miércoles, 11 de noviembre de 2015

ÁFRICA TEMA Nº SIETE

Aquí estamos nuevamente, ya metidos en el tema nº siete y la verdad es, que he intentado cambiar el chip, pero después de tanto tiempo bregando con todo lo que queda atrás, cuesta un poco efectuar el cambio y no sé si lo habré conseguido plenamente. Partiendo del último puerto angoleño, Tombwa, enseguida se alcanza la costa de Namibia donde se encuentra Walvis-Bay, próximo puerto de destino.

Nunca se me hubiera pasado por la cabeza que mi vida profesional, sin ser pescador, fuese a estar tan ligada con la pesca como así ha sido en realidad, ya que desde 1965 hasta 1988 me los he pasado corriendo detrás de los pesqueros, primero de los marisqueros, después de los atuneros, por último de los merluceros, solamente me ha faltado correr detrás de los bacaladeros, y como hasta tal punto no llegué, después de pasar a ocupar plaza de emérito, la vida me ofreció establecer estrecha y fuerte amistad con el Capitán de Pesca Sergio Reyes, el cual toda su vida profesional la pasó él corriendo detrás del bacalao; vaya una cosa por la otra. He aprendido, ya en secano, algo referente al bacalao, sobre todo las diferentes formas exquisitas como él lo prepara además  de pescarlos, gracias amigo Sergio.
En el alerón de babor

Sobre el año 1967, si la memoria no me engaña, apareció el boom de Namibia, allí se pescaba la rosada, especie desconocida en España hasta entonces y que hoy no falta en ninguna carta de los restaurantes dedicados preferentemente al pescado. Los pesqueros españoles aparecieron en Namibia atraídos por la posibilidad de efectuar buenas campañas de pesca, como en realidad sucedió, además de ser una especie muy aceptable como resultó ser la rosada. A esos caladeros acudieron numerosas compañías pesqueras, una de las más importantes fue Pescanova con un nutrido número de buques, capitaneados por personal muy experimentados ya que Pescanova había echado la red al personal de Pysbe que ya estaba por aquel entonces en declive. Nombró representante en Walvis y Ciudad del Cabo que hacían al mismo tiempo las veces de agentes, consignatarios e incluso de relaciones públicas. Por la parte del transporte frigorífico, Marítima del Norte hizo transformar los Sierrras: “Aramo”, “Andía” y “Aránzazu” de carga seca a carga frigorífica y desde ese momento todo cuanto construyó, fueron buques de este tipo y fueron muchos. Una de las líneas preferente fue Walvis, donde siempre hubo un “Sierra” dispuesto para cargar.

Pero vamos a navegar un poco. Zarpamos de Tombwa como narraba en mi tema anterior, después de bordear la costa, de lo poco que queda de Angola y rebasar el límite fronterizo con Namibia ponemos proa a Pelican-Point y navegamos prácticamente paralelos a la costa, una costa de la cual poco  puedo decir porque resultaba completamente inhóspita, solamente un poco antes de llegar a Pélican-Point se divisa un pequeño reducto de origen alemán que se llama Swakopmund - en aquel entonces muy poco poblado- y de no haber niebla, a esa distancia ya se divisaba el faro  de Pélican Point, nombre que le va perfectamente porque raras veces no se encuentra aquella zona poblada con bandadas de pelicanos y yo juraría que también he visto flamencos. De lo que no estoy muy conforme es con el nombre asignado a la extensa bahía que alberga al puerto, el de Walvis-Bay, ya que en las muchas veces que hice escala en Walvis, nunca vi una ballena por los alrededores. El único lugar donde he visto una congregación de este tipo de cetáceos ha sido en la Península de Valdés en Argentina cuando hacíamos escala en Puerto Madryn.

Se llega a la bahía y se fondea en espera del Pilot, esto ya me hacía pensar que estábamos de vuelta a la civilización, eso de entrar en puerto como perico por su casa  y fondear sin pedir permiso a nadie se había terminado. Habíamos pasado a otro mundo, todo muy reglamentado, yo diría que demasiado, pero en fin, si queremos ser civilizados hay que atenerse a determinadas reglas. Lo único que allí no cuadraba con la civilización era la rigurosa segregación a la que estaban sometidos los negros en aquella época. Pasada cierta hora de la tarde no se veía un “alma negra” por las calles, todos recluidos en sus correspondientes guetos, los únicos que podían transitar eran los que trabajaban en servicio, en las cafeterías , en los restaurantes..,  y que por lo visto estaban obligados a servir provistos de guantes blancos.

De las cosas que más me chocaron en Walvis fue su falso puritanismo. Las autoridades portuarias ejercían un firme control sobre todo aquello relacionado con el sexo, antes de llegar a puerto era necesario recoger y quitar de la circulación todas las revistas donde apareciese una mujer semi o desnuda por completo, la revista “Interviú” que era lo más normal en los barcos españoles (incluso en las casas), era severamente perseguida por los aduaneros en Walvis, estabas obligado a declararla y guardar en el sello durante la permanencia en puerto. Incluso los almanaques de pared y de bolsillo con los que los provisionistas de buques solían inundar los barcos para el  “ sustento” del marino y, que siempre solían mostrar alguna lindeza provista de una buenísima delantera, hasta éso era obligatorio de ponerlo a la sombra durante nuestra permanencia. En Walvis si querías algo que tuviese que ver con sexo tenías que ser invitado por la panadera que abastecía a los buques que -para regocijo de su clientela- solía proyectar películas porno en su domicilio particular, a eso nadie se oponía a pesar de ser de dominio público.

Las operaciones portuarias se ejecutaban de una forma correcta, bien cargando de almacén o de transbordo directo, los estibadores no intentaban meter mano en la mercancía porque sabían muy bien a lo que se exponían, en ese sentido no había ningún problema, nosotros nos limitábamos solamente a controlar las temperaturas del pescado embarcado y a que la estiba fuera la correcta.
El "·Sierra Gredos" y el "Sierra Luna" abarloados

Como mencioné anteriormente, el agente de Pescanova, en mi época: Sr. Jalón, también hacía de relaciones públicas. En Walvis no había muchos lugares de diversión a parte de un par de cafeterías donde solíamos ir a tomar un helado o un café, para de contar, entonces él llenaba este vacío invitándonos a su casa a tomar un refrigerio por las tardes después de la jornada de trabajo, recuerdo que solíamos jugar al ping-pong en su garaje y a veces, si la velada se prolongaba, su esposa Lola nos obsequiaba con una cena; todo muy agradable y de buenos recuerdos.

Como anécdota de este puerto, me cabe recordar que atracó un barco que transportaba helado, (nunca antes había visto cosa parecida), este buque entró en puerto porque sufría avería en su planta de congelación y aviso a todos los buques surtos en puerto para que fuésemos a coger todo el helado que quisiéramos antes de que se estropeara. Tuvimos helado de postre durante muchos días.

Dejamos el puerto de Walvis para dirigirnos al de Ciudad del Cabo, gran puerto donde las operaciones y la forma de actuar eran parecidas a las  del anterior, pero a mi parecer los nativos tenían más libertad, posiblemente al ser el número muchísimo mayor, fuese más difícil de controlar. Me extrañó bastante que las coyas de estibadores estuviesen formadas preferentemente por hindúes, que por cierto con bastante menos escrúpulos que los negros a la hora de meter mano a las cajas de pescado y, lo que no me ocurrió en ningún puerto de África, me sucedió en Ciudad del Cabo; entraron en mi camarote y me robaron dinero y toda la documentación, de lo cual tuve que dar parte a la policía y en el consulado español. Solamente he hecho una vez escala en este puerto y precisamente fue para hacer un transbordo a buques de Pescanova. Pocas cosas dignas mención aparte de recordar la facilidad de pescar langostas en el propio muelle, cosa que estaba terminantemente prohibido por las autoridades pero que algunos se lo saltaban a la torera. Para nosotros era más rentable comerlas en el restaurante dado su bajo precio, además cosa extraña para mí, se podía llevar libremente el vino ya que ellos no disponían de carta a pesar de los buenos vinos que existen en el país.

Desde aquí nos vamos para el océano Indico, porque para dar por terminado el tema de África tengo que navegar hasta el puerto de Beira, en Mozambique, en ese puerto terminan mis memorias sobre este tema porque de allí no pasé, pero sí que hice escala también en Maputo (antiguo Lorenzo Marques) y en Durban que son puertos intermedios.

Menos mal que al portugués,  Bartolomeu Días, se le ocurrió descubrir el cabo de Buena Esperanza, de lo contrario no hubiéramos podido llegar navegando hasta el Índico ni  nuestro insigne navegante Vasco de Gama que fue el segundo en pasar por aquellos mares hubiera podido continuar con sus famosos descubrimientos, lo que no tengo claro es porque le puso ese nombre de Buena Esperanza, allá él. Como es natural, la primera vez que tuve que doblar el famoso cabo, tiré del derrotero para hacerme una idea de cómo se comportaba por aquella zona la meteorología, ya que aparte de lo que recordaba de los vientos “peroides” de cuando cursé la náutica, nada más sabía, pero me olía que la cosa no era coser y cantar. Yo no he tenido “la suerte” de comprobarlo, pero cuando leí en el derrotero que se producían olas de 22 metros en ciertas condiciones de mar, vientos y corrientes, la verdad es que era para pensárselo. Siempre que he pasado por el Cabo, me he acordado de mi padre que navegó en el “Antonia Mambrú”, buque de vela, de cuatro palos y que hacía la línea entre España y Filipinas. Yo, la verdad es que en los muchos viajes que efectué a Mozambique, tuve de todo, malos, regulares y buenos tiempos, nunca tuve que enfrentarme a una mar arbolada, eso sí, navegando siempre con mucha precaución y atento a los continuos partes de meteos que emiten las emisoras de radio, incluso las comerciales. Después de rebasar Cabo de las Agujas, el más al sur de África, hasta Durban la navegación se hace muy pegado a la costa, naturalmente dependiendo del tiempo, se hace así para evitar la corriente que procede del norte y que corre paralela a la costa y a unas dos o tres  millas de ella.

Durban en nada difiere a Ciudad del Cabo y Walvis en cuanto a orden y reglamento portuarios se refiere. Nuestra entrada en Durban fue para descargar un completo de carne congelada que habíamos embarcado en Irlanda. La carne resultó ser más golosa que el pescado. Tuvimos bastantes problemas con los estibadores que cada uno quería llevarse su filetito para casa.

Durante nuestra estancia en Durban tuvimos un desagradable problema. Era un domingo por la mañana, no se trabajaba y todo estaba tranquilo en el muelle. De pronto aparecieron varios coches de la policía que venían a efectuar un registro a bordo porque habían recibido un chivatazo denunciando que, un miembro de la tripulación se dedicaba a atrapar palomas de las muchas que rondaban por los almacenes para meterlas a bordo, y alegaban que eso estaba completamente prohibido y por supuesto castigado. Yo que no tenía ni zorra idea de la acusación di permiso para efectuar el registro. Sabían muy bien de que iba la cosa porque se fueron directamente al grano. Se dirigieron a uno de los casetones  de cubierta que sirven para sostener las grúas, abrieron la puerta y efectivamente allí habían  por lo menos 20 o 30 palomas que, por cierto, ya tenían hecho una porquería el habitáculo. No fue necesario indagar por el autor de los hechos, el contramaestre se declaró culpable alegando naturalmente que desconocía por completo si aquello era delito pero sus alegaciones no fueron aceptadas, costó un par de horas de conversación amigable alrededor de una mesa provista de buen vino, tapas variadas y algunas botellitas de whisky y cigarrillos para llevar. De esa forma evité que se llevaran esposado al “jabato” que era el apodo en que se le conocía en la compañía por su buen hacer profesional. Sin más problemas finalizaron las operaciones de descarga y después de repostar combustible zarpamos con destino al Estrecho de Magallanes, valiente viajecito, en lastre, en mi vida he dado tantos pantocazos a pesar de haber navegado varias singladuras hacia el norte después de rebasar el cabo.

Parecía que nunca se iba a terminar, pero ya me quedan solamente dos puertos: Maputo y Beira y los voy a narrar como si fueran uno solo, los dos pertenecen a Mozambique, a los dos hemos arribado para efectuar transbordo de marisco. Siempre corriendo tras los pesqueros, que cuando decidieron echar las redes en los caladeros de Mozambique nos obligaron a darle la vuelta al cabo de Buena Esperanza y vuelta a cambiar el chip porque nuevamente nos encontrábamos en un país con las características de Angola, haciendo transbordos a marisqueros con una mentalidad muy diferente a los merluceros.

Tanto Beira como Maputo tienen entradas parecidas, muchos bajos que hay que sortear navegando por canales marcados por boyas, las cuales, en los tiempos que corrían no eran mucho de fiar por su mal mantenimiento y a veces colocación. Los Prácticos eran rusos, abordaban los barcos una vez pasados los mencionados canales y las maniobras de atraque siempre se efectuaban contracorriente y sin novedad. Maputo situada en la orilla occidental de la bahía es la capital de Mozambique y principal puerto comercial del país y Beira situada en la desembocadura del rio Pungue  es la segunda ciudad en importancia y segundo puerto comercial. Los transbordos se efectuaban indistintamente en un puerto u otro. Allí se encontraban pescando la flota de los Amasuas, Álvarez Entrena, algunos de Pescanova y otros independientes, los suficientes para llenar el mercante.

Yo hice bastantes viajes a la zona, prácticamente hasta que me jubilé y mis últimos recuerdos relacionados con mi vida profesional son justamente relacionados con estos viajes. Buenos recuerdos y regulares, como siempre hay de todo en la viña del Señor. Entre los buenos puedo contar que contribuimos a montar una escuela de hostelería en Maputo, transportando desde España todo el material y la maquinaria necesaria para poner aquello en funcionamiento. El director, español, procedía de una escuela de hostelería de Marbella y resultó tener amigos comunes. Fuimos invitados a la inauguración -mi esposa me acompañaba en ese viaje- y obsequiados con una cena en la que lo único destacable era estar animada por un concertista de piano nativo, que nos amenizó durante la misma, cenamos una sopa de afrecho y gallina, más no se le podía pedir a los cocineros, daban lo que tenían. Entre los buenos recuerdos también cuenta el haber encontrado allí a unos cooperantes españoles, marinos que se habían hecho cargo de la flota mozambiqueña y entre los cuales se encontraba un viejo conocido: Juan Zamora, él formaba parte de la tripulación del “Sant Jordi” cuando yo estuve al mando de ese buque. Aprovecho desde aquí para darle las gracias por la buena crítica que ha hecho sobre mi persona con ocasión del repaso dado al libro MIL AÑOS DE MAR. Junto con los demás cooperante fuimos invitado a su casa donde cenamos bastante mejor que en la escuela de hostelería y donde mi esposa fue obsequiada con una pulsera de marfil.

Entre los malos recuerdos, por qué no contarlo después de 27 años, están los abusos que cometían los pesqueros españoles, con el beneplácito del inspector de pesca de Mozambique, que era un portugués, en el pesaje de las cajas de marisco, Cajas que pesaban hasta treinta kilos, se contabilizaban por 20 para pagar menos canon de pesca. Para los efectos de flete, la compañía cobraba de acuerdo con el peso en el momento de la descarga en España, y nosotros nos cubríamos la conciencia con la famosa cláusula de los conocimientos de embarque en el que se hacía constar “ignoro peso y contenido”.

Y termino mis memorias africanas, espero que no se hayan aburrido con tanto transbordo, si pudiese, para compensarles les invitaría a una cervecita acompañada con unos langostinos tipo tigre que eran los que yo degustaba en mis viajes a Mozambique.

Muchas gracias por leerme y hasta otra ocasión.

Capitán A. de Bonis                    


domingo, 1 de noviembre de 2015

ÁFRICA TEMA Nº SEIS.

Hubo una época en que Angola tomó la determinación de prohibir la pesca en sus caladeros con el fin de darles un descanso y propiciar su regeneración, ya que la cantidad de pesqueros que operaban en sus aguas era tan grande, que de no hacerlo pronto estarían completamente esquilmadas. Lo gracioso era que los pesqueros rusos seguían pescando haciendo oídos sordos mientras que los españoles tuvieron que buscarse las habichuelas por otros caladeros. Se produjo una desbandada, parte de ellos optaron por dirigirse hacia las costas de Camerún y Gabón y así fue como -de la noche a la mañana- nos vimos obligados a establecer un nuevo lugar de transbordo, y ese sitio fue en Camerún, en Duala para ser más exactos, en la medianía de la desembocadura del rio Wuari, que es el rio que da acceso al puerto de Duala; no recuerdo exactamente  el nº de la boya, sí que era un sitio apropiado para dejar caer el ancla y que a pesar de la fuerte corriente del río y del gran número de pesqueros que por veces se encontraban abarloados a nosotros, nunca tuvimos problemas de garreo. No hay mucho que explicar referente al clima de la región, completamente tropical, húmedo y caluroso a más no poder, un gran inconveniente para efectuar nuestras operaciones de transbordos, que en situaciones parecidas lo solíamos hacer en horas de menor insolación, a veces incluso de noche, pero aquí resultaba completamente imposible ya que enseguida que se ponía el sol, comenzaba a caer agua de una forma descomunal, como si fuese el diluvio universal y no paraba hasta el amanecer, con lo cual el invento y las buenas intenciones se iban a la porra. Esta descarga de agua era ocasionada por nuestra proximidad al monte Victoria, un pico muy elevado que hacía tope a las nubes cargadas de agua que circulaban, quedaban paradas en sus laderas y allí descargaban lo visto y no visto. Según los derroteros, es uno de los lugares del mundo donde más agua cae.

El éxodo de pesqueros hacía esta zona fue tan grande que nos creó un gran problema. El “mercante”, (como solían llamarnos los pesqueros) salía de Huelva completamente cargado de pertrechos para los pesqueros y sin margen de espacio libre en las bodegas para poder iniciar las operaciones de carga del marisco, como se solía hacer siempre hasta el momento en que nos encontramos. Ante la dificultad creada con tanto pertrecho la compañía tomó la determinación de poner en la línea al único buque que le quedaba de carga seca: el “Sierra Blanca”, con lo cual desaparecía el problema. El “Sierra Blanca” transportaba los pertrechos y víveres que no necesitaban frío para su conservación y el mercante frigorífico el resto. La llegada a Duala se procuraba que fuese al mismo tiempo o con la menor diferencia posible y se daba orden de entrada a los pesqueros de acuerdo con la estiba que había realizado el “Sierra Blanca”. El pesquero abarloaba primero al frigorífico para descargar el marisco y después pasaba a tomar sus correspondientes pertrechos al “Sierra Blanca”, de esta forma todo era más sencillo. Nuestra única preocupación era el fuerte calor que no nos permitía tener las bodegas abiertas de una forma muy prolongada y los transbordos los limitábamos dejando un margen de descanso en las horas centrales del día y al llegar la noche ya sabíamos lo que nos esperaba, lluvia y más lluvia. De Camerún y de Duala en particular poco puedo contar, lo leído en los libros, que fue un mercado internacional de esclavos, colonizado por los portugueses, los alemanes y los franceses. Duala la capital económica del país mientras que Yaundee en el interior era la capital administrativa y sede del gobierno. Puede ser que por el hecho de ser la capital económica también fuese la capital de los ladrones, ya que una vez que tuvimos necesidad de fondear justamente en las proximidades de la ciudad, durante la noche nos desvalijaron el pañol de proa; lo único que nos dejaron fueron las anclas, una porque estaba fondeada y la otra me imagino  porque pesaba demasiado, ¡que elegancia robando!, el guardián supongo que estaría soñando con los angelitos, a veces pienso que es mejor que roben sin que se produzcan ataques violentos como lo que nos sucedió en Nigeria.



Y se dejó de transbordar en Duala, me imagino que por el elevado coste de la operación ya que suponía emplear dos buques en un mismo viaje y teniendo en cuenta que los pertrechos no pagaban flete porque era lo acordado en el servicio que se prestaba. Pero no lo sé exactamente, yo marche de vacaciones cuando me tocó el turno y cuando tuve la ocasión de volver a esa misma línea ya los transbordos se efectuaban en Pointe-Noire (Punta Negra), puerto y capital del Congo-Brazzaville, aquí no solamente se hacían transbordos de marisco amarrados al muelle (con más posibilidades de manejar los pertrechos) sino que también se hacían operaciones con atuneros franceses que tenían allí su puerto base durante algunas épocas del año. Recuerdo que mi último viaje a Punta negra fue para tomar un cargamento completo de atunes con destino al puerto de Concarneau en la Bretaña francesa. Durante esta operación recordé mi francés al mismo tiempo que tomaba el aperitivo de “pastis” en el pesquero que se encontraba abarloado y tomaba mi lección sobre la pesca del atún en versión francesa, como complemento de lo que ya sabía a través de los atuneros españoles. Los franceses tampoco perdían el tiempo, ellos intentaban sonsacarme información sobre dónde y cuanto pescaban los españoles.

Cuando digo “de los pesqueros que quedaban en la zona”, es porque en la época en que me sitúo, ya Angola había vuelto a abrir sus caladeros después de dos años de inactividad. Se habían firmado nuevos convenios de pesca y la flota pesquera española nuevamente podía faenar en aguas de Angola. Todo esto, cronológicamente hablando se desarrolla después de haber obtenido la independencia de Portugal y de encontrarse el país dividido por una guerra civil que complicaba un poco la situación y siempre pensando en qué solución final tendría aquel enfrentamiento. Pero vamos por parte, nuestra primera llegada a Angola tuvo lugar antes de la independencia, cuando parte de la flota que faenaba en Senegal decidió probar suerte en otras playas, no recuerdo exactamente el año, pero sí que los portugueses seguían gobernando el país después de un número infinito de años, teniendo en cuenta que llegaron a las costas angoleñas antes de que Colón descubriese el continente americano, y ya son años.

En aquellas primeras entradas todo funcionaba con normalidad, los transbordos se efectuaban fondeados en medio de la gran bahía del puerto de Luanda al principio y posteriormente se estableció otro lugar más de transbordo, que fue el puerto de Lobito, para facilidad de los pesqueros que operaban en la parte sur de la zona.


Antes de seguir adelante deseo resaltar que muy pocos países han tenido la suerte de que la naturaleza les haya otorgado la suerte de tener esas ensenadas fabulosas como Luanda, Lobito, Por Alexandre (Tombwa) y Mossamedes en menor medida. Cuando pienso y recuerdo aquellas primeras entradas, lo hago con alegría ya que fueron muchos los momentos agradables los que pasé. Ya conocíamos a todos los pesqueros de nuestras arribadas a Dakar y, con el transcurso del tiempo, hicimos buenos amigos que se alegraban igualmente de nuestra llegada, ya que para ellos significaba tener unos días de descanso, recibir víveres y correspondencia con noticias de la familia y la oportunidad de tener un poco de diversión.

Después de la independencia aquello cambió un “poco bastante”, las autoridades eran muy exigentes y el ambiente bastante enrarecido; todo cuanto los propios angoleños aguantaron de los portugueses como férreos colonizadores, parecía que querían resarcirse haciendo lo propio con los extranjeros, malos modos en todos los contactos que se tenían con ellos desde nuestra entrada hasta el momento de zarpar.

Las entradas en Lobito llegaron a convertirse en peligrosas, ya que tuvieron la ocurrencia de bombardear a los buques en el trayecto de la enfilación hasta la boya del reviro, lanzaban bombas a babor y estribor para evitar que los enemigos pudieran introducirse en la rada aprovechando la entrada del mercante; ¡de película!, a mi me recordaba una que vi siendo joven que se llamaba “Tiburones de Acero”. Estos momentos eran de una tensión nerviosa muy grande, tanto que un buque de nuestra compañía sufrió un embarrancamiento por los nervios que sufría el Capitán y los olores que se solían percibir en el puente algunas veces daban muestra de que no estábamos pasando un buen momento. El resumen de todo lo narrado es que ya no era una alegría cuando te tocaba hacer la línea de Angola, salvo que el viaje fuese sólo a Port Alexandre (Tombwa)

Tombwa seguía siendo un remanso de paz, situada en el extremo sur de Angola parecía incluso que la guerra se había olvidado de su existencia aunque -en verdad- aquel remanso de paz era consecuencia de la propia guerra, que obligó hacer abandono de todas las industrias pesqueras que en sus tiempos más florecientes allí habían existido. La empresa pesquera española “Gabrielitos” con bases en Vigo y Huelva, se estableció allí aprovechando uno de los muchos almacenes abandonados de las antiguas pesquerías que contaba con un pequeño muelle de madera en el que justamente podía atracar el mercante. Como estaba situado en pleno desierto, todo cuanto allí se consumía tenía que ser llevado por el mercante, para cuyo fin se estableció un viaje cada mes. Salíamos de Huelva cargados hasta la perilla del palo, en Las Palmas tomábamos gasoil para suministrar a los pesqueros y también entrepot con lo cual el servicio a domicilio era casi perfecto, ni “Mercadona” lo hubiera hecho mejor. Primeramente se amarraba al muelle para descargar todo cuanto llevábamos a almacén, esa operación duraba aproximadamente cuatro días y una vez enfriadas las bodegas ordenábamos la entrada de los pesqueros para efectuar el transbordo del pescado y del marisco que se efectuaba fondeados para poder tener los dos costados libres y facilitar las maniobras. Allí daba igual estar fondeados que atracados al muelle, más allá de la puerta del almacén todo era puro desierto, pero el estar fondeados nos permitía de noche dedicarnos algunas horas a la pesca del calamar, con la ayuda de unas potentes pantallas de luz que poníamos alrededor de todo el buque. La pesca no se daba siempre por igual pero durante algunos meses del año – creo recordar que eran Junio y Julio – allí pescaba hasta el más inepto pescador, ya que solo consistía en echar la potera y enganchar el calamar, sin más problemas, noches de hasta trescientos kilos sin exagerar, los cuales metíamos en bandejas y a continuación a los congeladores. Teníamos asegurado comer calamares para rato. Yo tuve un pequeño percance, coincidió que un calamar en el momento de ser enganchado por mi potera era engullido por un pez grande. Cuando noté que tiraba demasiado me lié el sedal a la mano, yo era uno de los ineptos pescadores que comenté anteriormente porque a nadie experimentado se le ocurre hacer tamaña idiotez, a punto estuve de perder la mano cortada por el sedal fino de nylon; menos mal que una luz me iluminó y largué a tiempo todo, potera, carrete, la madre que parió al bicho con el susto que me dio.

Para terminar este relato voy a mencionar también el puerto de Mossamedes, situado entre Lobito y Tombwa, a diferencia de todos los demás puertos angoleños, debido a su configuración en el muelle se sentía una fuerte resaca en algunas ocasiones lo que obligaba a tener muchísimo cuidado con las amarras. Solamente entré en este puerto una vez para cargar un completo de atún o mejor dicho de alistados. Los atuneros creían haber encontrado una mina que después resultó ser un tremendo fracaso, ya que el pescado era tan pequeño que tuvieron grandes dificultades para que fuese aceptado por las industrias conserveras, dado el poco rendimiento económico que suponía la elaboración. El ansia de pesca a veces rompe el saco y nada mejor dicho tratándose de pesca.

Y ya termino porque pasamos a otra zona completamente diferente, a Namibia, Sudáfrica y la verdad es que necesito cambiarme el chip.

Hasta Walvis-bay  un saludo.

Capitán A. de Bonis         

sábado, 31 de octubre de 2015

MACARENA GIL RECIBE SU TITULACION EN EL PUERTO DE ALGECIRAS.




  Mi mas sincera felicitación a la nueva compañera Macarena Gil, deseándole mucha suerte en su nuevo trabajo en la Corporación de Prácticos del Puerto de Algeciras.


                                                   Práctico: Bernardino López

viernes, 30 de octubre de 2015

NOMBRAMIENTO EN EL PUERTO DE ALGECIRAS.

              

                                                                 Práctico:Bernardino López

viernes, 16 de octubre de 2015

ÁFRICA TEMA Nº CINCO

Le dijimos adiós a Costa de Marfil para dirigirnos al puerto de Lomé en Togo, adentrándonos de esta forma en el golfo de Guinea. Desde Costa de Marfil hasta Camerún he efectuado escalas en los siguientes puertos: Lomé en Togo, Lagos y Port Harcourt en Nigeria y Luba (antiguo San Carlos) en la isla de Fernando Poo. Procuraré narrar en esta entrega todo cuanto surja en mi disco duro, intentando no reiterarme mucho de lo ya contado en otras ocasiones referente a estos puertos.

Pero, casualmente, mi llegada al puerto de Lomé no fue navegando desde el W siguiendo la costa de forma escalonada como hasta la presente venía haciendo, sino que procedíamos de Lagos. El motivo es sencillamente que los pesqueros están hechos para pescar y no aguardar días y días en puerto para descargar, por esta razón nos dieron órdenes una vez finalizada la descarga en Lagos, de proceder al puerto de Lomé para transbordar a un pesquero ruso que ya estaba hasta… la mismísima coronilla de esperar para poder descargar. De esta forma seriamos nosotros  los que tendríamos que volver a Lagos y esperar a que nos tocase nuevamente el turno. Recuerdo que fue durante esta espera cuando fuimos asaltados por los piratas, simple casualidad, nos tenía que tocar y nos tocó.
B/F  Sierra  Cazorla

Pero volvamos a Lomé, llegamos, atracamos directamente sin necesidad de espera, se nos abarloó el pesquero ruso y durante unos cuatro o cinco días estuvimos haciendo operaciones de transbordo y conviviendo con los moscovitas. El agente de los rusos resultó ser un joven canario de Las Palmas, muy simpático y que ahora no recuerdo por qué había aprendido ruso; el caso es que -por mediación suya- la relación con los rusos fue perfecta y cordial. Hicimos una excursión parte de los oficiales de los dos buques al interior, casi selva, donde existía una Misión, creo recordar de curas franciscanos; allí fuimos invitados a comer de la manera que corresponde a un lugar parecido, que no es precisamente un restaurante de cinco tenedores pero quien no tiene se le valora más la voluntad. Después nos mostraron el poblado y nos explicaron la forma de vivir y costumbres de los nativos, las cuales ellos respetaban con el fin de no crear ambiente de discordia, pero naturalmente intentado siempre de forma solapada de inculcarles las ideas de la religión católica, porque para eso se habían instalado allí y según los franciscanos la convivencia con los nativos era perfecta y nosotros en verdad que pasamos un día muy agradable.

Durante los días que duró el transbordo a mí me dio la ocasión de poder  jugar varias partidas de ajedrez con el 1er oficial ruso, que por cierto las perdí todas, y de beber unos cuantos tragos de vodka con el Capitán, quien al final de las jornadas le resultaba difícil mantenerse en pie.
El puerto se apreciaba que era relativamente nuevo y la ciudad en aquella época parecía pequeña pero todo indicaba su modernización y su rápido crecimiento; en la actualidad parece ser que cuenta con casi un millón de habitantes. Finalizados los transbordos adiós a Lomé, carretera y manta que nos vamos para Lagos nuevamente y a ver que nos aguarda.

Pues sí, otra vez en nuestra querida Nigeria, pero vamos a considerarlo como si fuese la primera vez. Lagos, la capital y principal puerto de Nigeria, donde los griegos (verdaderos linces del comercio marítimo) muchos fueron e intentaron hacer las Américas. Lagos en aquella época crecía de una forma desmesurada después de una de sus muchas guerras y golpes de Estado. La construcción era imparable y por consiguiente la necesidad de cemento. Cada vez que se arribaba a Lagos, el radar detectaba una gran mancha blanca que nos indicaba la entrada del puerto, a ojo de buen cubero los doscientos barcos esperando entrar para hacer operaciones no había quien los rebajase y el 50% o más eran barcos griegos cargados con cemento. Ellos olieron el negocio enseguida, compraban un barco viejo, lo llenaban con cemento y lo mandaban a la rada de Lagos a sabiendas que varios meses de demora no había quien los quitase, con las demoras pagaban de sobra lo que les costó el cacharro y además se ponían de acuerdo entre varios para formar una tripulación de retén que se ocupaban de la vigilancia y mantenimiento de los buques fondeados mientras el resto de las tripulaciones se marchaban a casa, y los pocos que quedaban se pasaban el día yendo de barco en barco para ofrecer trabajo de picado, pintura y limpieza de fondos porque incluso contaban con equipos de hombres ranas, a los buques que estábamos fondeados.

Los que llegábamos con pescado también lo teníamos crudo en cuanto a demora se refiere. Ese era otro negocio, pero ahora no me refiero a los griegos sino a los indios que tenían acaparado el mercado del pescado. La diferencia entre el precio de compra y venta era tan grande, que se podían permitir el lujo de pagar demoras y mantener a los buques frigoríficos fondeados en la rada haciendo las veces de almacén, haciéndoles entrar para descargar un numero de toneladas acorde con las necesidades del mercado, después otra vez fuera y a seguir esperando. A veces resultaba desesperante y muy difícil calcular los víveres que serían necesarios para el viaje y los precios en el mercado local era infinitamente superior a los precios de la península y Canarias.

Las permanecías en puerto dependían de la suerte que tuvieses con el atraque, si lo hacían en la margen izquierda te encontrabas con todo lo peor que se puede encontrar en una ciudad, un olor insoportable, una pobreza difícil de imaginar… y si atracabas en la margen derecha, la parte más moderna y señorial de la ciudad, incluso podías permitirte el lujo de salir y sentarte en cualquier lugar apropiado para tomarte una copa. De Lagos guardo más bien malos recuerdos que buenos, sin contar la noche en que fuimos asaltados por los piratas y que no voy a repetir como ya hice constar al principio de mi narración.

Después de salir de Lagos, hacia el este existen algunos puertos, como Sapele y Warri en los que otros buques de la compañía han hecho escala, y -por lo contado- nada se pierde no yendo a ellos, como tampoco nada perdí tocando el próximo puerto en que hice escala y que se llama Port Harcourt. No tuvimos que esperar mucho para entrar en puerto, pero la semana que duró la descarga fue una semana endemoniada, no dábamos abasto para intentar evitar los robos, ni siquiera puse un pie en el muelle, y cuando salió la última lingada de la bodega fue un alivio y una alegría poder decir adiós a Port Harcourt y a Nigeria.
B/F "Sierra Gredos"

Por último, en este capítulo cinco le toca a Luba, la antigua San Carlos, muy cerca del puerto de Malabo, que es como se llama ahora la antigua capital Santa Isabel. Aquello que yo recuerde no era ni puerto ni ná, una pequeña ensenada con un muelle donde existía una pequeña dependencia que utilizaban como puesto de aduanas y para de contar. Eso sí, la rada estaba bien abrigada y el fondeadero bastante bueno y muy cerca del muelle. Nosotros no tuvimos problemas con mal tiempo durante nuestra estancia, que por otros motivos fue bastante escabrosa y accidentada. No sé si sería porque aun nos guardaban cierto rencor de nuestra época de colonialistas, el caso es que el trato no fue de lo más agradable que se pueda esperar. Las autoridades entraron avasallando y exigiendo de todo, bebidas, cigarrillos, viandas, todo les iba bien. Precisamente en una fiesta que aparecía en el programa de la tele que daban por la noche, sobre una mesa aparecían una serie de botellas de whisky, que muy posiblemente fuesen de las que nos habían “garrapiñado” por la mañana.

Pues bien, nosotros habíamos llegado a Luba para transbordar a seis o siete marisqueros que tenían licencia para faenar en aguas de Guinea. Tres de ellos pertenecían a un armador canario cuyo nombre no recuerdo pero sí que los barcos portaban nombres de las diferentes islas que conforman el archipiélago guineano y los restantes eran independientes y cada uno hijo de diferente madre. El armador canario había obtenido la licencia mediante un convenio firmado con una empresa guineana, que según las buenas lenguas pertenecía o tenía como cabeza de turco a un hermano del presidente del país, la corrupción no es invento de hoy día, existe desde que el mundo es mundo. El convenio consistía en que dos barcos pescarían para el armador y el tercero para la empresa guineana. El canario que no debía ser muy inteligente y sí muy sinvergüenza, no pensó que los negros son negros pero no tontos, le dio orden a sus respectivos patrones para que el barco asignado a los guineanos alijara en la mar parte de la pesca a  sus compañeros, con lo cual al llegar a puerto la diferencia de pesca era bien notoria. Como esta operación ya la venían haciendo también en anteriores transbordos, los guineanos se amoscaron y a mí me tocó la china. Se presentaron a bordo las autoridades  en plena faena del transbordo, me hicieron acompañarles a tierra y una vez en las oficinas me hicieron responsable como Capitán del mercante de todas las anomalías producidas en los pesqueros, por muchas protestas que hice no se apeaban del burro y me tuvieron retenido durante todo el día en las oficinas, me informaron que podía regresar al barco para dormir pero que tendría que regresar a tierra por la mañana hasta que se aclarara lo de la diferencia de capturas entre los tres pesqueros. Les dije que O.K. y volví a bordo. Enseguida me puse en contacto con Madrid para explicarles la situación creada y acordamos salir de Luba durante la noche. Sobre las dos o tres de la mañana, con nocturnidad y alevosía comenzamos a virar el ancla y una vez arriba con todas las luces apagadas, con toda la maquina avante dejamos el fondeadero, parecía de película pero con todos los nervios en tensión porque se daba la casualidad de que mi esposa ese viaje me estaba acompañando y la pobre verdaderamente había pasado un mal rato con mi detención, por mucho que intentaron calmarla a bordo no lo consiguieron hasta que me vio regresar. De esta forma se desarrolló mi único viaje a nuestra antigua colonia. Otras muchas veces pasé bordeando la isla en los viajes que realicé al Camerún, siempre recordaba el incidente ocurrido  y del que nunca tuve conocimiento de cómo terminó el convenio firmado por el astuto canario, el hombre que quiso engañar al presidente de Guinea Ecuatorial, pues no me cabe duda que estaba metido en el meollo de la cuestión.

 Aquí doy por terminado el presente capitulo; el próximo será nuevamente en el continente, en Duala, el lugar donde más agua he visto caer del cielo. Hasta pronto.


Capitán A. de Bonis            

     

martes, 29 de septiembre de 2015

ÁFRICA TEMA CUATRO

Abandonamos Senegal para dirigirnos a Sierra Leona, país que se hizo famoso en su momento por la sangrienta guerra de los “diamantes de sangre” que según parece ser aún colea, ya que justamente hace unos días he leído en un periódico que ha sido detenido precisamente en el aeropuerto de Málaga, un belga cuando intentaba embarcar con destino EE.UU. y que -al parecer- estaba implicado en el tema de los diamantes de sangre, porque según la información ofrecida en el periódico era controlador en una de las minas de diamantes. Alguno se le debió quedar pegado en la mano, ya que el simple hecho de ser controlador no creo que sea motivo que esté penado por la ley, a no ser, como digo anteriormente que al mismo tiempo que controlaba se dedicase a otras cosas más rentables.

Pero bueno, ésto que es, nos hemos olvidado de nuestro propósito, el de navegar en demanda de Freetown, capital y principal puerto de Sierra Leona. A la salida de Dakar arrumbamos al sur y vamos dejando a babor progresivamente las desembocaduras de los importantes ríos Gambia y Casamance, en este último se encuentra un puerto fluvial bastante importante: Ziguinchor en el cual nunca hice escala pero tenía la referencia de algunos pesqueros que se vieron obligados a entrar por diferentes motivos. Seguimos navegando bordeando los países de Guinea Bissau y Guinea Conakry dándoles el correspondiente resguardo y una vez rebasados damos rumbo a  la gran ensenada formada en la desembocadura del rio Sierra Leona, donde está ubicado el puerto de Freetown.

Sierra Leona al igual que Liberia fue creada por los esclavos liberados y precisamente en su momento fue considerado un centro importante en el comercio de esclavos. Fue colonia inglesa durante algún tiempo. El puerto de Freetown situado en la desembocadura del rio, debido a las corrientes producidas por las mareas y la propia corriente del rio que depende de la época, las  maniobras de atraque se hacen más o menos dificultosas, motivos por los cuales los Prácticos, que en aquella época solían ser ingleses, se negaban a efectuarlas fuera del repunte de la marea.

B/F "Sierra Luna"

En dos ocasiones he hecho escala en este puerto, ambas para cargar atún, la primera directamente de frigorífico y la segunda transbordando de los atuneros bermeanos que por entonces tenían allí establecida su base de operaciones. Al frente de estas operaciones se encontraban ya dos viejos conocidos, el Sr. Leopoldo Campos, santanderino que atendía a la flota del armador bermeano Portuondo y Jesús Mujica, apodado tronco móvil por su rigidez mental, bermeano también y representante del armador Plácido Echevarría, conocido en su época de pescador por “Alacrán” y cuyo apodo fue transmitido a uno de los buques que formaban su flota.

De mi estancia en Freetown, de la ciudad poco o nada puedo decir porque el ambiente no incitaba ni siquiera a salir del recinto portuario, y de las operaciones que se realizaban anotar mi extrañeza o mejor dicho consternación, al ver como los estibadores entraban en las bodegas sin apenas ropa de frio, simplemente con un gancho para poder manipular las piezas de pescado y que se pasaban ocho horas estibando piezas de más de ochenta kilos y al mediodía paraban para comer, se ponían todos alrededor de una palangana que les traían con arroz blanco cocido y unas cuantas latas de conservas esparcidas por encima, se aproximaban a la palangana y tomaban con la mano un puñado de arroz, a continuación se apartaban  dando un paso hacia atrás para que pudiera tomar el siguiente y de esta forma hacían la ronda hasta que la palangana quedaba limpia como los chorros del oro, como una patena.

De mi segunda guardo peor recuerdo, ya que a las pocas horas de nuestra salida con destino al puerto de Dakar donde deberíamos completar la carga con marisco, se declaró un incendio a bordo, incidente que ya he narrado en otra ocasión y además figura en el libro MIL AÑOS DE MAR. Y como consecuencia de este desgraciado accidente fuimos asistidos por el buque de bandera sudafricana “Kapland”, con tripulación alemana quienes, una vez que se extinguió el fuego por sí solo, dieron remolque y nos condujeron al puerto más cercano en su travesía hacia Ciudad del Cabo, que era Monrovia  en Liberia. Esta entrada forzosa en Monrovia no la hicimos con nuestros propios medios, sino el buque remolcado y nosotros embarcados en el “Kapland”  en calidad de náufragos ya que fuimos recogidos del bote salvavidas en el cual nos  encontrábamos resguardados del fuego cuando el “Kapland” llegó a nuestra posición. Durante esta corta travesía yo fui sometido a una punción de pulmón para poder descongestionarlo del humo inhalado y una vez atracados en el puerto de Monrovia fui trasladado al hospital de los Hermanos de San Juan de Dios donde se me apreció una lesión en una vértebra causada por la caída que sufrí durante el incendio. El resto de la tripulación fue alojada en un céntrico hotel hasta que fuimos repatriados días más tarde a España por vía  aérea; por consiguiente debo considerar que esta entrada en Monrovia no debe figurar en mi curriculum profesional sino en mi apartado de accidentes para no recordar.

B/F "Sierra Gredos"


Después de lo narrado, muchísimas veces he pasado frente a Monrovia -incluso antes- ya que con anterioridad hice un viaje al puerto de Abidjan que es el próximo puerto de la costa africana que corresponde en mi periplo de viajes por África.

Liberia y Costa de Marfil son países fronterizos, una vez rebasado el primero se arrumba al E. y navegando paralelo a la costa se llega a la entrada del puerto de Abidjan. Este puerto está construido aprovechando la gran laguna de Ebrie que se encuentra muy cercana a la costa y que con solo construir un canal entre la laguna y el mar abierto se consiguió un gran puerto, puerto donde he hecho infinidad de escalas con el propósito de efectuar transbordos a los atuneros que en algunas época del año hacían de Abidjan su puerto base de operaciones.

Pero la primera vez que hice escala fue para transbordar al atunero “Algeciras”, fue mi primer contacto con este tipo de buques, allí permanecimos durante algún tiempo ya que el Algeciras tenía capacidad para 120 toneladas y nosotros para 450/460  dependiendo del tipo y tamaño de pescado. El “Algeciras” nos descargaba y volvía a salir a pescar y así estuvimos casi un mes hasta completar la carga. Durante este mes aprendí todo cuanto me quiso enseñar el patrón de pesca referente a los atunes. Si mal no recuerdo era de Fuenterrabía, se apellidaba Endualle y de apodo “Napoleón”, el apodo se lo pusieron los mismos atuneros franceses como prueba de su  buen hacer como pescador. En muchas otras ocasiones entré en este tranquilo puerto contratado por los armadores bermeanos  para efectuar los transbordos de su flota, ya que como he dicho en otras ocasiones el puerto base de operaciones cambiaba de acuerdo con la época del año y con los cambios migratorios de los deseados túnidos.

La duración de estas escalas eran impredecibles ya que todo dependía de la buena suerte que tuvieran los atuneros con la pesca, si aparecían o no los atunes. Tanto el mercante como los pesqueros permanecíamos fondeados en puerto, mientras tanto, una avioneta contratada por los atuneros salía por la mañana para hacer un reconocimiento, el piloto iba acompañado por un patrón de pesca que era el que decidía si las manchas que se observaban eran atunes y si merecía la pena dar el aviso al resto de los buques que esperaban noticias en puerto, en caso positivo lo comunicaban por radio y se producía la estampida de los atuneros, que a la voz de “maricón el último” salían de puerto  en busca de las manchas detectadas: nosotros permanecíamos fondeados en espera de que la salida de los pesqueros hubiera dado sus frutos para que el mercante pudiese seguir llenando las bodegas y emprender el viaje de regreso de acuerdo con las ultimas órdenes recibidas y sobre este punto me gustaría hacer un comentario: España que era y creo que lo sigue siendo, una potencia en este tipo de pesca, a la hora de comercializarla tenía que ponerse en manos de los italianos que eran los que manejaban el mercado del atún, no me extrañaría nada que fuese cosa de la mafia, lo que recuerdo perfectamente que en los puertos de descarga siempre aparecía un italiano que llevaba la voz cantante.

Cuando yo transbordé por última vez a un atunero,  año 1988, ya algunos contaban con helicóptero que había relevado a la avioneta y según tengo visto en internet, actualmente los pesqueros que ya operan en el Indico son tan modernos que se parecen a los yates de los jeques árabes, esos que solemos ver en Marbella, Puerto Banus, lo único que lo diferencian son los enormes palos que llevan para el manejo de las inmensas redes que utilizan para cercar las capturas. Hoy en día están provistos de una tecnología tan moderna y potente que ya ni siquiera necesitan helicóptero.

Y para terminar con Abidjan, puedo decir que al igual que Senegal, los franceses dejaron su huella en sus costumbres y forma de vivir, sobre todo la gastronómica. La ciudad era bastante agradable y poseía magníficos hoteles, nada que envidiar a los construidos en España a lo largo de sus diferentes costas, donde suelen disfrutar los turista en su periodo de vacaciones. De Abijan guardo un bonito recuerdo en casa, un Korogó que compré por encargo de mi mujer y lo coloca en la pared cada vez que hemos cambiado de domicilio, se trata de un tapiz muy decorativo adquirido en el mercado artesanal que se ubicaba en el mismo centro de la ciudad. De este mercado recuerdo una anécdota graciosa, se trata de un negrito que quería venderme con mucha insistencia una pulsera de pelo de elefante, me pedía por ella un dineral, le pregunté por qué era tan cara, y con su inocente cara de pillo me contestó que tenían que dar muerte a un elefante para hacer la pulsera. Cara dura más que cara inocente, diría yo.

Últimamente parece ser que las cosas han cambiado bastante en Costa de Marfil, después de varios golpes de Estado la situación no es la misma que antaño, incluso he leído que los extranjeros no son bien vistos y que la ciudad resulta bastante peligrosa para los visitantes. Y nada más por hoy, próxima escala Lomé, en Togo. Hasta pronto.


Capitán A. de Bonis        

jueves, 24 de septiembre de 2015

AVANTE POCA

Hace casi cuatro años, se efectuó la botadura de este blog (con idea y bajo la administración de Jaime Rodríguez) que tituló su escrito inicial “Aparejando y zarpando”.

En sucesivos aniversarios he publicado entradas (“¡Vamos avante!” en 2013 y  “Cogiendo arrancada” en 2014) con resúmenes de la marcha de nuestro blog.

En esta ocasión no puedo titular mi escrito (como me hubiera gustado) ¡Avante toda!, aunque el transcurrir del último año  sí  me permite nombrarlo  “Avante poca” porque el progreso del blog ha sido lento pero firme.
Avante poca

Hemos llegado a las 18.000 visitas, con un incremento de 8.000 este último año (lo que representa un aumento del 50% sobre el  anterior); nos visitan principalmente lectores de España, pero hay también seguimiento de Alemania y Estados Unidos; otros países de Europa y América latina se asoman esporádicamente a nuestra páginas.


El número de entradas publicadas en el período que comentamos ha sido de 26 (con un ligero descenso respecto el año pasado), pero el número de comentarios ha aumentado significativamente     multiplicándose por tres.

Hemos ganado dos nuevos colaboradores (los Capitanes Luis Ojeda y Rogelio Garcés) que ya han publicado interesantes escritos en nuestras páginas y a los que les repito mi más sincera bienvenida.

Como curiosidad escribiré que, del total de las 89 entradas publicadas desde nuestra botadura,  hay18 que han superado largamente las 100 visitas y 9 que superan las 200. El escrito más leído ha sido  “Las parte más árida y desconocida del practicaje” (644 visitas) seguido  por “Crítica sobre el libro Mil años de mar” y “Marina mercante: nuevos galones”

Como actual administrador agradezco  a los colaboradores habituales su interesante y valiosa participación y les  aliento a que continúen apoyando el  blog con sus escritos.

Mi especial reconocimiento para el Capitán de Bonis -el autor más prolífico y leído del blog- al que animo a continuar regalándonos sus vivencias, sus recuerdos y su gracejo en nuevas entradas.

Una vez más deseo invitar a todos los tripulantes del “Círculo Marítimo-Junta de desguace” a participar como autores, comentaristas y lectores de nuestro blog.

Quisiera que, con la ayuda y empuje de todos, cuando  el próximo año hagamos balance del andar del blog,  podamos titular la entrada correspondiente con un rotundo “Avante toda”·


                                                                                  Carlos Navarrete

viernes, 18 de septiembre de 2015

ÁFRICA. TEMA Nº TRES

Pues muy bien. Dejamos Cabo Blanco después de sortear los cientos de pesqueros de todas las nacionalidades que se encuentran faenando en el inagotable banco sahariano y arrumbamos en demanda de Cabo Verde, el punto más occidental de la costa africana, cabo que da resguardo al  puerto de Dakar, nuestra próxima escala y yo diría por adelantado que es el puerto donde más veces he recalado de toda la costa africana.

Después de treinta horas de navegación aproximadamente y teniendo muy en cuenta los muchos bajos existentes en las proximidades del cabo, con toda precaución se procede a la bahía dejando por babor la pequeña isla de Goree y una vez en posición fondeamos y dejamos filar unos cuantos grilletes de cadena en el tenedero y desde ese momento quedábamos en espera de los pesqueros, los cuales ya habían sido contactados con anterioridad para informarles de nuestro eta. En un principio, cuando solamente se trataba de transbordar la pesca de cinco o seis marisqueros, hasta completar nuestra bodega frigorífica del Sierra Estrella  con capacidad para sesenta toneladas, todas las  operaciones de transbordo se efectuaban fondeados en la bahía donde ni siquiera venían las autoridades fiscales ni sanitarias para pasar el control reglamentario. Una vez finalizadas las operaciones se transmitía por telefonía los datos a nuestro agente y una vez confeccionada la documentación la traían a bordo  y zarpábamos de vuelta al puerto de Huelva.

Será algo complicado escribir sobre el puerto de Dakar, sin hacer mención a temas que ya fueron narrados en el libro MIL AÑOS DE MAR, intentaré repetirme lo menos posible, ya que han sido tantas las veces que he recalado en este puerto incluso de forma alternativa, que creo que siempre habrán detalles que se han quedado en el tintero.
B/F "Sierra Aramo"

Los marisqueros españoles en la zona fueron aumentando después de que  entre España y Senegal se firmaran acuerdos de pesca y por consiguiente el número de pesqueros que solicitaban efectuar transbordos al mercante aumentó de forma considerable. Fue entonces cuando Marítima del Norte tomó la determinación de reconvertir los tres buques: Estrella, Espuña y Escudo  en buques totalmente frigoríficos con una capacidad de 400 toneladas de carga aproximadamente, más que suficiente para atender la demanda de los marisqueros que operaban en la zona. Pero a partir de este momento las operaciones se dejaron de efectuar fondeado y nos obligaron a entrar en puerto para poder ser controladas tanto las descarga de marisco (que ya estaban sujeta al pago de un canon) y también la descarga de pertrechos destinado al mantenimiento de los pesqueros (víveres, artes de pesca, cartón, etc.). Por este motivo las operaciones se ralentizaron de forma considerable, pero al mismo tiempo nos proporcionó la ocasión de conocer, el puerto, la ciudad y a muchísimas personas que empezaron a formar parte de nuestras vidas cada vez que hacíamos escala en Dakar.

Y hablando de personas, en primer lugar deseo mencionar a Ramón Gutiérrez (q.e.p.d.), trabajador incansable que con su buen hacer como inspector de la flota pesquera contribuyó de forma inconmensurable a que la operación de Senegal tuviera éxito. Ramón llegó a Dakar como inspector del motopesquero “Ferrer Tur” del que había sido jefe de máquinas toda su vida. El armador le confió la inspección cuando el pesquero se traslado a la zona de Dakar y faenar en los caladeros de Senegal. Poco a poco fue recibiendo peticiones de otros muchos armadores de Huelva para que atendiese igualmente a sus pesqueros. En poco tiempo este hombre se hizo prácticamente imprescindible para la flota marisquera, tanto por el servicio técnico que les prestaba como también por la ayuda humanitaria y administrativa  que les proporcionaba debido a la amistad que había establecido tanto con el personal del Consulado de España y con las autoridades portuarias. Ramón estaba dispuesto a cualquier hora del día y de la noche para lo que fuese necesario, tanto para resolver una avería como atender a un enfermo que tuviese que ser trasladado al hospital. Como su trabajo estaba ligado a las escalas que el mercante hacía en Dakar para efectuar los transbordos, nuestra relación fue a más con el transcurso del tiempo, llegando a establecerse una verdadera amistad. El único problema que tenía Ramón era el idioma pero eso no significó ningún obstáculo para su trabajo, Cuando algún agente de aduanas le preguntaba algo,  él contestaba sencillamente “rian a declareté” y se quedaba tan pancho, se manejaba muy bien con su gracejo andaluz y sus obligados regalos de pescado y marisco a las distintas autoridades del puerto, asunto que al parecer no tiene arreglo en esta vida, cada cual se la busca como puede.

Gracias a él llegamos a conocer a un matrimonio español afincados en Dakar, el marido, Juan Sánchez era director de una factoría textil y su esposa Olga, ama de casa excelente, dos personas entrañables que el conocerlos supuso para nosotros como si tuviésemos familia en Dakar. Creo sin temor a equivocarme, que todos cuantos de Marítima del Norte  hemos hecho escala en Dakar, hemos sido recibidos y acogidos en su casa donde hemos pasado momentos inolvidables y donde disfrutamos del buen hacer como excelente cocinera de Olga; inigualable su “pollo a la senegalesa”, nada que ver con el pollo de la Pantoja. Ahora ellos viven en Málaga disfrutando de un merecido retiro y yo siento muchísimo que debido a nuestro deterioro físico nuestra amistad no haya podido tener la continuidad que se merecía. Yo, desde aquí les doy las gracias por todo el cariño recibido y todas las atenciones que desplegaron para hacernos la vida más agradable en Dakar cuando nos encontrábamos lejos de nuestra familia.

B/F "Sierra Grana"

Con el tiempo, nuestras escalas en Dakar no se limitaron solamente al transbordo de marisco, con barcos de mayor porte, con el Sierrra Andía, Aramo y Aránzazu, que también fueron transformados en buques frigoríficos se iniciaron otras líneas al efectuar igualmente transbordos de buques atuneros, cuyas cargas unas veces iban destinadas a España, otras a Italia, a Francia y a Puerto Rico (Mayagüez y Ponce) donde existían grandes factorías conserveras americanas. El embarque de atún tenía lugar de acuerdo con la época del año, ya que los buques atuneros se movían y cambiaban su puerto base acorde con el movimiento migratorio del atún a lo largo de toda la costa africana, lo mismo s encontraban en Dakar que en Angola, todo dependía como he dicho anteriormente de donde aparecían los deseados túnidos, y aquí intervenía de forma clamorosa la labor de espionaje ejercida constantemente por las escuchas a través de la radio que mantenían todos los atuneros incluidos los franceses.

De Dakar solamente me queda decir que era una ciudad muy acogedora donde los franceses como es su costumbre, habían dejado huella de su paso como colonizadores, su sello de “saber vivir” ya que fácilmente era posible encontrar productos franceses importados del día (como las ostras) o toda clase de quesos. Existían magníficos restaurantes europeos o si lo preferías senegaleses con los platos típicos del país, todo muy picante.

Como último detalle de mi relato antes de zarpar de Dakar, deseo hacer constar las buenísimas relaciones que se mantenían tanto con el Consulado como con la Embajada de España; en varias ocasiones fue el mismo embajador quien se presentaba a bordo para saludar e incluso para comer y yo fui correspondido particularmente a comer en la embajada en más de una ocasión. Y doy fin a mi relato de hoy porque largamos amarras y salimos con dirección a Sierra Leona.


Capitán A. de Bonis