puerto base se estableció el puerto argentino de Bahía Blanca.
Precisamente en Bahía Blanca, coincidiendo con unas Navidades, nos reunimos tres buques de Marítima del Norte y siete de la flota de Pescanova para realizar transbordos. Todos los mandos de Pescanova se fueron a Buenos Aires para reunirse con las familias que habían llegado de España con motivo de las fiestas. Solamente un Capitán de Pescanova quedó en Bahía Blanca al mando de toda su flota para organizar las operaciones de transbordo. Allí se formó un “cacao” de padre y muy señor mío. Cuando Pescanova pidió responsabilidades por la tardanza en los transbordos, a nuestro querido “amigo” no se le ocurrió nada más que decir que los Capitanes de los “Sierras” nos habíamos dedicado a la “dolce vita”, acusación completamente falsa; la cosa no llegó a mayores debido a que fue fácilmente demostrable -por nuestra parte- que todo fue mala intención del Capitán de Pescanova por exonerar su responsabilidad, ya que la mayor parte del día se lo pasaba “mamao”. Varios viajes más realicé a Bahía Blanca sin que se produjese ningún incidente.
Muchos y variados viajes he realizado con las bodegas llenas de pescado, empezando por transbordos efectuados en aguas de Villa Cisneros del buque factoría Galicia (antiguo trasatlántico “Habana” reconstruido por Pescanova) con  destino a España. Otros efectuados en aguas de Irlanda a buques rusos con destino a Nigeria; desde Montevideo para Nigeria; desde Puerto Deseado (Argentina) para España.
De Puerto Deseado lo único que puedo decir es que muchísimas ganas de llegar a puerto tendría él que le puso el nombre a esa ratonera. Las entradas y salidas están supeditadas a la pleamar. Cuando se arriba por primera vez y después de bajar la marea miras por dónde has entrado, los pensamientos no son de lo más agradables. Las salidas no están aseguradas ya que con Práctico a bordo , a veces se tienen que suspender si no calma el viento que suele soplar casi las 24 horas del día con fuerza 6 o 7, salvo en el repunte de la marea que suele  calmar y se aprovecha para maniobrar. Varias veces he hecho escala en ese puerto y la verdad es que el nombre no corresponde a las circunstancias que lo rodean.
Congelador "Conde de Gondomar"
Otros de nuestros destinos fue el Estrecho de Magallanes donde se solía transbordar en Punta Arenas y, cuando Pescanova creó Empresas Mixtas en Chile que le permitía pescar en los canales patagónicos, llegamos hasta el puerto de Chacabuco al que se arribaba después de navegar dos días por dichos canales. Navegar por los canales era una gozada, el único inconveniente es que para entrar en ellos era necesario cruzar el Golfo de Penas, la salida al Pacifico del Estrecho de Magallanes y eran diez horas de verdadera pena atravesados a la mar que se pasaban canutas.
De lo que guardo mejor recuerdo de esta etapa de mi vida profesional, son mis estancias en el puerto angoleño de Tombwa (antiguo Port-Alexandre). La empresa de “Gabrielitos”, aprovechando lo que quedaba de la infraestructura en este puerto de las pesquerías que había cuando era colonia portuguesa, montó un puerto base para su flota que operaba en la zona. Desde Vigo, Huelva y Las Palmas les llevábamos todos los pertrechos necesarios, incluido víveres, entrepot y gasoil para poder mantener aquel puerto base en medio de aquel desierto de arena donde no había de nada en absoluto. Tombwa era un remanso de paz. Nuestras estancias solían durar diez días entra la descarga de pertrechos y el transbordo del pescado. En ciertas épocas del año la bahía se convertía en un paraíso para los pescadores de calamares, pues no había nada más que echar la potera y al momento ya había alguno enganchado,  era una verdadera gozada. Existía cierto pique entre algunos miembros de la tripulación por ser el “Number One” Había noches que antes de las 12, hora de retirada, ya se habían conseguido hasta doscientos kilos de calamares, que no teníamos ningún problema en conservar pues se metían en bandejas y al frigorígeno más cercano se ha dicho.
Estos fueron mis últimos contactos con los pesqueros y con la gente de la pesca. Mi último viaje fue uno mixto y por cierto el más largo de mi vida profesional; 32.000 millas desde nuestra salida de Vigo hasta nuestro regreso al mismo puerto. Vigo-Irlanda en lastre. Irlanda-Durban con carne. Durban- Punta Arenas en lastre. Punta Arenas-Montevideo-Vigo con pescado. De Vigo a Huelva con pertrechos para pesqueros, y si hubiera sido en otra época podría decir: “Y aquí colgué el sextante”, pero ni una sola vez fue necesario utilizarlo durante las 32.000 millas. Desde que embarqué por primera vez en el año 1951 hasta el 1988 en que dije adiós a los barcos, muchísimo habían cambiado las cosas. Los GPS ya se habían impuesto de una forma rotunda y los sextantes se estaban apolillando irremediablemente. No obstante me gustaría hacer un pequeño comentario a este respecto. Cuando no existían los GPS, nos conformábamos con el horario de la mañana y la meridiana del mediodía y todos tan felices y contentos hasta el día siguiente. Cuando aparecieron los satélites que nos proporcionaba una situación exacta cada cuatro horas aproximadamente (dependiendo de la zona), cuando por cualquier causa erraba la situación, ya nos poníamos nerviosos; está visto que al género humano no hay por donde agarrarlo, cuanto más tiene más quiere, no solamente tratándose de dinero.
Y tanto hablar de pesqueros y de pescadores no puedo cerrar mi recordatorio sin expresar mi punto de vista después de tantos años metido en este mundo tan especial. En primer lugar decir que el pescado no tiene precio. Recordarle a la señora que se quejaba en un restaurante porque le habían puesto la rosada congelada, que hay ciertas especies de pescado que no se pueden consumir frescos, uno de ellos es la rosada que se pesca a muchas millas de España y eso hace imposible que llegue fresca a nuestro plato. Expresar mi admiración por todos aquellos que han dedicado su vida al mundo de la pesca, ya que si el ser marino conlleva un enorme sacrificio, al pescador hay que darle un plus por la dureza en que se desarrolla su profesión. En la actualidad los buques pesqueros están dotados de una tecnología que antes no tenían; antiguamente sólo contaban con la experiencia, la vista, el oído y hasta el olfato para poder triunfar en su profesión, eso les hacía ser muy cautelosos y no se fiaban ni de su sombra a la hora de hablar de capturas, las claves de pesca que se intercambiaban entre los más íntimos no se las creían ni ellos mismos. Yo he conocido como un padre y un hijo, ambos patrones de pesca se mentían a la hora de pasarse las notas de pesca, incluso a los propios Armadores siempre les informaban de las capturas por defecto para el caso de que vinieran mal dadas. Todos esos detalles los conocía porque como dije una vez, mi despacho era un confesionario donde no se podía mentir a la hora de firmar las hojas de transbordos. Y otro detalle más, dicho por ellos mismos, si quieres triunfar en la pesca, cuando embarcas debes dejar el corazón en tierra y pensar solamente en que el saco venga siempre lleno y cuantas más veces mejor. La pesca es así y debido a todas esas circunstancias el pescado no tiene precio o por lo menos el precio justo.
¡Adiós, amigo Carlos, hasta más ver!.
Capitán A. de Bonis


lunes, 10 de marzo de 2014

RECORDATORIO (VI)

Yo de atunes no tenía ni la más remota idea, solo sabía que existía una almadraba en las proximidades de Tarifa que se dedicaba a la captura de estas especies  y que, llegada cierta época del año, desde el puerto de Bermeo salían barcos y más barcos armados con cañas que se dedicaban a la pesca del bonito. Algunas veces vi recalar a estos cañeros en el puerto de Gijón en mi época del carbonero y los recuerdo porque verdaderamente se hacían notar en El Musel, y para de contar. Hoy día no tienes problemas, entras en Google con las palabras “túnidos” ó “buques atuneros” y en 30 segundos ó menos , te ofrecen más de siete mil artículos que te informan de todo lo relacionado con el mundo de los atunes. Yo que  he leído algunos de esos artículos me ha sorprendido lo poco que conocía del tema a pesar de haber transportado miles de toneladas por el Pacifico y todo el Atlántico, llevando la pesca capturada por atuneros españoles y franceses a diferentes factorías repartidas por Puerto Rico, España, Francia e Italia, donde se elaboran esas enormes piezas de pescado hasta dejarlas reducidas a la “casi nada” porción de 112 gramos metidos en una lata.
No obstante, al igual que he narrado mis experiencias vividas con los marisqueros, deseo hacer lo mismo con las vividas con los atuneros que, por supuesto, no figuran hasta el momento en ninguno de los artículos publicados por Google.
Estaba embarcado en el “Sierra Estrella” cuando, desde el departamento comercial de Marítima del Norte, me comunicaron que debía contactar por radio con el Patrón de un buque atunero llamado “Algeciras” que se encontraba pescando en aguas del golfo de Guinea o proximidades. Hacia esa zona arrumbamos y una vez que el contacto fue establecido acordamos entrar en el puerto de Abidjan (Costa de Marfil) para efectuar el transbordo de la pesca que tenía que, si mal no recuerdo, se trataba de unas 120 toneladas. Así lo hicimos; entramos en Abidjan donde ya se encontraba el “Algeciras” esperándonos, nos abarloamos y ese fue mi primer contacto con el mundo del atún. Mundo que -ya por anticipado digo-  resultaba completamente diferente al de la pesca de marisco. El “Algeciras” era un atunero relativamente pequeño comparado con los que en la actualidad se construyen para este tipo de pesca. El Patrón, un vasco nacido en Fuenterrabía, fue mi primer informador de todo lo relacionado  con esta actividad pesquera, por aquel entonces poco desarrollada y donde primaba la flota  francesa muy superior a la española tanto en número de buques como en tecnología. Los franceses siempre nos llevaron delantera porque se gastaban los cuartos en buques científicos que investigaban todo lo relacionado con la pesca del atún.
Creo recordar que el Patrón del “Algeciras” se llamaba más ó menos Endualle o algo parecido, pero de lo que estoy segurísimo es que el mote que tenía entre los propios pescadores franceses era el de “Napoleón”, como se puede suponer este mote correspondía a que por ellos mismos estaba considerado un fuera de serie. Durante el tiempo que duró el transbordo hicimos bastante y buena amistad. Me contó que el hecho de saber francés le permitía enterarse de mucha información que se cruzaba entre los pesqueros franceses y por supuesto de la cruzada entre los españoles. Cuando en aquellos años los buques no disponían de la gran tecnología de que hoy disponen, la información que podían recoger de otros barcos era primordial y naturalmente esta información era a base de ejercer de espía de una forma continuada las 24 horas del día, intentando interceptar las comunicaciones entre unos y otros con la intención de saber dónde aparecían las manchas de atunes. También me explicó cómo se pescaba con el cerco de jarreta y el uso que se le daba a la embarcación auxiliar llamada panga. De las condiciones de temperatura del agua del mar para que pudiera darse la posibilidad de encontrar pesca, de los signos externos que se daban para poder localizarla y muchísimas cosas más, y como “secreto”. la posibilidad de usar pólvora (petardos) para hacer salir a la superficie cuando se suponía que el pescado estaba en el fondo. Según él, esta circunstancia se daba con mucha frecuencia en la desembocadura del rio Congo. Lo único que no me contó fue lo de la pesca “al objeto” porque aún no se había descubierto. Finalizado el transbordo salió a la mar y a los diez días estaba nuevamente abarloado al “Sierra Estrella”. No recuerdo si realizó una o dos salidas más, pero desde luego sí recuerdo perfectamente que en menos de un mes nos llenó el barco, unas 450  toneladas aproximadamente. Esta carga fue descargada en el puerto de Algeciras, para abastecer la fábrica de conservas Garavilla. De esta descarga recuerdo una anécdota graciosa; un periódico local publicó en las reseñas de movimientos portuarios la siguiente nota: Se encuentra en puerto el buque frigorífico “Sierra Estrella” descargando un cargamento de “tunecinos” congelados…y el cronista se quedó tan pancho.
También efectué varios viajes entre Arrecife de Lanzarote y Algeciras para transportar el atún que los barcos cañeros pescaban y vendían directamente a la factoría de Garavilla en Arrecife, ya que ellos controlaban a la flota bermeana  que se desplazaba a la zona de Canarias.
Pero el verdadero boom del atún comenzó cuando varias compañías de Bermeo empezaron a sacar barcos para la pesca de cerco. Recuerdo principalmente a Echebastar, Pevasa y los Albacoras. Toda esta flota se iba desplazando a lo largo de la costa africana de acuerdo con la época del año, montando bases en puertos que empezando por Dakar se proyectaban hacia el sur: Freetown, Abidjan, Punta Negra. Incluso recuerdo que se efectuaron algunos transbordo en el puerto de Mossamedes en Angola. En todos estos puertos citados se efectuaban los transbordos para transportar la pesca a los sitios más dispares, unas veces a Italia, otras a España, muchísimas veces a Puerto Rico (Mayagüez y Ponce), todo dependía del mercado y el mercado aunque parezca mentira estaba controlado por los italianos.
Yo, la pesca del atún la consideraba la pesca de la paciencia, a diferencia de la de arrastre que puede ser considerada la de la constancia. A esta conclusión llegué después de pasarme días y más días fondeados en Abidjan esperando que los atuneros tuvieran la suerte de encontrar los deseados atunes. En Abidjan se concentraba la mayor parte de la flota; a la mañana los patrones de pesca se reunían en la oficina que el agente tenía en el puerto y allí esperaban noticias de la batida que efectuaba la avioneta que tenían contratada, en la cual, además del correspondiente piloto iba acompañado de un patrón de pesca que era el responsable del ojeo. Este sistema lo consideraban más rentable que tener a toda la flota paseándose de un lado para otro. La avioneta tenía una autonomía de unas cuatro horas, lo cual le permitía hacer un buen recorrido. Cada día se turnaba el patrón que acompañaba al piloto. Entre los patrones había de todo: finos, entrefinos……(como dicen los gallegos), había uno que ocupaba el último escalafón del dicho gallego, que se negaba a montarse en la avioneta alegando que su órgano genital no entraba en el tubo que tenía habilitado en la cabina para poder evacuar la orina en caso de necesidad. Había otro bastante zoquete que le hicieron creer que en la compañía donde solían volar para hacer los relevos del personal, si pagabas un suplemento tenías derecho a roce con la azafata. Las mañanas de espera se pasaban de una forma entretenida como se puede ver De vez en cuando se organizaban buenas reuniones en casa del agente alrededor de un buen marmitaco que como se puede deducir lo solían bordar siendo de Bermeo la mayoría. Un punto de coincidencia que tenían muchos de éstos patrones es que habían hecho el servicio militar enrolados de marineros en el “Azor”; por lo visto D. Francisco seleccionaba a la tripulación pensando en la fama de los bermeanos como pescadores de atún.
Con el tiempo, cada año salían barcos más modernos y cada vez era más difícil encontrar pesca, la novedad en aquella época fueron los helicópteros que ayudaron bastante a solucionar el problema. La flota se expandió y una vez fuimos a Cumaná para realizar un transbordo a un barco que se había abanderado en Venezuela por la sencilla razón de que el combustible lo tenía más barato que el agua. Pero el transbordo fue un desastre porque los venezolanos no estaban acostumbrados a manejar esas piezas de pescado y la solución final fue que los marineros tuvieron que hacer la estiba. Más tarde pasamos el Canal de Panamá y entramos en el Pacifico donde ya había llegado buena parte de la flota atunera española, con barcos aún más modernos y provistos de helicópteros y de spidos, unas lanchas rapidísimas que se empleaban para llegar lo antes posible a las manchas de pescado detectadas con lo cual se consideraba  que tenía prioridad. Los transbordos los efectuábamos en la isla de Taboga (en las inmediaciones del Canal), en Vacamonte  y en el puerto ecuatoriano de Manta. Casi un año pasé llevando atunes al puerto de Mayagüez proveniente de la flota que operaba en el Pacifico. Hoy día hasta los helicópteros pasaron a mejor vida; con los medios tecnológicos que disponen ya no los necesitan. En el Índico, en las proximidades de las  islas Seychelles, opera la mayor flota atunera que uno se puede imaginar que yo mismo me recreo viéndolos en los videos que se publican.

Capitán A. de Bonis        

sábado, 22 de febrero de 2014

MIS RECUERDOS (V)

Una vez desembarcado del “Sierra Blanca”, donde di por terminado mis viajes de carga general, pasé al “Sierra Estrella” que -en aquel entonces- estaba experimentado una nueva línea de tráfico frigorífico entre el puerto de Huelva y el de Dakar (Senegal).
Exceptuando unos seis meses que estuve embarcado en el buque gasero “Sant Jordi” toda mi vida profesional (a partir de entonces) ha transcurrido en buques frigoríficos. Esta última y larga etapa (22 años) es la que, a partir de ahora, intentaré comentar en  mi recordatorio. Son muchos los años que ejercí la profesión en este ambiente y también son muchos los años (25) los que han transcurrido desde que dije adiós a los barcos, pero ha sido una vida tan apasionante que son muy pocos los recuerdos que actualmente se me escapan.
Exceptuando algunos viajes que hice con las bodegas repletas de cerdos, corderos, carne de vacuno e incluso de mantequilla, todos estos años los he dedicado al transporte de pescado, cargado casi todo directamente de los pesqueros. Transbordos  efectuados en los lugares más dispares y remotos que se puede uno imaginar, ya que Marítima del Norte no escatimó nada a la hora de prestar sus servicios y ayuda a la gran expansión de la flota pesquera española, que también significaba la suya propia.
No voy a explicar aquí como se carga el marisco, el pescado o las piezas de atunes, esto no tiene ningún misterio, aunque sí existen ciertas reglas o normas para que la carga sufra lo menos posible. Mi intención es contar algunas de las vivencias que durante el transcurso de todos estos años  que permanecí en continuo contacto con los profesionales de la pesca, me hicieron conocer mejor los sacrificios de esa profesión, y desde esa época jamás se me ocurriría  decir que el pescado es caro.
Todos los que hemos navegado tenemos una cosa en común que nos une, es el sacrificio que supone tener que apartarse de la familia para poder ejercer la profesión que nos gusta. A parte de esto, existe bastante diferencia en la profesión, dependiendo del tipo de barco en el cual se navegue y por supuesto dentro de la pesca también existen diferencias, dependiendo a qué tipo de pesca se dediquen.
Yo empezaré mi narración por los marisqueros que fueron los primeros con los que tuve contacto. Ya hace muchísimos años que las mal llamadas gambas de Huelva no son de Huelva, aunque los armadores y el personal que permanece embarcado en este tipo de barcos, continúe siendo preferentemente de Huelva, dándose al mismo tiempo la paradoja, que casi todos los patrones de pesca eran oriundos  de Lepe y alrededores, (al menos en aquella época), que conocían perfectamente el oficio a pesar de ser nacidos en tierras del interior, pero las familias se pasaban los secretos de la profesión de padres a hijos o sobrinos. Yo llegué a conocer a una familia bastante numerosa que todos era patrones de pesca y por cierto bastante buenos.
La flota de Huelva salía y volvía con las capturas efectuadas en la costa de  Marruecos hasta que tuvieron que buscar otros caladeros más lejanos y se plantearon la opción de pescar, transbordar la pesca y seguir pescando en los caladero sin tener que volver al puerto base (Huelva).  Fue en ese preciso momento, allá por el año 1965, cuando Marítima del Norte ofreció el servicio del “Sierra Estrella” y del “Sierra Espuña” para efectuar los transbordos a la flota marisquera  de Huelva que se encontraba faenando en aguas de Senegal, y así comenzó todo. No fue empresa fácil al principio. Los intereses de los Armadores no coincidían con los intereses de las tripulaciones que veían de esa forma cortadas las posibilidades de regresar a casa una vez finalizadas las capturas, como solían hacer hasta entonces. Hasta que se firmaron contratos de larga duración  con la obligación de efectuar relevos de personal cada cierto tiempo acordado  y estos acuerdos se llevaron a cabo, la situación fue muy tensa entre el personal y los únicos que verdaderamente estaban contentos con la situación creada eran los Patrones de pesca ya que suponía para ellos un elevado incremento en sus ganancias.
Poco a poco la situación se fue normalizando, la decisión de transbordar que en un principio dependía de los Patrones de pesca, pasó a  ser tomada conjuntamente con los Armadores en Huelva, ya que al decidir enviar pertrechos a sus pesqueros a través del mercante (los “Sierras”) se comprometían a que sus pesqueros efectuaran los transbordos. Al comienzo la capacidad de carga frigorífica  de cada “Sierra” era de aproximadamente 60 o 65 toneladas, en poco tiempo esto resultó insuficiente ya que Armadores de otras zonas diferentes a Huelva empezaron a enviar sus barcos a la zona de Dakar ante la perspectiva de poder efectuar transbordos y Marítima del Norte no dudó un instante para reconvertir sus tres barcos: Estrella, Espuña y Escudo en frigoríficos totales con una capacidad de carga de 450 toneladas.
Dos años aproximadamente duró este tira y afloja, hasta que finalmente quedó consolidada la línea entre Huelva y Dakar. El numero de pesqueros que faenaban en aguas de Senegal aumentó de forma considerable, hasta tal punto que la Autoridad de Marina de Huelva, ante los problemas del personal que a veces se presentaban a tantas millas de distancia, “verbalmente” nos concedió poderes a los Capitanes que hacíamos la línea para impartir la disciplina que fuese necesaria.
La llegada del mercante a Dakar, que en un principio era visto con malos ojos, al final se convirtió en una pequeña fiesta, ya que significaba poder recibir paquetes enviados por los familiares, correspondencia, pertrechos, víveres…, los pesqueros abarloaban al mercante con cierta alegría e incluso nos traían gambas del último lance, ya cocidas en agua de mar, para obsequiarnos de su mejor manera posible; también nos obsequiaban regalándonos esas bocas y pechos que actualmente alcanzan en el mercado unos precios desorbitados y que en aquella época era una mercancía que pertenecía a las tripulaciones, que justamente aprovechaban el mercante para enviárselo a sus familiares que a sus vez lo vendían particularmente en Huelva. Este tipo de marisco se empezó a consumir en España por primera vez en un famoso bar de Huelva llamado “En la esquinita te espero”. ¡Quien no lo recuerda!
Hasta la Iglesia se dio cuenta del auge que adquirió la flota pesquera en aguas de Senegal y no quiso perder la oportunidad de hacer catequesis en aguas tan lejanas; fue el Arzobispo de Huelva, el entonces Cardenal Cantero Cuadrado, quien se embarcó un viaje en uno de los “Sierras” para poder hacer una visita a sus feligreses pescadores que se encontraban en Senegal alejados de la mano de Dios. El viaje resultó un éxito desde el punto de vista mediático, ya que el Stella Maris de Huelva  lo preparó concienzudamente recopilando cintas grabadas a familiares de los pescadores, y que estas cintas fueron oídas a medida que los pesqueros entraban en Dakar para efectuar los transbordos, todo resultaba muy emocionante, se vieron derramar lagrimas a muchos tripulantes emocionados al poder escuchar las voces de sus familiares queridos.
El Stella Maris de Huelva trabajó de lo lindo en esa etapa difícil, procurando el bienestar de las tripulaciones, luchando por los derechos sociales de tantísimos tripulantes que de la noche a la mañana se habían visto “casi” obligados a emigrar con la nueva situación creada al tener que ejercer su trabajo en unos caladeros tan lejanos. Mi opinión muy personal sobre la mayor parte de los descontentos que se creaban, es que la flota no reunía las condiciones necesarias para que las tripulaciones pudieran hacer su trabajo de una forma digna. El trabajo era agotador, realizado en unas condiciones climatológicas altamente calurosas a la cual no estaban habituados y que les hacía casi imposible poder descansar; ésto unido a que los Armadores no cumplían rigurosamente los contratos en cuanto a relevos se refiere, hacía que a veces se crearan situaciones verdaderamente desagradables. Hubo un momento en que el ambiente estuvo bastante enrarecido. El Stella Maris creyéndose responsable del bien y del mal que pudiera darse en la zona y creo que de acuerdo con los sindicatos, editó una revista llamada “EL CAMARON”, que los Armadores consideraron subversiva  y contraria a sus intereses. Como esa revista llegaba a aguas de Senegal a través de los “Sierras”, algún que otro Capitán tuvo que limar asperezas con los Armadores aunque, al final, todo se resolvió sin problemas.
Mi trato con los Patrones siempre fue bueno; verdad es que había que tener mano izquierda en algunas ocasiones, porque no siempre era posible cumplir con el calendario previsto de transbordo y si ellos consideraban que no se les daba el mismo trato sin una razón justificada, podría haber malos entendidos, pero ése nunca fue mi caso. En la mayoría de las ocasiones, el momento en que venían al despacho para formalizar los transbordos y firmar las hojas de embarque, era como una especie de confesionario; basándome en esas confesiones, llegué a conocer a las personas más profundamente, con algunos intimé más que con otros, pero de todos cuantos traté guardo un grato recuerdo.
Los problemas a la hora de firmar nuevos acuerdos de pesca con las autoridades senegalesas, obligaron a buscar nuevos caladeros. La flota había continuado aumentando de forma considerable, parte de ellos quedaron pescando en Senegal, otros se fueron al golfo de Guinea y la mayoría buscó y encontró nuevos caladeros en aguas de Angola.
Los caladeros de Angola eran los más fructíferos, allí se concentró la mayor parte de la flota marisquera, fue como un volver a empezar, pero esta vez los transbordos eran obligatorios por la lejanía de los caladeros con respecto a Huelva y la necesidad de recibir pertrechos que le permitieran seguir faenando. La pesca en Angola sufrió altos y bajos  debido a varias causas. Cuando la flota llegó a las aguas angoleñas, Angola era colonia portuguesa, poco tiempo después Portugal le dio la independencia y al poco de obtener la independencia se declaró la guerra civil que dividió al país en dos zonas. Las  nuevas autoridades establecieron épocas de veda, unos barcos hacían los transbordos en Luanda y otros en el puerto de Lobito que estaban dominados por facciones contrarias.  Todo esto creó cierta incertidumbre que con el tiempo se fue normalizando pero que nunca llegó a ser como cuando Angola pertenecía a Portugal. Al principio, recalar en Luanda o Lobito era lo mismo que llegar a cualquier puerto de Portugal, era disfrutar de la amabilidad, de las costumbres y de la buena mesa de nuestro país vecino. Una vez que Angola se independizó todo cambió radicalmente, las autoridades se volvieron muy exigentes, todo eran pegas y si a eso añadimos los inconvenientes que supone una guerra civil, resulta que recalar en Angola no resultaba nada atrayente ni suponía ningún placer.
Para los barcos que optaron en quedarse en el golfo de Guinea, los transbordos se efectuaban en el puerto de Duala. Un inconveniente que tenía esta zona, era que cuando se ponía el sol, empezaba a caer agua a mantas y no paraba hasta el amanecer. Por el contrario, durante el día todo era un sol abrasador que hacían peligrar los transbordos por temor a la descongelación. A trancas y barrancas se llevaban a cabo las operaciones siempre dejando a un lado las horas centrales del día que se aprovechaban únicamente para entregar pertrechos.
Yo alterné mis embarques en otros buques de la empresa que se dedicaban a otros menesteres: al transporte de atún y al transporte del pescado normal y cuando volví a embarcar en buques dedicados al transporte del marisco resulta que ya parte de la flota se había desplazado  a Mozambique, que había que doblar el cabo de Buena Esperanza para poderse comer un langostino con la etiqueta de Huelva. No sé por dónde andarán ahora, algunos que se cansaron de Mozambique se fueron a probar fortuna en aguas argentinas, allí encontraron el “gambón” que hoy en día abarrotan los supermercados españoles.
No quiero olvidarme de mencionar que tampoco el Gobierno español dejó pasar el fuerte auge de la flota pesquera española en aguas de África y abrió centros del Instituto Social de la Marina en Dakar y Luanda donde eran atendidas las tripulaciones tanto médicamente como socialmente.
Y ya está bien de tanto marisco, ahora que casi no lo pruebo es cuando tengo a menudo ataques de gota. Espero que cuando narre mis recuerdos de los atuneros no se me declare ninguna enfermedad relacionada con el mercurio.
¡Hasta la próxima!  

Capitán A. de Bonis
     


sábado, 8 de febrero de 2014

MIS RECUERDOS (IV)

Después de realizar algunos viajes a Cuba ocupando plaza de 1er Oficial en el “Sierra María”, desembarqué para disfrutar de unas merecidas vacaciones y a continuación hacer el cursillo de Capitán, esto ocurría allá por Septiembre de 1964. Me matriculé en la academia Santa María de Madrid y obtuve el titulo de Capitán en la primera convocatoria de 1965.  Durante mi estancia en Madrid se produjo el desgraciado accidente del “Sierra Aránzazu”, que fue atacado por anticastristas y donde murió el Capitán D. Pedro Ibargurengoitia junto con dos Oficiales cuyos nombres no concibo recordar. Este abominable hecho junto a la presión ejercida por EE.UU., que incluyó a todos los buques de la Compañía en una lista negra, hizo que la  Empresa reconsiderara su postura y desistiera de seguir manteniendo la línea con Cuba. Los tres buques que quedaban efectuando dicho tráfico: “Sierra Andía”, “Sierra María” y “Sierra Madre”, efectuaron un viaje más y de esa forma quedó cerrado el capitulo cubano.

Una vez finalizado el examen de Capitán, me incorporé como 1er oficial al “Sierra Aramo”, donde volví a coincidir con el Sr. Echevarría como Capitán. Él fue quien unos meses después me notificó que había recibido órdenes de la Empresa de desembarcarme porque tenía que hacerme cargo del mando del “Sierra Blanca” que se encontraba en Bilbao. Nunca podré olvidar que a mi paso por Madrid coincidí con mi padre, quien acababa de desembarcar del V. “ITA” y se dirigía a Málaga para disfrutar de una merecida jubilación, fue un día entrañable difícil de olvidar.
Como estaba previsto tomé el mando del “Sierra Blanca” en el puerto de Bilbao. Ya conocía el barco porque anteriormente había ocupado plaza de 1er Oficial estando al mando de D. Antonio Olondo Elorduy y además, también había estado embarcado en su gemelo “Sierra Banderas” durante algunos meses hasta que –desafortunadamente- se hundió en la entrada de la ría de Suances, cuando salíamos del puerto de Requejada después de haber tomado un cargamento de mineral para el puerto de Bremen. Por tanto, ni el tamaño ni el tipo de buque fueron una sorpresa para mí.
Cuando uno cursa la carrera de Náutica, lo lógico es, que la meta sea llegar algún día a mandar un buque, independientemente del tamaño de éste. En el momento en que se está saliendo por primera vez de puerto como Capitán, además de sentir cierto cosquilleo en el estomago y algo de temblor en las piernas, que nunca antes sentía, suelen pasar por la mente un sin fin de pensamientos que en cada caso será distinto, de acuerdo a como le haya ido su vida profesional hasta ese momento, pero creo no equivocarme si pienso que todos, al mismo tiempo que sentimos la inmensa alegría de haber culminado nuestro mayor deseo profesional, sentimos cierta incertidumbre por lo que está por llegar, por lo que nos deparará la vida a partir del momento en que te conviertes responsable de las vidas y de los bienes que te han sido encomendados. Es un momento inolvidable e inenarrable; para mí así fue.

En el “Sierra Blanca” tomé mi primer mando

El cosquilleo y el temblor de piernas, gracias a Dios me duraron bien poquito, muy pronto tuve que ponerme las pilas porque desgraciadamente a las pocas horas de salir de Bilbao se cerró en niebla, niebla que perduró hasta unas horas antes de llegar a tomar prácticos de Rotterdam. Mi bautizo como Capitán fue un bautizo en condiciones, difícil de olvidar.
Durante el tiempo que estuve al mando del “Sierra Blanca”, me pateé todo el Mar del Norte. La línea regular que tenía establecida la Compañía la cubrían cuatro barcos, que hacían escala normalmente en Hamburgo, Bremen, Ámsterdam, Rotterdam, Amberes, Pasajes, Bilbao, Santander Gijón y Avilés y alguno más que te podía tocar de improviso. Pues bien, esta línea tenía la modalidad de tener un buque “escoba”, que tenía la finalidad de entrar en todos estos puertos para recoger la carga que por falta de espacio no habían podido cargar lo buques titulares; la entrada estaba establecida obligatoria y teníamos que entrar hubiese o no hubiese carga. A veces era llegar y besar el santo y vuelta a salir. Lo peor de esta circunstancia es que siempre íbamos a menos de media carga con lo cual la travesía del Golfo de Vizcaya a veces resultaba bastante penosa. La parte buena de este sistema es que la Compañía nunca puso reparo a que entrásemos de arribada en el momento que lo consideráramos oportuno. La seguridad primaba por encima de cualquier otra circunstancia. Debido a lo cual, a parte de los puertos reseñados, conocíamos infinidad de rincones donde resguardarnos de los frecuentes malos tiempos tanto en la costa inglesa como en la costa francesa.
Después de una temporada haciendo de barrendero, me transbordaron al “Sierra Urbión” que iba a efectuar algunos viajes a Sudamérica, concretamente a Argentina y Uruguay, para transportar maquinaria destinada al montaje de ingenios azucareros. La descarga de toda esta maquinaria se efectuaba en los puertos de Buenos Aires, Ingeniero White, Puerto Belgrano cuando se trataba de maquinaria extremadamente pesada y en Paysandú la destinada a Uruguay. Era la primera vez que tenía contacto con puertos sudamericanos.
Para poder efectuar esos viajes, nos tuvieron que instalar una emisora de onda corta, recuerdo que fue un Furuno, no más grande que un maletín de mano, que me hizo perder muchas horas de sueño, ya que la única posibilidad de conectar con España era de madrugada y no siempre se conseguía; me salieron callos en los codos de tantas horas como le dediqué a intentar establecer contacto con Pozuelo del Rey.   De estos viajes guardo tres malos recuerdos. Un temporal que nos las hizo pasar canutas en el golfo de Santa Catalina (en la costa brasileña) debido a que llevábamos mucha maquinaría en cubierta difícil de trincar (sin daños que lamentar). Una embarrancada  en el rio Uruguay a pesar de llevar dos Prácticos a bordo y navegar en lastre ya que se había finalizado la descarga en Paysandú y de la cual salimos por nuestros propios medios, mientras las autoridades argentinas y uruguayas discutían a quien le correspondía dar el servicio de remolque solicitado.  El tercer recuerdo al que me voy a referir es más bien un caso anecdótico. Una vez finalizada la descarga y para no volver en lastre a España, la Compañía buscó y encontró un flete para transportar un completo de speller de lino desde un puerto argentino al puerto francés de Granville. El puerto argentino prefiero omitirlo y sólo diré que es un puerto pequeño y que se suele cerrar en caso de mal tiempo con mucha frecuencia. En ese puerto había una “Sala de Fiestas” (lo que vulgarmente llamamos un puticlub) regentada por una catalana, que según las malas lenguas estaba liada con el Capitán del puerto. Tres días estuvimos con el puerto cerrado sin poder salir a la mar. Hasta que la tripulación del “Sierra Urbión”  no se dejó el último centavo en la Sala de Fiestas no dieron las órdenes pertinentes para podernos hacer a la mar. Recuerdo perfectamente los comentarios que me hacía el 1er Oficial  que se lo pasó bomba con todo este jaleo, era un solterón empedernido muy dado a pasárselo bien en ese tipo de ambiente. En nuestro viaje de regreso nos cogió bastante julepe ya cuando nos encontrábamos en el golfo de Vizcaya que nos motivó un pequeño corrimiento de carga, la escora producida la pudimos compensar con los tanques de lastre y sin más novedad arribamos al puerto de Granville,  situado muy cerca del famoso Monte Saint Michel, donde tuvimos la ocasión de apreciar el gran efecto de las mareas en aquella zona. Entrabas en puerto con la pleamar, cerraban la compuerta  y pocas horas después no encontrabas la mar por donde habías navegado. Una amplitud de marea parecida solo lo recuerdo en el estrecho de Magallanes.
Después de realizar algunos viajes más hasta la entrega total de la maquinaria contratada, el “Sierra Urbión” volvió a su ruta normal del Mar del Norte, y a  mí me transbordaron al “Sierra Estrella”, un buque mixto con una pequeña bodega frigorífica de aproximadamente 120 m3, que junto con sus gemelos “Sierra Escudo” y “Sierra Espuña” había construido la Compañía en astilleros de Bilbao, y creo que nunca se llegaron a imaginar que ese era el inicio del gran cambio experimentado por Marítima del Norte en los años siguientes, durante los cuales, todo lo que se construyó fueron buques frigoríficos, los de carga seca se reconvirtieron en frigorífico y Marítima del Norte se convirtió en la Compañía más fuerte en España en lo que a transporte frigorífico se refiere. Durante muchos años se prestó servicio de transbordo a toda la flota pesquera española que faenaban en aguas extranjeras, a los marisqueros en Senegal, Guinea, Angola, Mozambique y Argentina, a los merluceros que se encontraban en Sudáfrica, Argentina , Chile y las Malvinas a los atuneros que se encontraban en el Pacífico, Atlántico o Índico.  A todos ellos se le prestó no solo servicio de transbordo sino de avituallamiento y combustible que se les llevaba desde España, facilitando su trabajo y contribuyendo de una forma imparable a la gran expansión que durante algunos años experimento la flota pesquera española.
 “Sierra Estrella”
De lo único que no puedo hablar es de los bacaladeros, ese tema se lo transfiero a mi querido amigo Sergio Reyes, Capitán de Pesca, que lo sabe todo sobre el bacalao y que lo prepara espléndidamente. ¡Avante cuando quiera!                       

Capitán A. de Bonis 


sábado, 11 de enero de 2014

MIS RECUERDOS ((III)

  Como narraba en mi recordatorio anterior, desembarqué del “Rita García” en el puerto de Valencia y me trasladé a Bilbao para embarcar en el “Sierra Urbión”, moderna motonave perteneciente a la Compañía Marítima del Norte.  Llegué a Bilbao un sábado y el buque tenía prevista la llegada para el domingo al mediodía, circunstancia que aproveché para darme un garbeo por Bilbao, ciudad y puerto que solamente una vez había visitado estando embarcado en el V.”Norte” para descargar azufre.

El domingo, a la hora justa, me encontraba en el muelle de Mendizorroza para presenciar la llegada del “Sierra Urbión” y presentarme a bordo como tenía ordenado. Cuando lo vi atracado al muelle me dio un pequeño vuelco el corazón  ya que su tamaño comparado con el buque que había dejado en el puerto de Valencia era bien patente, eso sí, el “Sierra Urbión” era una motonave moderna y toda recién pintadita que entraba por los ojos.  La tarde del domingo la empleé en ponerme al tanto de  mi futuro cometido como segundo oficial, de la mano precisamente del oficial que era relevado, que por cierto me lo puso muy crudo y me hizo pensar que yo iba a durar allí menos que un caramelo en la puerta de un colegio. Lo primero que me hizo saber fue que yo hacia el número trece de los segundos oficiales que habían cubierto la plaza en los dos años que el “Sierra Urbión” llevaba navegando, lo cual te hacía pensar muchísimas cosas, amén de que todo el tiempo transcurrido de mi vida profesional jamás había tocado la carga general, y ya hacía diez años que había dejado a un lado la poca teoría de estiba que se aprende cuando se estudia la carrera. Daba la coincidencia de que también embarcaba por primera vez el 1er Oficial Antón Aurre, que tampoco tenía idea de carga general ya que anteriormente había estado embarcado en la Naviera Vizcaína y a la cual pensaba volver. 

"Sierra Urbión"
El Capitán del Sierra Urbión era D. José Manuel Echevarría Bengoa, como otros capitanes de la compañía, habían pertenecido a Ibarra y por consiguiente estaba bastante impuesto en lo que a carga general se refiere. Le bastaba con leer la lista de carga para casi con los ojos cerrados decir esta partida en el entrepuente del uno… esto para el dos… y así sucesivamente. Nosotros, los dos neófitos, nos quedábamos con los ojos abiertos al ver la rapidez con la cual resolvía cualquier problema de estiba.
El hecho de que le embarcasen dos oficiales al mismo tiempo sin experiencia en carga general, no creo que le sentase muy bien, pero posiblemente estaba hasta la coronilla de estar cabreado por la misma razón, que pensó tomárselo por las buenas y decidió tener paciencia con los dos “marrones” que le habían colocado y trasladarnos toda su sabiduría en la materia. El caso es que yo permanecí quince meses seguidos ocupando la plaza de segundo oficial y el primero que embarcó al mismo tiempo que yo, permaneció casi un año, porque como expliqué anteriormente volvió a embarcar en la Naviera Vizcaína. Todo un record hasta ese momento en el “Sierra Urbión”. Tiempo que el Capitán Echevarría aprovechó de forma sobresaliente para trasladarnos todos sus conocimientos adquiridos durante los muchos años que ocupó plaza de primer oficial en la Compañía Ibarra.

Antes de entrar en materia, quiero decir que los primeros viajes los pasé canuta, mareao como una cuba. Acostumbrado a barco relativamente grande y con toda la acomodación en el centro, de repente embarcar en un buque pequeño con todo a popa donde el rebaneo de cuchara se hacía sentir en el estomago con el menor movimiento del barco  y para más inri el intenso olor a gasoil que se respiraba en cualquier rincón del barco, me hizo visitar más de una vez el alerón del puente para echar la pota como si de mi primer embarque se tratara. Gracias a Dios, mi estómago se fue acostumbrando poquito a poco y evitó que tuviese que tirar la toalla  como en más de una ocasión se me pasó por la cabeza hacer.

No pretendo dar lecciones de estiba ni de carga general, solamente explicar que, según mi parecer, era dentro de nuestra profesión una de los temas más apasionantes y difíciles de resolver. Cada viaje es diferente y por consiguiente los problemas que se presentan tienen diferente solución. Depende del tamaño del buque, de los puertos de carga y descarga, de la variedad de las mercancías que se suelen embarcar, y aunque parezca mentira hasta de las reglamentaciones internas de cada puerto en materia de estiba había que tener presente a la hora de programar el embarque de mercancías. Yo creo que durante los años que estuve haciendo viajes de línea regular entre el norte de Europa, norte de España y Marruecos he conocido toda clase de mercancía, desde maquinaría pesada hasta mantequilla, sin olvidar las mercancías peligrosas. Todo era como una  especie de puzle que había que ir encajando de puerto en puerto. Como nos hizo saber desde un principio nuestro capitán y profesor Echevarría, había varias reglas principales que había que tener en cuenta para hacer una buena estiba a parte de todo cuanto se estudiaba sobre la materia en las Escuelas de Náutica. Era conocer perfectamente cada rincón de la bodega, la cubicación por cuarteladas, el factor de estiba de cada mercancía y no perder nunca de vista el centro de gravedad. Todo ello con el propósito de evitar las remociones de carga que suponían un coste añadido, la agilidad para acelerar los movimientos de carga y descarga y sobre todo la seguridad del buque. Sobre este último punto hacía mucho hincapié, ya que desgraciadamente en la Compañía ya se había dado el caso del hundimiento del “Sierra Bermeja” por una mala estiba, producido frente a Cabo Machichaco precisamente en una mala noche de Navidad.
 
Sierra Bravía
En carga general recuerdo que la figura del bodeguero era sumamente importante. Las bodegas de los barcos siempre han tenido un parecido a las cuevas de Alí Babá, y dependía de las cuadrillas que entraban que el número de ladrones fueran más menos cuarenta, pero desde luego todos tenían buenísimas intenciones. El bodeguero se encargaba de evitar en lo posible que los robos fueran mínimos, pero su cometido principal era que los estibadores cumplieran a rajatabla las órdenes del oficial encargado de la estiba, de rellenar todos los huecos debidamente, de no sobrepasar los límites asignado a cada partida, que se respetaran los pasillos de ventilación si fuesen necesarios……

Nuestra línea regular fue ideada principalmente para sacar las naranjas de la región del Lucus (Marruecos) hacia Alemania. Iniciábamos el viaje en el puerto de Tánger donde completábamos el cargamento  rellenando los entrepuentes de naranjas con destino al puerto de Hamburgo. Una vez descargada la naranja se iniciaba el viaje de vuelta, teniendo en cuenta que el viaje se realizaba con las escala en Rotterdam, Amberes, Bilbao, Ceuta, Kenitra, Casablanca y Tánger para volver a empezar  y que prácticamente toda la carga embarcada en Europa era para ser descargada en el puerto de Casablanca, algo de maquinaria para el puerto de Bilbao y muchas balas de papel para Kenitra.

De los puertos que regularmente tocábamos Hamburgo era el más pesado y trabajoso ya que nos hacían efectuar muchos movimientos y cambiar de muelle con mucha frecuencia y, si la carga estaba toda lista para embarcar, se trabajaban tres turnos al día sin parar, cosa que nos complicaba bastante la vida ya que nuestra oficialidad era bastante mermada y nadie se quería quedar sin poder visitar por lo menos una vez el barrio de Sant Pauli. El segundo puerto de escala era Rotterdam, la única atracción que tenía era la visita al Stella Maris del padre Adriano para compartir algunas cervezas con viejos conocidos. El trabajo en este puerto se realizaba siempre de una forma muy seria y profesional, todo muy bien programado y sin sobresaltos. Y para rematar la faena nuestra última escala era Amberes, la preferida, el ambiente de la ciudad era el más parecido a cualquier ciudad española y desde el punto de vista profesional pienso que Amberes era para nosotros un oasis en el desierto, la profesionalidad de los estibadores era fabulosa, contábamos con un capataz que estaba dispuesto para resolver cualquier problema de estiba que se presentase, su competencia profesional nos ayudó muchísimo, aún recuerdo su nombre: Albert.

Desde Amberes salíamos hacia el puerto de Bilbao, normalmente el único del norte de España, donde nos preparábamos para adentrarnos en la jungla de Marruecos. Casablanca era el puerto básico de descarga en Marruecos ya que la mayor parte de la carga embarcada estaba destinada a ser desembarcada allí. Nuestra estancia en Casablanca solía ser de una semana aproximadamente y había que tener los nervios muy templados para no morir en el intento. Aquello era un verdadero caos, una lucha constante que empezaba a las siete de la mañana cuando entraba a bordo el primer estibador y finalizaba por la noche cuando salía el último. Había que doblar el servicio de bodegueros porque los estibadores tenían un don muy especial de querer saber cuál era el contenido de cada caja que había en la bodega y si comprobaban que les servía para algo, para eso estaba la chilaba. No se daba abasto en este sentido. Los problemas surgían al final de la jornada cuando había que cuadrar las notas de carga y descarga de los apuntadores que nombraba la Compañía y los anotadores oficiales que designaba la autoridad portuaria, nunca coincidían y el problema se trasladaba a la hora de confeccionar los conocimientos de embarque, que todos estaban llenos de observaciones con el fin salvar la responsabilidad por todos los robos que se cometían.

El peor caso que se me ha presentado en este sentido lo tuve en el puerto de Cádiz, no era necesario ir a Marruecos para toparse con el mismo problema. Atracamos en el muelle franco para tomar una partida de Nescafé de más o menos cien toneladas, toda la carga venía muy bien presentada en pallets y aparentemente en perfecto estado, hasta que un bodeguero comunicó que la mayoría de la cajas al ser pasadas del pallet a la bodega se mostraban que habían sido abiertas y que les faltaba parte del contenido. Ese robo había sido producido en el almacén que se supone estaba bajo la vigilancia de la aduana.
 "Sierra María"
Después del “Sierra Urbión”, estuve embarcado como primer oficial en el “Sierra Banderas”, “Sierra Blanca” y “Sierra María”. En los dos primeros haciendo línea entre el norte de Europa y norte de España. En el “Sierra María” volví a coincidir con el Capitán Echevarría, esta vez haciendo viajes a Cuba. En estos viajes a Cuba, el puerto principal de descarga era La Habana y la carga que se transportaba era la más variopinta que se puede uno imaginar, embarcada no solamente en España sino también en puerto europeos. En Cuba cargábamos azúcar y tabaco para España. Precisamente recuerdo que uno de los viajes que cargamos azúcar para el regreso, nos costó muchísimo hacer desaparecer el fuerte olor a ajos que tenía una de las bodega cuyo entrepuente había sido cargado con ajos en Bilbao para la Habana. Cargamento que en realidad no llegó a ser consumido en Cuba, pues una vez descargado del “Sierra María” y tras pasar por un almacén intermedio era cargado directamente en un barco ruso. Los negocios siempre han tenido la misma cara sucia de siempre. Recuerdo que en Barcelona estábamos embarcando una partida de alubias para La Habana, y en el mismo puerto le daban la vuelta a los sacos porque la procedencia verdadera era de Estados Unidos y así constaba en la rotulación de los mismos. Historias de estas o parecidas hay para escribir un libro. Quiero terminar mi relato de hoy, diciendo que la línea regular con Cuba, que tanto nos gustaba y que tan buen rendimiento económico le proporcionaba a  la empresa, se suspendió tras el ataque sufrido por el “Sierra Aránzazu” por fuerzas anticastristas salidas de un lugar próximo a la base de Guantánamo, y donde desgraciadamente fallecieron el Capitán y dos oficiales. En Septiembre de 1964 desembarqué del “Sierra María” para hacer el curso de Capitán, objetivo que cumplí en el mes de Febrero de 1965 y ya pasamos a otra historia.

                                           Capitán A. de Bonis Macías    

jueves, 28 de noviembre de 2013

Mis recuerdos (ll)


Después de narrar todo lo que recordaba sobre el V. “Norte”, la Astur Line, y el transporte de carbón, me cambio el chip y empiezo a buscar en el baúl de los recuerdos lo que pueda ser aprovechado de mi estancia a bordo del V. “Rita García”, que fue el segundo barco que pisé en mi vida profesional.
El “Rita García” fue construido en el Reino Unido en 1922, era unas mil toneladas mayor que el “Norte”, si mal no recuerdo desplazaba 6980 tons., y era un poco más moderno ya que el “Norte” fue construido igualmente en el Reino Unido pero en el siglo anterior, pero la única diferencia entre ambos -técnicamente hablando- es que el Rita tenía Gonio y que consumía fuel y no carbón. Era un barco solido como todos los construidos en aquella época. Tenía una eslora de 109 metros, con cuatro bodegas destinadas a carga y una adicional en el centro que en principio era para carboneras y que cuando en su día se le habilitó para quemar fuel, que era almacenado en los tanques de lastre, esta bodega adicional  se convirtió igualmente en bodega de carga.

Mis últimos cinco años en el “Norte” ocupé plaza de 1er Oficial; cuando transbordé al “Rita García” lo hice ocupando plaza de tercero, económicamente no salí perjudicado ya que con mi nuevo buque hacía viajes al extranjero y esto suponía unos sobordos del 4% aparte de que la carga era mayor y los fletes más altos. Pero profesionalmente el cambio fue muy grande, pues significó pasar de ser una persona con cierta responsabilidad profesional a considerarme un  bicho muerto, un inútil, pero esta sensación no era motivada por ocupar la última plaza en el escalafón de la oficialidad, ya que lo mismo hubiera sido de ocupar otra cualquiera. Pero incluso hoy día, después de tantos años, me da vergüenza manifestar que jamás me he sentido más humillado profesionalmente que en aquella época, los oficiales poco contábamos en el Rita; solamente el primero tenía algo que decir y los demás solamente nos dedicábamos a efectuar las guardias de mar, a contar sacos cuando la carga era ensacada, a tener preparadas las listas de tripulantes a nuestra llegada a puerto y poco más.

El Rita como cualquier buque de aquella época construido en el Reino Unido, disponía de una cámara de oficiales espaciosa hecha con maderas preciosas. Esa cámara estaba destinada exclusivamente para uso y disfrute del Capitán y del Mayordomo, que eran quienes ocupaban los camarotes que a babor y estribor daban a la cámara, como cámara habitual se había habilitado en el entrepuente un habitáculo que llamábamos el tranvía, donde se comía y donde nos reuníamos los oficiales. En la cámara principal se solía recibir a las autoridades a la llegada a puerto, pero tanto el 2º oficial como yo, esperábamos fuera a que el Mayordomo que  servía de enlace con el Capitán saliese y nos pidiese la documentación necesaria, nosotros no pasábamos  del pasillo que daba entrada a la Cámara. Eso ya muestra a mí entender lo poquísimo que nosotros los oficiales éramos considerados como tales en el “Rita García”.

El Capitán se llamaba D. Florentino, Floren para su mujer. Nacido en Vizcaya, si mal no recuerdo en el pueblo de Elanchove  o sus alrededores. Cobraba 5 quinquenios, solamente le ganaba el Jefe de Máquinas (D. Luis) que cobraba seis. No sé exactamente, si ese número de quinquenios es lo que le daba fuerzas para considerarse un ser superior, pero el hecho cierto es que los oficiales poco o nada contábamos. A pesar de sufrir un grave tic nervioso, promovido según contaban, por los sobresaltos y angustias vividas durante la segunda guerra mundial, que incluso le impedía comer un plato de sopa con normalidad, en el momento de realizar las observaciones para situarnos, las únicas que se tenían en cuenta eran las suyas, ni siquiera por consideración a los demás admitía que se promediara. El colmo de su ego llegaba a que nadie más que él estaba capacitado para manejar los manguerotes de ventilación de las bodegas, y se pasaba todo el viaje manipulándolos de acuerdo con los cambios de viento. En resumidas cuentas, un señor muy particular con el que conviví un año aproximadamente.
El Rita, durante los últimos años antes de producirse mi embarque, se dedicó principalmente al transporte de fertilizantes, primordialmente a traer nitrato de chile, pero el elevado coste que supuso el paso del canal de Panamá por la devaluación de la peseta en 1959, y el  fracaso que supuso hacer un viaje por el estrecho de Magallanes hicieron desistir al Armador de mantener esos viajes. Fue a partir de entonces que se empezaron a realizar viajes entre Europa y el continente americano para transportar igualmente fertilizantes, indistintamente de un lugar a otro, unas veces a granel y otras ensacados. Durante mi estancia en el Rita aún no había salido la nueva reglamentación para el transporte de granos, eso ocurrió en el año 1965, precisamente cuando yo estaba pasando el examen de capitán. Debido a esas circunstancias, de la estiba de granos poco puedo contar, siempre se hacía como habíamos estudiado en la escuela de Náutica, se llenaban las bodegas y con palas al igual que el carbón se allanaba la superficie y se terminaba la estiba con  unas andanadas de sacos para evitar el corrimiento de la carga. En ese caso, nosotros los oficiales poquísimo trabajo teníamos. Si el cargamento era en sacos, los días que duraba la carga no los pasábamos en el muelle contando las lingadas de sacos, hiciera frio o calor; claro está que la novatada la pagas una vez, con el tiempo y la veteranía siempre se encuentran recursos para que ese trabajo resulte más llevadero. Solamente un viaje cambiamos la carga y no llevamos fertilizantes, hicimos un cargamento de lingotes de hierro en el puerto de Avilés con destino al puerto de Mariel en Cuba. En Mariel nos eternizamos en la descarga de los lingotes (que ellos llamaban cochinillos). Si mal no recuerdo fueron dos semanas lo que se emplearon para efectuar la descarga. Tiempo precioso que el Mayordomo empleo para abrir su chiringuito (con el beneplácito de la Aduana) y que todo el pueblo de Mariel pudiera degustar los productos españoles. Recuerdo las buenas trompas que se cogieron muchos cubanos bebiendo coñac mezclado con sidra, bebida que ellos denominaban España en llamas, todo eso aderezado con chorizo, morcilla y toda suerte de embutidos. Nuestro Mayordomo era un entendido en manejar al personal aduanero y siempre llevaba una gambuza bien repleta dónde no solía faltar de nada.

Después de descargar los lingotes en Mariel, nos fuimos a Tampa para volver a cargar fertilizantes con destino a Europa. Allí vivimos una pequeña odisea, de película americana. Los hijos del tío Sam, no conformes con todos los impedimentos que nos pusieron a nuestra llegada porque procedíamos de un puerto cubano, nos dieron un susto de muerte los hijos de su madre. Resulta que después de cenar decidimos dar una vuelta por la ciudad toda la oficialidad junta, incluido el Capitán, para lo cual solicitamos un taxi ya que la ciudad estaba a gran distancia. En taxi íbamos cuando oímos sirenas por todos los lados, allí se presentaron varios coches de policías que nos rodearon por los cuatro costados y nos hicieron bajar del taxi, y al mejor estilo americano nos pusieron con las manos sobre el techo del taxi, las piernas abiertas y nos cachearon hasta los zapatos.

Poco me queda ya que recordar que sea digno de mención sobre mi embarque en el Rita, aunque como colofón muy bien puede aplicarse lo siguiente: Nos encontrábamos descargando en el puerto de Rotterdam, y como buen marino español con poco dinero en el bolsillo, estábamos pasando la tarde –noche en el Stella Maris del recordado padre Adriano. Allí apareció mi gran amigo Rafael Lara que estaba embarcado en aquel entonces en un buque llamado “Cinderella”, y que se encontraban reparando en el puerto de Rotterdam. Después de contarnos las batallitas de los muchos años que hacía que no nos veíamos, me dijo que si quería embarcar con él tenía la oportunidad de hacerlo ya que la plaza de tercer oficial estaba vacante. Al día siguiente me presente en el astillero para hablar con el Capitán del “Cinderella”; ya Rafael había hablado con él y no tuvo ningún problema en aceptar mi petición. Yo estaba decidido a cambiar porque en aquel entonces la diferencia económica era bastante grande. Volví al “Rita García” para hacerle partícipe a don Florentino de mis deseos y su negativa fue rotunda. No había tiempo para que la empresa enviara mi relevo y en cualquier caso yo tendría que sufragar todos los gastos que se produjeran.  Mi cabreo fue enorme en aquel momento pero con el tiempo le di gracias a Dios de que las circunstancias se hubieran desarrollado de aquella forma, ya que durante el viaje de regreso a España recibí un telegrama de Marítima del Norte, ofreciéndome plaza de 2º Oficial en el “Sierra Urbión” con embarque inmediato en el puerto de Bilbao. Esta vez don Florentino no podía oponerse a mi desembarco y así lo hice a nuestra llegada al puerto de Valencia. Toda mi vida profesional hubiese sido distinta si aquel día en Rotterdam me hubiera dicho “SI”.

 En Marítima del Norte he desarrollado el resto de mi vida profesional hasta mi retiro en 1988.        

  Capitán Arturo de Bonis