sábado, 31 de octubre de 2015
MACARENA GIL RECIBE SU TITULACION EN EL PUERTO DE ALGECIRAS.
Mi mas sincera felicitación a la nueva compañera Macarena Gil, deseándole mucha suerte en su nuevo trabajo en la Corporación de Prácticos del Puerto de Algeciras.
Práctico: Bernardino López
viernes, 30 de octubre de 2015
viernes, 16 de octubre de 2015
ÁFRICA TEMA Nº CINCO
Le dijimos
adiós a Costa de Marfil para dirigirnos al puerto de Lomé en Togo,
adentrándonos de esta forma en el golfo de Guinea. Desde Costa de Marfil hasta
Camerún he efectuado escalas en los siguientes puertos: Lomé en Togo, Lagos y
Port Harcourt en Nigeria y Luba (antiguo San Carlos) en la isla de Fernando
Poo. Procuraré narrar en esta entrega todo cuanto surja en mi disco duro,
intentando no reiterarme mucho de lo ya contado en otras ocasiones referente a
estos puertos.
Pero,
casualmente, mi llegada al puerto de Lomé no fue navegando desde el W siguiendo
la costa de forma escalonada como hasta la presente venía haciendo, sino que procedíamos
de Lagos. El motivo es sencillamente que los pesqueros están hechos para pescar
y no aguardar días y días en puerto para descargar, por esta razón nos dieron
órdenes una vez finalizada la descarga en Lagos, de proceder al puerto de Lomé
para transbordar a un pesquero ruso que ya estaba hasta… la mismísima coronilla
de esperar para poder descargar. De esta forma seriamos nosotros los que tendríamos que volver a Lagos y
esperar a que nos tocase nuevamente el turno. Recuerdo que fue durante esta
espera cuando fuimos asaltados por los piratas, simple casualidad, nos tenía que
tocar y nos tocó.
B/F Sierra Cazorla
Durante los
días que duró el transbordo a mí me dio la ocasión de poder jugar varias partidas de ajedrez con el 1er
oficial ruso, que por cierto las perdí todas, y de beber unos cuantos tragos de
vodka con el Capitán, quien al final de las jornadas le resultaba difícil
mantenerse en pie.
El puerto
se apreciaba que era relativamente nuevo y la ciudad en aquella época parecía
pequeña pero todo indicaba su modernización y su rápido crecimiento; en la
actualidad parece ser que cuenta con casi un millón de habitantes. Finalizados
los transbordos adiós a Lomé, carretera y manta que nos vamos para Lagos
nuevamente y a ver que nos aguarda.
Pues sí,
otra vez en nuestra querida Nigeria, pero vamos a considerarlo como si fuese la
primera vez. Lagos, la capital y principal puerto de Nigeria, donde los griegos
(verdaderos linces del comercio marítimo) muchos fueron e intentaron hacer las
Américas. Lagos en aquella época crecía de una forma desmesurada después de una
de sus muchas guerras y golpes de Estado. La construcción era imparable y por
consiguiente la necesidad de cemento. Cada vez que se arribaba a Lagos, el
radar detectaba una gran mancha blanca que nos indicaba la entrada del puerto,
a ojo de buen cubero los doscientos barcos esperando entrar para hacer
operaciones no había quien los rebajase y el 50% o más eran barcos griegos
cargados con cemento. Ellos olieron el negocio enseguida, compraban un barco
viejo, lo llenaban con cemento y lo mandaban a la rada de Lagos a sabiendas que
varios meses de demora no había quien los quitase, con las demoras pagaban de
sobra lo que les costó el cacharro y además se ponían de acuerdo entre varios
para formar una tripulación de retén que se ocupaban de la vigilancia y
mantenimiento de los buques fondeados mientras el resto de las tripulaciones se
marchaban a casa, y los pocos que quedaban se pasaban el día yendo de barco en
barco para ofrecer trabajo de picado, pintura y limpieza de fondos porque
incluso contaban con equipos de hombres ranas, a los buques que estábamos
fondeados.
Los que
llegábamos con pescado también lo teníamos crudo en cuanto a demora se refiere.
Ese era otro negocio, pero ahora no me refiero a los griegos sino a los indios
que tenían acaparado el mercado del pescado. La diferencia entre el precio de
compra y venta era tan grande, que se podían permitir el lujo de pagar demoras
y mantener a los buques frigoríficos fondeados en la rada haciendo las veces de
almacén, haciéndoles entrar para descargar un numero de toneladas acorde con
las necesidades del mercado, después otra vez fuera y a seguir esperando. A
veces resultaba desesperante y muy difícil calcular los víveres que serían
necesarios para el viaje y los precios en el mercado local era infinitamente
superior a los precios de la península y Canarias.
Las
permanecías en puerto dependían de la suerte que tuvieses con el atraque, si lo
hacían en la margen izquierda te encontrabas con todo lo peor que se puede
encontrar en una ciudad, un olor insoportable, una pobreza difícil de imaginar…
y si atracabas en la margen derecha, la parte más moderna y señorial de la
ciudad, incluso podías permitirte el lujo de salir y sentarte en cualquier
lugar apropiado para tomarte una copa. De Lagos guardo más bien malos recuerdos
que buenos, sin contar la noche en que fuimos asaltados por los piratas y que
no voy a repetir como ya hice constar al principio de mi narración.
Después de
salir de Lagos, hacia el este existen algunos puertos, como Sapele y Warri en
los que otros buques de la compañía han hecho escala, y -por lo contado- nada
se pierde no yendo a ellos, como tampoco nada perdí tocando el próximo puerto
en que hice escala y que se llama Port Harcourt. No tuvimos que esperar mucho
para entrar en puerto, pero la semana que duró la descarga fue una semana
endemoniada, no dábamos abasto para intentar evitar los robos, ni siquiera puse
un pie en el muelle, y cuando salió la última lingada de la bodega fue un
alivio y una alegría poder decir adiós a Port Harcourt y a Nigeria.
Por último,
en este capítulo cinco le toca a Luba, la antigua San Carlos, muy cerca del
puerto de Malabo, que es como se llama ahora la antigua capital Santa Isabel. Aquello
que yo recuerde no era ni puerto ni ná, una pequeña ensenada con un muelle
donde existía una pequeña dependencia que utilizaban como puesto de aduanas y
para de contar. Eso sí, la rada estaba bien abrigada y el fondeadero bastante
bueno y muy cerca del muelle. Nosotros no tuvimos problemas con mal tiempo
durante nuestra estancia, que por otros motivos fue bastante escabrosa y
accidentada. No sé si sería porque aun nos guardaban cierto rencor de nuestra
época de colonialistas, el caso es que el trato no fue de lo más agradable que
se pueda esperar. Las autoridades entraron avasallando y exigiendo de todo,
bebidas, cigarrillos, viandas, todo les iba bien. Precisamente en una fiesta que
aparecía en el programa de la tele que daban por la noche, sobre una mesa
aparecían una serie de botellas de whisky, que muy posiblemente fuesen de las
que nos habían “garrapiñado” por la mañana.
Pues bien,
nosotros habíamos llegado a Luba para transbordar a seis o siete marisqueros
que tenían licencia para faenar en aguas de Guinea. Tres de ellos pertenecían a
un armador canario cuyo nombre no recuerdo pero sí que los barcos portaban
nombres de las diferentes islas que conforman el archipiélago guineano y los
restantes eran independientes y cada uno hijo de diferente madre. El armador
canario había obtenido la licencia mediante un convenio firmado con una empresa
guineana, que según las buenas lenguas pertenecía o tenía como cabeza de turco
a un hermano del presidente del país, la corrupción no es invento de hoy día,
existe desde que el mundo es mundo. El convenio consistía en que dos barcos
pescarían para el armador y el tercero para la empresa guineana. El canario que
no debía ser muy inteligente y sí muy sinvergüenza, no pensó que los negros son
negros pero no tontos, le dio orden a sus respectivos patrones para que el
barco asignado a los guineanos alijara en la mar parte de la pesca a sus compañeros, con lo cual al llegar a puerto
la diferencia de pesca era bien notoria. Como esta operación ya la venían
haciendo también en anteriores transbordos, los guineanos se amoscaron y a mí
me tocó la china. Se presentaron a bordo las autoridades en plena faena del transbordo, me hicieron
acompañarles a tierra y una vez en las oficinas me hicieron responsable como
Capitán del mercante de todas las anomalías producidas en los pesqueros, por
muchas protestas que hice no se apeaban del burro y me tuvieron retenido
durante todo el día en las oficinas, me informaron que podía regresar al barco
para dormir pero que tendría que regresar a tierra por la mañana hasta que se
aclarara lo de la diferencia de capturas entre los tres pesqueros. Les dije que
O.K. y volví a bordo. Enseguida me puse en contacto con Madrid para explicarles
la situación creada y acordamos salir de Luba durante la noche. Sobre las dos o
tres de la mañana, con nocturnidad y alevosía comenzamos a virar el ancla y una
vez arriba con todas las luces apagadas, con toda la maquina avante dejamos el
fondeadero, parecía de película pero con todos los nervios en tensión porque se
daba la casualidad de que mi esposa ese viaje me estaba acompañando y la pobre
verdaderamente había pasado un mal rato con mi detención, por mucho que
intentaron calmarla a bordo no lo consiguieron hasta que me vio regresar. De
esta forma se desarrolló mi único viaje a nuestra antigua colonia. Otras muchas
veces pasé bordeando la isla en los viajes que realicé al Camerún, siempre
recordaba el incidente ocurrido y del
que nunca tuve conocimiento de cómo terminó el convenio firmado por el astuto
canario, el hombre que quiso engañar al presidente de Guinea Ecuatorial, pues
no me cabe duda que estaba metido en el meollo de la cuestión.
Aquí doy por terminado el presente capitulo;
el próximo será nuevamente en el continente, en Duala, el lugar donde más agua
he visto caer del cielo. Hasta pronto.
Capitán A. de Bonis
martes, 29 de septiembre de 2015
ÁFRICA TEMA CUATRO
Abandonamos
Senegal para dirigirnos a Sierra Leona, país que se hizo famoso en su momento
por la sangrienta guerra de los “diamantes de sangre” que según parece ser aún
colea, ya que justamente hace unos días he leído en un periódico que ha sido
detenido precisamente en el aeropuerto de Málaga, un belga cuando intentaba
embarcar con destino EE.UU. y que -al parecer- estaba implicado en el tema de
los diamantes de sangre, porque según la información ofrecida en el periódico
era controlador en una de las minas de diamantes. Alguno se le debió quedar
pegado en la mano, ya que el simple hecho de ser controlador no creo que sea
motivo que esté penado por la ley, a no ser, como digo anteriormente que al
mismo tiempo que controlaba se dedicase a otras cosas más rentables.
Pero bueno,
ésto que es, nos hemos olvidado de nuestro propósito, el de navegar en demanda
de Freetown, capital y principal puerto de Sierra Leona. A la salida de Dakar
arrumbamos al sur y vamos dejando a babor progresivamente las desembocaduras de
los importantes ríos Gambia y Casamance, en este último se encuentra un puerto
fluvial bastante importante: Ziguinchor en el cual nunca hice escala pero tenía
la referencia de algunos pesqueros que se vieron obligados a entrar por
diferentes motivos. Seguimos navegando bordeando los países de Guinea Bissau y
Guinea Conakry dándoles el correspondiente resguardo y una vez rebasados damos
rumbo a la gran ensenada formada en la
desembocadura del rio Sierra Leona, donde está ubicado el puerto de Freetown.
Sierra
Leona al igual que Liberia fue creada por los esclavos liberados y precisamente
en su momento fue considerado un centro importante en el comercio de esclavos.
Fue colonia inglesa durante algún tiempo. El puerto de Freetown situado en la
desembocadura del rio, debido a las corrientes producidas por las mareas y la
propia corriente del rio que depende de la época, las maniobras de atraque se hacen más o menos
dificultosas, motivos por los cuales los Prácticos, que en aquella época solían
ser ingleses, se negaban a efectuarlas fuera del repunte de la marea.
B/F "Sierra Luna"
En dos
ocasiones he hecho escala en este puerto, ambas para cargar atún, la primera
directamente de frigorífico y la segunda transbordando de los atuneros
bermeanos que por entonces tenían allí establecida su base de operaciones. Al
frente de estas operaciones se encontraban ya dos viejos conocidos, el Sr. Leopoldo
Campos, santanderino que atendía a la flota del armador bermeano Portuondo y
Jesús Mujica, apodado tronco móvil por su rigidez mental, bermeano también y
representante del armador Plácido Echevarría, conocido en su época de pescador
por “Alacrán” y cuyo apodo fue transmitido a uno de los buques que formaban su
flota.
De mi
estancia en Freetown, de la ciudad poco o nada puedo decir porque el ambiente
no incitaba ni siquiera a salir del recinto portuario, y de las operaciones que
se realizaban anotar mi extrañeza o mejor dicho consternación, al ver como los
estibadores entraban en las bodegas sin apenas ropa de frio, simplemente con un
gancho para poder manipular las piezas de pescado y que se pasaban ocho horas
estibando piezas de más de ochenta kilos y al mediodía paraban para comer, se
ponían todos alrededor de una palangana que les traían con arroz blanco cocido
y unas cuantas latas de conservas esparcidas por encima, se aproximaban a la
palangana y tomaban con la mano un puñado de arroz, a continuación se
apartaban dando un paso hacia atrás para
que pudiera tomar el siguiente y de esta forma hacían la ronda hasta que la
palangana quedaba limpia como los chorros del oro, como una patena.
De mi
segunda guardo peor recuerdo, ya que a las pocas horas de nuestra salida con
destino al puerto de Dakar donde deberíamos completar la carga con marisco, se
declaró un incendio a bordo, incidente que ya he narrado en otra ocasión y
además figura en el libro MIL AÑOS DE MAR. Y como consecuencia de este desgraciado
accidente fuimos asistidos por el buque de bandera sudafricana “Kapland”, con
tripulación alemana quienes, una vez que se extinguió el fuego por sí solo,
dieron remolque y nos condujeron al puerto más cercano en su travesía hacia
Ciudad del Cabo, que era Monrovia en
Liberia. Esta entrada forzosa en Monrovia no la hicimos con nuestros propios
medios, sino el buque remolcado y nosotros embarcados en el “Kapland” en calidad de náufragos ya que fuimos
recogidos del bote salvavidas en el cual nos
encontrábamos resguardados del fuego cuando el “Kapland” llegó a nuestra
posición. Durante esta corta travesía yo fui sometido a una punción de pulmón
para poder descongestionarlo del humo inhalado y una vez atracados en el puerto
de Monrovia fui trasladado al hospital de los Hermanos de San Juan de Dios
donde se me apreció una lesión en una vértebra causada por la caída que sufrí
durante el incendio. El resto de la tripulación fue alojada en un céntrico
hotel hasta que fuimos repatriados días más tarde a España por vía aérea; por consiguiente debo considerar que
esta entrada en Monrovia no debe figurar en mi curriculum profesional sino en
mi apartado de accidentes para no recordar.
B/F "Sierra Gredos"
Después de
lo narrado, muchísimas veces he pasado frente a Monrovia -incluso antes- ya que
con anterioridad hice un viaje al puerto de Abidjan que es el próximo puerto de
la costa africana que corresponde en mi periplo de viajes por África.
Liberia y
Costa de Marfil son países fronterizos, una vez rebasado el primero se arrumba
al E. y navegando paralelo a la costa se llega a la entrada del puerto de
Abidjan. Este puerto está construido aprovechando la gran laguna de Ebrie que
se encuentra muy cercana a la costa y que con solo construir un canal entre la
laguna y el mar abierto se consiguió un gran puerto, puerto donde he hecho
infinidad de escalas con el propósito de efectuar transbordos a los atuneros
que en algunas época del año hacían de Abidjan su puerto base de operaciones.
Pero la
primera vez que hice escala fue para transbordar al atunero “Algeciras”, fue mi
primer contacto con este tipo de buques, allí permanecimos durante algún tiempo
ya que el Algeciras tenía capacidad para 120 toneladas y nosotros para
450/460 dependiendo del tipo y tamaño de
pescado. El “Algeciras” nos descargaba y volvía a salir a pescar y así
estuvimos casi un mes hasta completar la carga. Durante este mes aprendí todo
cuanto me quiso enseñar el patrón de pesca referente a los atunes. Si mal no
recuerdo era de Fuenterrabía, se apellidaba Endualle y de apodo “Napoleón”, el
apodo se lo pusieron los mismos atuneros franceses como prueba de su buen hacer como pescador. En muchas otras
ocasiones entré en este tranquilo puerto contratado por los armadores
bermeanos para efectuar los transbordos
de su flota, ya que como he dicho en otras ocasiones el puerto base de
operaciones cambiaba de acuerdo con la época del año y con los cambios
migratorios de los deseados túnidos.
La duración
de estas escalas eran impredecibles ya que todo dependía de la buena suerte que
tuvieran los atuneros con la pesca, si aparecían o no los atunes. Tanto el
mercante como los pesqueros permanecíamos fondeados en puerto, mientras tanto,
una avioneta contratada por los atuneros salía por la mañana para hacer un
reconocimiento, el piloto iba acompañado por un patrón de pesca que era el que
decidía si las manchas que se observaban eran atunes y si merecía la pena dar
el aviso al resto de los buques que esperaban noticias en puerto, en caso
positivo lo comunicaban por radio y se producía la estampida de los atuneros,
que a la voz de “maricón el último” salían de puerto en busca de las manchas detectadas: nosotros
permanecíamos fondeados en espera de que la salida de los pesqueros hubiera
dado sus frutos para que el mercante pudiese seguir llenando las bodegas y emprender
el viaje de regreso de acuerdo con las ultimas órdenes recibidas y sobre este
punto me gustaría hacer un comentario: España que era y creo que lo sigue
siendo, una potencia en este tipo de pesca, a la hora de comercializarla tenía
que ponerse en manos de los italianos que eran los que manejaban el mercado del
atún, no me extrañaría nada que fuese cosa de la mafia, lo que recuerdo
perfectamente que en los puertos de descarga siempre aparecía un italiano que
llevaba la voz cantante.
Cuando yo
transbordé por última vez a un atunero, año 1988, ya algunos contaban con helicóptero
que había relevado a la avioneta y según tengo visto en internet, actualmente
los pesqueros que ya operan en el Indico son tan modernos que se parecen a los
yates de los jeques árabes, esos que solemos ver en Marbella, Puerto Banus, lo
único que lo diferencian son los enormes palos que llevan para el manejo de las
inmensas redes que utilizan para cercar las capturas. Hoy en día están
provistos de una tecnología tan moderna y potente que ya ni siquiera necesitan
helicóptero.
Y para
terminar con Abidjan, puedo decir que al igual que Senegal, los franceses
dejaron su huella en sus costumbres y forma de vivir, sobre todo la
gastronómica. La ciudad era bastante agradable y poseía magníficos hoteles,
nada que envidiar a los construidos en España a lo largo de sus diferentes
costas, donde suelen disfrutar los turista en su periodo de vacaciones. De
Abijan guardo un bonito recuerdo en casa, un Korogó que compré por encargo de
mi mujer y lo coloca en la pared cada vez que hemos cambiado de domicilio, se
trata de un tapiz muy decorativo adquirido en el mercado artesanal que se
ubicaba en el mismo centro de la ciudad. De este mercado recuerdo una anécdota
graciosa, se trata de un negrito que quería venderme con mucha insistencia una
pulsera de pelo de elefante, me pedía por ella un dineral, le pregunté por qué
era tan cara, y con su inocente cara de pillo me contestó que tenían que dar
muerte a un elefante para hacer la pulsera. Cara dura más que cara inocente,
diría yo.
Últimamente
parece ser que las cosas han cambiado bastante en Costa de Marfil, después de varios
golpes de Estado la situación no es la misma que antaño, incluso he leído que
los extranjeros no son bien vistos y que la ciudad resulta bastante peligrosa
para los visitantes. Y nada más por hoy, próxima escala Lomé, en Togo. Hasta
pronto.
Capitán A. de Bonis
jueves, 24 de septiembre de 2015
AVANTE POCA
Hace casi cuatro años, se efectuó la botadura de este blog (con idea y bajo
la administración de Jaime Rodríguez) que tituló su escrito inicial “Aparejando
y zarpando”.
En sucesivos aniversarios he publicado entradas (“¡Vamos avante!” en 2013 y “Cogiendo
arrancada” en 2014) con resúmenes de la marcha de nuestro blog.
En esta ocasión no puedo titular mi escrito (como me
hubiera gustado) ¡Avante toda!, aunque el transcurrir del último año sí me
permite nombrarlo “Avante poca” porque el progreso del blog ha sido lento pero firme.
Avante poca
Hemos llegado a las 18.000 visitas, con un
incremento de 8.000 este último año (lo que representa un aumento del 50% sobre
el anterior); nos visitan principalmente lectores de España, pero hay también
seguimiento de Alemania y Estados Unidos; otros países de Europa y América
latina se asoman esporádicamente a nuestra páginas.
El número de entradas publicadas en el período que
comentamos ha sido de 26 (con un ligero descenso respecto el año pasado), pero el
número de comentarios ha aumentado significativamente multiplicándose por tres.
Hemos ganado dos nuevos colaboradores (los Capitanes
Luis Ojeda y Rogelio Garcés) que ya han publicado interesantes escritos en
nuestras páginas y a los que les repito mi más sincera bienvenida.
Como curiosidad escribiré que, del total de las 89
entradas publicadas desde nuestra botadura, hay18 que han superado largamente las 100
visitas y 9 que superan las 200. El escrito más leído ha sido “Las parte más árida y desconocida del
practicaje” (644 visitas) seguido por “Crítica
sobre el libro Mil años de mar” y “Marina mercante: nuevos galones”
Como actual administrador agradezco a los colaboradores habituales su
interesante y valiosa participación y les aliento a que continúen
apoyando el blog con sus escritos.
Mi especial reconocimiento para el Capitán de Bonis -el
autor más prolífico y leído del blog- al que animo a continuar regalándonos sus
vivencias, sus recuerdos y su gracejo en nuevas entradas.
Una vez más deseo invitar a todos los tripulantes del “Círculo
Marítimo-Junta de desguace” a participar como autores, comentaristas y lectores
de nuestro blog.
Quisiera que, con la ayuda y empuje de todos, cuando el próximo año
hagamos balance del andar del blog, podamos
titular la entrada correspondiente con un rotundo “Avante toda”·
Carlos
Navarrete
viernes, 18 de septiembre de 2015
ÁFRICA. TEMA Nº TRES
Pues muy
bien. Dejamos Cabo Blanco después de sortear los cientos de pesqueros de todas
las nacionalidades que se encuentran faenando en el inagotable banco sahariano
y arrumbamos en demanda de Cabo Verde, el punto más occidental de la costa
africana, cabo que da resguardo al
puerto de Dakar, nuestra próxima escala y yo diría por adelantado que es
el puerto donde más veces he recalado de toda la costa africana.
Después de
treinta horas de navegación aproximadamente y teniendo muy en cuenta los muchos
bajos existentes en las proximidades del cabo, con toda precaución se procede a
la bahía dejando por babor la pequeña isla de Goree y una vez en posición
fondeamos y dejamos filar unos cuantos grilletes de cadena en el tenedero y
desde ese momento quedábamos en espera de los pesqueros, los cuales ya habían
sido contactados con anterioridad para informarles de nuestro eta. En un
principio, cuando solamente se trataba de transbordar la pesca de cinco o seis
marisqueros, hasta completar nuestra bodega frigorífica del Sierra
Estrella con capacidad para sesenta
toneladas, todas las operaciones de
transbordo se efectuaban fondeados en la bahía donde ni siquiera venían las
autoridades fiscales ni sanitarias para pasar el control reglamentario. Una vez
finalizadas las operaciones se transmitía por telefonía los datos a nuestro
agente y una vez confeccionada la documentación la traían a bordo y zarpábamos de vuelta al puerto de Huelva.
Será algo
complicado escribir sobre el puerto de Dakar, sin hacer mención a temas que ya
fueron narrados en el libro MIL AÑOS DE MAR, intentaré repetirme lo menos
posible, ya que han sido tantas las veces que he recalado en este puerto
incluso de forma alternativa, que creo que siempre habrán detalles que se han
quedado en el tintero.
B/F "Sierra Aramo"
Los
marisqueros españoles en la zona fueron aumentando después de que entre España y Senegal se firmaran acuerdos de
pesca y por consiguiente el número de pesqueros que solicitaban efectuar
transbordos al mercante aumentó de forma considerable. Fue entonces cuando
Marítima del Norte tomó la determinación de reconvertir los tres buques:
Estrella, Espuña y Escudo en buques
totalmente frigoríficos con una capacidad de 400 toneladas de carga
aproximadamente, más que suficiente para atender la demanda de los marisqueros
que operaban en la zona. Pero a partir de este momento las operaciones se
dejaron de efectuar fondeado y nos obligaron a entrar en puerto para poder ser
controladas tanto las descarga de marisco (que ya estaban sujeta al pago de un canon)
y también la descarga de pertrechos destinado al mantenimiento de los pesqueros
(víveres, artes de pesca, cartón, etc.). Por este motivo las operaciones se
ralentizaron de forma considerable, pero al mismo tiempo nos proporcionó la
ocasión de conocer, el puerto, la ciudad y a muchísimas personas que empezaron
a formar parte de nuestras vidas cada vez que hacíamos escala en Dakar.
Y hablando
de personas, en primer lugar deseo mencionar a Ramón Gutiérrez (q.e.p.d.),
trabajador incansable que con su buen hacer como inspector de la flota pesquera
contribuyó de forma inconmensurable a que la operación de Senegal tuviera
éxito. Ramón llegó a Dakar como inspector del motopesquero “Ferrer Tur” del que
había sido jefe de máquinas toda su vida. El armador le confió la inspección
cuando el pesquero se traslado a la zona de Dakar y faenar en los caladeros de
Senegal. Poco a poco fue recibiendo peticiones de otros muchos armadores de
Huelva para que atendiese igualmente a sus pesqueros. En poco tiempo este
hombre se hizo prácticamente imprescindible para la flota marisquera, tanto por
el servicio técnico que les prestaba como también por la ayuda humanitaria y
administrativa que les proporcionaba debido
a la amistad que había establecido tanto con el personal del Consulado de
España y con las autoridades portuarias. Ramón estaba dispuesto a cualquier
hora del día y de la noche para lo que fuese necesario, tanto para resolver una
avería como atender a un enfermo que tuviese que ser trasladado al hospital.
Como su trabajo estaba ligado a las escalas que el mercante hacía en Dakar para
efectuar los transbordos, nuestra relación fue a más con el transcurso del
tiempo, llegando a establecerse una verdadera amistad. El único problema que
tenía Ramón era el idioma pero eso no significó ningún obstáculo para su
trabajo, Cuando algún agente de aduanas le preguntaba algo, él contestaba sencillamente “rian a declareté”
y se quedaba tan pancho, se manejaba muy bien con su gracejo andaluz y sus
obligados regalos de pescado y marisco a las distintas autoridades del puerto,
asunto que al parecer no tiene arreglo en esta vida, cada cual se la busca como
puede.
Gracias a
él llegamos a conocer a un matrimonio español afincados en Dakar, el marido,
Juan Sánchez era director de una factoría textil y su esposa Olga, ama de casa
excelente, dos personas entrañables que el conocerlos supuso para nosotros como
si tuviésemos familia en Dakar. Creo sin temor a equivocarme, que todos cuantos
de Marítima del Norte hemos hecho escala
en Dakar, hemos sido recibidos y acogidos en su casa donde hemos pasado
momentos inolvidables y donde disfrutamos del buen hacer como excelente
cocinera de Olga; inigualable su “pollo a la senegalesa”, nada que ver con el
pollo de la Pantoja. Ahora ellos viven en Málaga disfrutando de un merecido
retiro y yo siento muchísimo que debido a nuestro deterioro físico nuestra
amistad no haya podido tener la continuidad que se merecía. Yo, desde aquí les
doy las gracias por todo el cariño recibido y todas las atenciones que desplegaron
para hacernos la vida más agradable en Dakar cuando nos encontrábamos lejos de
nuestra familia.
B/F "Sierra Grana"
Con el
tiempo, nuestras escalas en Dakar no se limitaron solamente al transbordo de
marisco, con barcos de mayor porte, con el Sierrra Andía, Aramo y Aránzazu, que
también fueron transformados en buques frigoríficos se iniciaron otras líneas
al efectuar igualmente transbordos de buques atuneros, cuyas cargas unas veces
iban destinadas a España, otras a Italia, a Francia y a Puerto Rico (Mayagüez y
Ponce) donde existían grandes factorías conserveras americanas. El embarque de
atún tenía lugar de acuerdo con la época del año, ya que los buques atuneros se
movían y cambiaban su puerto base acorde con el movimiento migratorio del atún
a lo largo de toda la costa africana, lo mismo s encontraban en Dakar que en
Angola, todo dependía como he dicho anteriormente de donde aparecían los
deseados túnidos, y aquí intervenía de forma clamorosa la labor de espionaje
ejercida constantemente por las escuchas a través de la radio que mantenían
todos los atuneros incluidos los franceses.
De Dakar
solamente me queda decir que era una ciudad muy acogedora donde los franceses
como es su costumbre, habían dejado huella de su paso como colonizadores, su
sello de “saber vivir” ya que fácilmente era posible encontrar productos
franceses importados del día (como las ostras) o toda clase de quesos. Existían
magníficos restaurantes europeos o si lo preferías senegaleses con los platos
típicos del país, todo muy picante.
Como último
detalle de mi relato antes de zarpar de Dakar, deseo hacer constar las
buenísimas relaciones que se mantenían tanto con el Consulado como con la
Embajada de España; en varias ocasiones fue el mismo embajador quien se
presentaba a bordo para saludar e incluso para comer y yo fui correspondido
particularmente a comer en la embajada en más de una ocasión. Y doy fin a mi
relato de hoy porque largamos amarras y salimos con dirección a Sierra Leona.
Capitán A. de Bonis
viernes, 11 de septiembre de 2015
CARGA DE GRANO EN EL RIO MISSISSIPPI
La mayoría de las veces que he estado en este
río, ha sido al mando de los buques CASTILLO DE JAVIER y CASTILLO DE JAVER,
catalogados por la Empresa Nacional Elcano como Cementeros-Graneleros. En otra
ocasión hablaré de estos barcos.
Los viajes
que más veces realizamos eran de carga de cemento a granel en las bodegas uno,
tres y cinco, en los puertos de Valencia, Alcanar y Alicante, siendo los
puertos normales de descarga Port Everglades, Port Canaveral y Tampa, en
Florida (USA).
Una vez
terminada la descarga con nuestros propios medios (por tubería hasta los silos,
con una duración de unos siete días), procedíamos a la limpieza de las bodegas
de cemento para tenerlas preparadas para la siguiente carga. Normalmente
hacíamos coincidir el final del fondeo, tras la descarga, con la finalización
de la limpieza para llegar listos al próximo puerto de carga.
En los primeros años, desde 1983 hasta 1986,
siempre fuimos a cargaderos de grano del Río Mississippi. La llegada a Southwest
Pass era sobre las ocho de la noche, realizando la navegación por el río de
noche. El fondeo en los fondeaderos de 12 Miles o 9 Miles (ver esquema 4), cercanos
a New Orleans se realizaba sobre las ocho de la mañana del día siguiente, para así
poder hacer la primera inspección. De esta forma, si surgía algún problema con
la limpieza de las bodegas, nos daba tiempo para intentar solucionarlo y pasar
una segunda inspección por la tarde.
La
inspección de las bodegas era realizada por inspectores del Nacional Cargo Bureau
(NCB) que revisaban la seguridad de las bodegas y el cálculo de estabilidad de
grano. Seguidamente, los inspectores del Departamento de Agricultura (USDA)
efectuaban otra inspección. Ésta revisión era la más problemática, pues se miraba
la limpieza de las bodegas. En estos barcos, las bodegas tres y cinco llevaban
en su interior unos enormes barredores que se utilizaban en la descarga de
cemento, por ello, a veces nos las rechazaban. Por este motivo, la llegada
siempre se hacía de noche, para así tener dos posibilidades de inspección en el
mismo día.
Para tener
una idea de lo difícil que resultaba la limpieza de estas dos bodegas, pongo un
esquema transversal de una de ellas. En la parte alta rallada en negro y en la
parte de popa de la misma, debajo de cubierta había alojado un barredor con dos tornillos sinfín que
llegaban de babor a estribor, con sus correspondientes motores, cables, etc. y
alguna que otra cosa que no sirvió para nada y acabamos tirándola al mar. La zona rallada en rojo corresponde a
tanques doble fondo, unos con fuel-oil y otros con lastre, y la zona rallada de
azul a la izquierda corresponde a los tanques laterales de lastre.
He querido
explicar esto para que luego se pueda entender lo que nos sucedió.
Para comprender la magnitud de esta río, voy a
poner unos esquemas y explicarlos. Los cementeros podían navegar hasta
Baton Rouge, unas 20 horas navegando río arriba.
La entrada
más usada es la de Southwest Pass, (ver esquema 2) aunque hay otras mas como el
South Pass, poco utilizada por este tipo de buques y otra que va solamente al
puerto de New Orleans, que no tiene acceso por el río y se hace a través del Mr.
Go. Channel, como ellos lo llaman, aunque nombre completo es Mississippi River
Gulf Outlet Channel, ahí queda eso.
Esquema 1
El esquema
1 es una visión general del río, desde en desembocadura hasta Baton Rouge, el esquema 2 es una
vista de la desembocadura y de los canales de entrada, los otros esquemas
muestran desde Bouthville hasta Davant, desde Davant a Bonnet Carre, desde
Bonnet Carre a Burnside y el último desde Burnside a Baton Rouge.
Esquema 2
Comentar que en esta zona del río hay 89 atraques
para graneleros, petroleros, carga general, etc., así que podemos ver cómo
sería en puerto con 89 atraques.
Esquema 3
Esquema 4
Esquema 5
Esquema 6
Una vez
explicado todo lo anterior voy a comentar los que nos ocurrió un uno de los
tantos viajes que realicé por el río. En esta ocasión el primer oficial era
Juan Verd González, gran amigo y profesional, pero de la virgen del puño
cerrado. Juanito no lo tomes a mal si lees esto, sabes que te aprecio un
montón.
Como digo
anteriormente llegamos a Southwest Pass sobre la ocho de la tarde y fuimos
navegando hasta el fondeadero de 9 Miles Point donde fondeamos, dándonos un
poco de tiempo para desayunar. Enseguida aparecieron los inspectores del NCB,
revisaron las bodegas y los cálculos de estabilidad de grano, y todo quedó
aprobado. Los inspectores del USDA, los que miraron las bodegas 1, 2, 3, 5 y 6
(la 4 iba con lastre), nos dieron el pase para poder cargar. No pusieron
ninguna pega y se calmaron nuestros nervios.
Vista parcial del cargadero de grano en Davant, la foto está hecha desde la popa de barco
Una cosa
que si aprecié es que sí había muchos barcos fondeados esperando para cargar,
las inspecciones del USDA eran mucho mas duras que las que realizaban cuando
había cargadero disponible, como en este caso, quizás por ello no pusieron
pegas o nuestro trabajo estuvo bien hecho, cosa que intentábamos siempre.
Como digo,
había atraque disponible y nos avisó el agente que sobre las 4 de la tarde
embarcaría nuevamente el práctico para dirigirnos al cargadero donde
llegaríamos sobre las dos de la noche siguiente.
Así sucedió,
y nada más llegar el cargadero volvieron los inspectores del USDA, y cual sería
nuestra sorpresa que cuando abrimos las tapas de escotilla de las bodegas, el
plan de las cinco bodegas revisadas anteriormente, estaba lleno de agua. Había
más de 5 centímetros.
Esto
suponía un retraso, pues así no se podía empezar a cargar y enseguida
comenzamos a movernos para saber que había ocurrido. Llamadas a la máquina para
ver si se había realizado alguna operación y podía se por ello, cosa poco
probable pues eran las cinco bodegas las que tenían agua.
Me informé que el jefe de máquinas que no había
realizado ninguna operación con lastres, y acto seguido, bajamos a las bodegas para ver si localizábamos
de donde provenía este agua.
El agua que
se mueve por este río procede de los lagos canadienses y en época de deshielo,
su temperatura es bajísima, en contraste con la temperatura ambiente donde la
humedad puede estar por encima del 80%.
Observamos
que la chapa de la parte interior de los tanques laterales, que eran los que
expliqué que estaban rallados en azul anteriormente, y que daba a la bodega,
rezumaba agua lo mismo que si fuera una fuente, así que enseguida ordené que
deslastraran todos los tanques laterales y que se achicaran el agua que había
en el plan de las bodegas.
En el momento
que estuvieron vacíos los tanques laterales dejó de rezumar el agua. El
contacto de la humedad ambiente con esta chapa del tanque que estaba a unos
grados, cuando estaban llenos de agua, era lo que lo había producido, así que
nos dedicamos a dejar seca una bodega para empezar a cargar sin mas demora.
Llevar
todos los tanques de lastre y la bodega 4 totalmente llenos, es necesario para
poder pasar por debajo de los puentes.
Un poco de mal tiempo en uno de los viajes, el agua entra en cubierta comno Pedro por su casa
Un poco de mal tiempo en uno de los viajes, el agua entra en cubierta comno Pedro por su casa
Sacamos el
agua que pudimos deslastrando la bodega y nos dedicamos a secar el plan de una
bodega con fregonas, trapos y todo lo que pudiese servir.
Yo me
encontraba arriba de la bodega con los inspectores del USDA mientras todo lo
anterior se realizaba y en un momento determinado, cuando parecía que estaba
casi seco el plan, aunque desde arriba y a la luz de los focos casi toda la
superficie del plan brillaba y no se sabía exactamente en las condiciones que
estaba, una de los Inspectores dice que le indique al Primer Oficial que fuese
a una de las zonas donde parecía que aún quedaba agua y que pateara en ella
para ver si estaba seca o no.
Se lo
indico a Juanito y estuvo un buen rato; y fue al único sitio que estaba
totalmente seco y allí se puso a patear.
A los que
estábamos arriba nos dio un ataque de risa y pudimos empezar a cargar enseguida
debido a la ocurrencia de Juan.
Espero que
sirva como entretenimiento y se conozca algo de nuestra vida.
Hasta otra
historia.
Capitán Rogelio Garcés
lunes, 7 de septiembre de 2015
ÁFRICA TEMA Nº DOS
Antes de
seguir navegando hacia el Sur, deseo reseñar que cuando estuve al mando (de
forma esporádica durante seis meses) del buque gasero “Sant Jordi”, me
tocó hacer escala en dos ocasiones en el
puerto de Mohammedia muy cercano al de
Casablanca con el fin de descargar Etileno. En la primera ocasión toda la
operación se desarrolló sin incidente alguno. El tiempo era muy bueno, la
maniobra de atraque se efectuó con ayuda de dos remolcadores y Práctico que
procedían de Casablanca. La operación de descarga se efectuó sin novedad en
aproximadamente doce horas y desde aquí
procedimos al puerto de Tarragona para completar la descarga.
B/T "Sant Jordi"
En la
segunda ocasión las circunstancias fueron completamente diferentes, debido al
mal tiempo reinante en la zona, en el interior del puerto había muchísima
resaca lo que impedía permanecer atracados sin dar continuos golpes contra el
muelle, motivo por el cual tuvimos que volver a la rada y fondear en espera de
mejoría del tiempo. El hecho estaba motivado a que las amarras de popa estaban
engrilletadas a una boya y no encapilladas en noray fijo en el muelle, porque
dicho noray estaba siendo usado para amarrar el yate imperial, el cual
resultaba intocable. Diez días permanecimos fondeados en las proximidades del
puerto con tres intentos de atraque fallidos porque las condiciones del tiempo
no eran favorables y las condiciones de amarre tampoco habían cambiado; por lo
visto, las necesidades de Etileno no eran las suficientes como para permitir
encapillar nuestras amarras en el mismo noray en que las tenía el yate
imperial. Como resultado de este absurdo contratiempo fue que recibimos órdenes
para abandonar Mohammedia y proceder a un puerto sueco para efectuar la
descarga y con esto digo adiós a Marruecos y al “Sant Jordi”, ya que
desembarqué para volver a los “Sierras” en el puerto de Terneuzen, una vez que
el buque tomó un nuevo cargamento.
Para poder
seguir navegando hacia el sur no tengo más remedio que embarcar en uno de los
muchos buques frigoríficos que tenía la compañía, no importa cual porque entre
1965 y 1988 en que me jubilé, creo que estuve en todos dedicados principalmente
al transporte de marisco, túnidos, merluza y rosada desde Namibia y chicharros
para el puerto de Lagos en Nigeria.
El primer
puerto fue Villa Cisneros, más que puerto podríamos llamarle ensenada, rada o
bahía, allí se encontraba fondeado el buque factoría de Pescanova, el que fue
de Trasatlántica y llamado “Habana” que fue reconstruido por la empresa
gallega. Los transbordos no se efectuaban abarloados sino que se hacía por
medio de unas pequeñas lanchas en las que cabían justamente el motorista, una
lingada con cajas de pescado y dos marineros que aguantaban la lingada en el
trayecto entre el buque factoría y el mercante y después para engancharla y
desengancharla del gancho del cable de la grúa, los transbordos resultaban
lentos y penosos de acuerdo con el estado de la mar y en algunos momentos nos
veíamos obligados a suspender cuando la fuerte marejada hacía peligrar la
operación de transporte. Solamente en una ocasión hice esta clase de transbordo
y nada más digno que relatar sobre el mismo, aparte de decir que desde ese
momento me di cuenta de la dura vida que soportaba la gente de la mar dedicada
a la pesca.
Reitero que
esta narración no tiene un orden cronológico sino que está realizada de acuerdo
con las escalas que hice siguiendo el curso de la costa de norte a sur.
B/F "Sierra Estrella"
El
siguiente puerto donde hice escala en la costa africana fue en Mauritania, en
el puerto de Nuadibú (Nouadhibou en árabe), el antiguo Port Etienne de los franceses, para hacer un
cargamento parcial de pescado congelado procedente de la factoría que había
sido construida con la ayuda del Estado Español, el I.N.I... De mi estancia en
este puerto guardo tres recuerdos. El primero: que las autoridades con su afán
de obtener dádivas, cuantas más mejor, se hacían los duros y exigían cosas que
nunca me habían solicitado en ningún puerto, cotejar todos los certificados del
buque y las cartillas de navegación de los tripulantes para comprobar que todo
estaba inscrito en el Rol. Tuvimos mucha suerte de que todo estuviera en orden,
ya que posteriormente tuve conocimiento de que a un Capitán de nuestra Compañía
le habían incluso llegado a dar con el Rol en la cara por encontrar un fallo en
una de las diligencias. A pesar de todo hubo que hacer una buena derrama de
cigarrillos para que se quedaran tranquilitos como normalmente suele pasar en
todos los puertos africanos y otros que no son africanos. El segundo recuerdo
que guardo es comprobar que las cabras, coman lo que coman dan leche, no sé el
nombre de la marca resultante y por lo tanto no puedo hacer publicidad. Con mis
propios ojos comprobé que todo el cartón que tiraban de la factoría de pescado,
era consumido por una piara de cabras en menos que canta un gallo, además
parece que incluso tenían cronometrado la hora en que la factoría hacia la
limpieza del cartonaje, pues todas aparecían por los alrededores de la factoría
a la misma hora. El tercer recuerdo es el más agradable de todos los que me
acontecieron en nuestra estancia en el puerto de Nuadibú. El puerto era pequeño
y el único atraque lo ocupábamos nosotros. Un buque científico francés arribó y
como no había atraque tenía que
permanecer fondeado en la rada esperando que nosotros finalizáramos las
operaciones de carga y como ésto era cuestión de varios días, el Comandante
solicitó si podía permanecer abarloado a nuestro costado; como mi respuesta fue
afirmativa correspondió invitándome a cenar y a mostrarme el buque con todos
los adelantos que ya existían en aquella época y más tratándose de un buque
científico. Contaba ya con navegación por satélite y recuerdo perfectamente que
contaban con un habitáculo que se mantenía a una temperatura determinada y en
cuyo centro iba instalado un artefacto imponente y que resultaba ser el alma
del sistema. Todo resultaba impresionante teniendo en cuenta y comparándolo con
lo que en aquella época disponíamos los “Sierras”. Pero ese detalle me hizo
sonreír bastante cuando bastantes años más tarde vinieron a instalar un G.P.S . en un “Sierra”, no recuerdo cual de
ellos, sólo que nos encontrábamos en el puerto de Las Palmas cuando aparecieron
tres japoneses con un maletín de mano y preguntando donde queríamos que fuese
colocado el G.P.S en la mesa del Cuarto de Derrota. Cuánto había cambiado el
mundo y cuánto tendría que cambiar -en cuanto a comunicaciones se refiere- en
tan poco tiempo relativamente.
Y desde
Cabo Blanco a Cabo Verde, al puerto de Dakar, puerto donde verdaderamente
empezó Marítima de Norte y yo al mando del Sierra Estrella en el 1965 la aventura
africana y el tráfico frigorífico y donde yo -personalmente- pienso que para mí
empieza la verdadera África negra, pero si me perdonan lo dejaremos para el
próximo capítulo.
Capitán A. de Bonis.
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