lunes, 19 de febrero de 2018


        ,QUE TIEMPOS AQUELLOS………

Hace ya algunos días que tengo sobre la mesa unas cuantas cuartillas en blanco, esperando ser rellenadas con el simple objeto de poder dar continuidad a mis escritos en el Circulo Marítimo, pero no sé exactamente que me sucede, no soy capaz de meterle mano porque mi cabeza está hecha completamente un lio, ni siquiera sé qué título le voy a dar a mi próximo artículo, y no es debido a falta de temas o argumentos, sino todo lo contrario.

La verdad es que, teniendo que escribir para el Circulo Marítimo, lo normal es que  sean temas relacionados con la vida marítima o los barcos, pero parece ser que esos temas los tengo ya más que agotados. Tendría que volver a navegar, sentirme en el Puente de Mando rodeado de tantos aparatos de nueva tecnología para saber que se siente en la actualidad. Como explicaba en mi artículo anterior, donde me preguntaba por qué la juventud le estaba dando la espalda a la mar y mi conclusión era que tanta tecnología nueva le estaba quitando a la profesión ese punto de romanticismo, ese no sé qué, que se siente mirando al cielo en una noche estrellada, a solas con tus pensamientos, subir a la Magistral para comprobar la corrección total marcando la estrella Polar, en fin, ese innumerable numero de detalles que hacían que te sintieras “marino” y que de ti dependía la confianza depositada para que llevases a buen puerto los bienes y las vidas que estaban bajo tu mando.

Estos últimos meses me tiene absorbida la Tele escuchando todos los debates que se dan en las distintas cadenas sobre Cataluña y alguno que otro sobre el cambio climático, tanto uno como el otro, diría yo que me tienen comida las entendederas, pertenezco a la generación española que yo considero “apolítica forzosa”, con ello quiero decir que verdaderamente no entiendo mucho de política, pero no hay que haber estudiado ciencias políticas para darse cuenta de ciertas actuaciones, pero cuantos más debates veo, menos entiendo que se esté dando el follón que tiene formado el famoso Puigdemont campando a sus anchas por toda Europa , que se supone que tendría que ser una piña contra el cachondeo que este nuevo ILUMINADO viene pregonando cuando y donde se le antoja sin que haya una posibilidad de cerrarle boca. Yo me pregunto si la Comunidad Europea se creó en su día solamente para tratar de asuntos económicos olvidándose de todo lo demás, por lo visto así resulta ser.

Yo, como marino que he sido durante tantos años, he tenido la ocasión de convivir con personas de todas las regiones de España, muchas de estas personas eran catalanes, el “NORTE” que así se llamaba el buque pertenecía a una compañía con sede en Barcelona y su matrícula correspondía a Barcelona. Durante nueve años coincidí con un inolvidable compañero y amigo, yo tenía 19 años cuando embarqué como alumno y él 54 y era oficial, ni con él ni con ningún otro se habló jamás nada de separatismo, la convivencia fue siempre lo más normal, yo llegué a considerarlo como un padre y no me equivoco si pienso que él llegó a tratarme como a un hijo. Lo visité en su domicilio de Barcelona varias veces, cuando yo ya era Capitán de los Sierras y él estaba jubilado y desgraciadamente andaba en silla de ruedas. Siempre lo recuerdo con profundo cariño.

La maldita política empezó a mostrarse en los barcos cuando apareció ETA en las vascongadas, desde ese momento había que tener cuidado con los comentarios que se hacían en los barcos por temor a herir con las opiniones encontradas a otras personas que podrían tener, con razón o sin razón, opinión diferente a la tuya. La situación resultó bastante engorrosa ya que hubo un momento en que eran muchas las familias que estaban comprometidas con el terrorismo de ETA. Me imagino que en la actualidad esa situación habrá experimentado un gran cambio. Y el hecho de que ya navegan casi todos en buques con bandera extranjera resulta inútil discutir por un trozo de tela que ni siquiera sientes como tuya. El color de la bandera ha dejado de tener la razón de ser.

Otro tema con el cual no me aclaro es con el del “Cambio Climático”. Entre los mismos científicos, unos dicen que sí y otros que dicen que no, como la Parrala, pero yo personalmente cada vez que veo en la tele a un Oso polar paseándose por el Atlántico  sobre una plancha de hielo y con cara de hambre, me digo a mí mismo, aquí algo está cambiando aunque algunos científicos opinen que solo se debe a un cambio de ciclo que se repiten cada cierto tiempo. Yo, personalmente y sin ánimos de polémica constato que todos los fenómenos meteorológicos  se muestran de una forma más virulenta, los ciclones causan muchos más estragos por donde pasan, las lluvias suelen ser torrenciales donde caen y por el contrario hay zonas donde la desertización avanza a pasos agigantados y si hablamos de frio, para que contar, este año en España se están batiendo marcas y hay pueblos que parece que están compitiendo a ver quien tiene el record de menos cero. También tengo que admitir que ya en el año 63 del siglo pasado, en el puerto de Hamburgo sufrí temperaturas de -25º y que el rio Elbe quedó congelado y fue necesario el empleo de remolcadores rompehielos para salir de aquella anómala situación. Pero tener 30 años resulta tan bonito, que todo aquel frio no era obstáculo para que una vez finalizada la jornada de trabajo salieras a tomar unas cervezas en el Ziller Taal de San Pauli , eso sí , abrigados hasta los dientes, bufanda, abrigo, gorra y hasta el pijama, porque ese no te lo quitabas desde el momento en  que entrabas en el ELba . Cuando estás en un rio el frio suele ser más intenso  que cuando estás en tierra a causa de la humedad, yo las he pasado canutas en el rio Escalda cuando teníamos que esperar para pasar la esclusa y había que estar en el castillo de proa listos por si fuera necesario fondear, y en el rio de Bremen cuando a causa de la niebla y por carecer de radar, el Práctico  dijo que había que fondear y desgraciadamente estuvimos fondeados cuatro días y para más inri con la calefacción estropeada, todos estábamos más tiesos que un bacalao. Estoy escribiendo  de situaciones que sucedieron hace 50 años, posiblemente el tiempo suficiente para que se cumpla el ciclo que avalan los científicos.

Pero cada vez estoy más confuso, como habrán podido comprobar últimamente, en la Tele no dejan de aparecer cartas meteorológicas que verdaderamente, desde el punto de vista profesional se le ponen a uno los pelos de punta al oír que olas de más de diez metros están batiendo toda la costa norte de España  y lluvias torrenciales en las islas afortunadas. Pues bien, en Tenerife tengo un amigo con el cual mantengo, una correspondencia fluida a través de internet, como es un profesional de la meteorología con él comento mucho sobre estos temas. Justamente en mi último correo le decía que las islas estaban perdiendo el calificativo de “afortunadas” a raíz  de lo que se veía en la Tele últimamente, mi sorpresa fue cuando me contestó que en Tenerife no había caído ni una gota de agua, cuando yo pensaba que se estaban trasladando en barca en vez de la “guagua”. Ver para creer. Desde luego que en Málaga pasa lo mismo o casi lo mismo, los meteorólogos no dan una en el clavo. Por cierto que hoy leo en el periódico que para el próximo Domingo y Lunes se aproxima una “Dana” (así se llaman ahora a las gotas frías) y se esperan lluvias torrenciales, lo más que puede pasar en que caigan cuatro gotas como solemos decir en Málaga.

Como ya se van terminando las cuartillas que tenía preparada, me voy a ir despidiendo de ustedes dando por terminado mis consideraciones sobre estos temas más o menos de actualidad, y después de releer varias veces lo escrito he decidido el título de mi escrito,  en recuerdo de aquellos buenos tiempos en que la edad hacía que no tuviésemos miedo a salir a tomarte unas cervezas a pesar de las bajas temperaturas, ya que todo consistía en forrarte de los pies a la cabeza y dejarte el pijama, cosa que por costumbre no lo hacías desde que entrabas en el rio Elbe.

Hasta la próxima me despido de ustedes con un saludo    Capitán  A. de Bonis          

viernes, 19 de enero de 2018


LA MAR CADA VEZ MÁS LEJOS

No sé nada de estadísticas y considero que no son necesarias para escribir lo que pienso decir, que no es ni más ni menos qué,  tengo la impresión que la pasión por la mar, profesionalmente hablando se va apagando poquito a poco. La única referencia que me induce a pensar eso es la vista panorámica que me ofrece el puerto de Málaga cada vez que tengo ocasión de visitarlo. Me entristece ver como uno o dos buques solamente enarbolan la bandera española, uno de ellos el correo que une Málaga y Melilla, vulgarmente conocido como “el melillero”, un pequeño guardacostas de la Armada española y el resto de atraques están ocupados por dos remolcadores que esperan tristemente ser llamados cuando de vez en cuando llega algún buque de contenedores que con toda seguridad ninguno porta bandera española, eso  sí, el puerto de Málaga se ha convertido en el lugar preferente de esparcimiento de los malagueños, donde van a comer a cualquiera de los muchos restaurantes instalados últimamente en el recinto portuario. Ahora las personas que desean ver algo de mundo, se apuntan a un crucero y eso les basta para cumplir sus deseos de aventura marinera.

Esto que escribo no sé exactamente si será como el cuento de la pescadilla que se come la cola, no sé si será como consecuencia de que cada vez hay menos barcos y menos todavía con bandera española.  Hace algunos años cuando se visitaba el puerto se encontraba uno con todos los atraques ocupados con buques que hacían cabotaje, nunca faltaba algún buque de la Compañía Ybarra o Aznar, algún petrolero de Campsa, alguno descargando grano o carbón, se notaba la actividad. Hoy desgraciadamente los atraques se encuentran vacios, si se ocupan es con algún yate perteneciente a un magnate de petróleo o algún Crucero de esos que tienen seis o siete cubiertas, que se parecen a una caja de zapatos o a un bloque de pisos, estéticamente a mí me parecen feísimos. Dentro del recinto portuario  ya no hay nada que incite a la juventud a tener vocación marinera, ese gusanillo de ver mundo y visitar países exóticos como se solía decir en mis tiempos de estudiante.

Por el contrario, cuando se ven programas en la tele en los cuales la gente va para ganarse unos euros extras, siempre que se le pregunta qué piensa hacer con el dinero, casi un noventa por ciento contesta que su ilusión sería hacer un crucero con la familia, incluida la suegra, posiblemente con la intención de tirarla por la borda o dejarla abandonada en cualquiera de los puertos de escala. Perdonen los lectoras pero esto no es de mi cosecha, lo escuché como chiste en uno de esos concursos que existen en la tele.

Vuelvo a retomar el tema, a los marinos les sucede lo mismo que a los curas, cada año que transcurre, las vocaciones van decreciendo. Los Seminarios están casi vacios y las Escuelas de Náutica (hoy día Universidades) padecen la misma enfermedad. En cuanto a los marinos se refiere, las razones pueden ser varias, una de ellas, es que hoy en día existen estudios más interesantes y que están mejor remunerados, el mayor número se dedican a estudiar informática, que de momento es donde parece que se encuentra el futuro. Por otra parte, estudiar una carrera sabiendo a priori que después no vas a encontrar trabajo porque no existen barcos donde desarrollarla, resulta un poco absurdo.

Las navieras españolas, casi todas, incluyendo las estatales han buscado refugio en países donde la fiscalidad, dicen que les permiten respirar, les llaman banderas de conveniencia y se olvidan por completo cuando años atrás construyeron buques y más buques aprovechándose de las ayudas del Estado que concedía prestamos a muy bajo interés. La entrada en el  M.C.E.  terminó por darles la puntilla, al estar obligados a competir en el negocio marítimo sin ninguna ayuda por parte de Estado español, como por ejemplo: Las Primas a la Navegación. Resultado de todo cuanto he dicho: que ya resulta difícil ver una Compañía Naviera cuyos buques enarbolen el pabellón español y que el interés de la juventud haya cambiado completamente  porque la vida del marino, aunque siempre ha estado rodeada de una aureola de misterio, de aventura y de exotismo, la pura verdad es que siempre ha sido una vida llena de sacrificios, sobre todo en el aspecto familiar, donde no existen Domingos ni fiestas que guardar. Yo, personalmente durante mis 38 años de vida profesional puedo contar con los dedos de una mano las veces que he tenido la ocasión de pasar las fiestas de Navidad en familia y justamente el mayor accidente que he sufrido en la mar fue un 31 de Diciembre de 1967, cuando el buque frigorífico “Sierra Estrella” sufrió un incendio que nos obligó hacer abandono del buque en plena mar. O sea, que a mis 84 años y con la mente aún muy clara, comprendo perfectamente que la juventud haya cambiado de una forma tan radical, dándole la espalda a la mar, lo comprendo y lo acepto pero no  puedo tampoco de dejar de sentir cierta tristeza al comprobar que se ha perdido ese sentido de aventura,esos deseos de querer explorar otros países, esa nostalgia que se siente en el puente de un buque cuando te encuentras a solas con tus pensamientos y rodeado de estrellas como única compañía. También hoy día ha cambiado mucho la navegación, las nuevas técnicas han llegado a los barcos, dotándolos de unos adelantos que te proporcionan más seguridad pero al mismo tiempo le han restado ese punto especial de saber que todo dependía de tu pericia y conocimientos náuticos para que el buque llegase a buen puerto. La frase famosa de que la humanidad se componía de tres especies, los vivos, los muertos y los que navegan ya no está vigente o al menos los últimos casi se puede decir que están pasando a formar parte de los segundos.

Sin más consideraciones que añadir por mi parte en este tema, un saludo como siempre.
Capitán A. de Bonis             

jueves, 14 de diciembre de 2017


HOMENAJE A MI ESPOSA GRETA CEUPPENS

Pensaba  dejar pasar en blanco mi colaboración en el blog del Circulo Marítimo este mes de Noviembre, la causa primordial es que mi ánimo no resulta el más adecuado como consecuencia de estar a punto de cumplirse un año del fallecimiento de mi querida esposa Greta. No obstante, pensándolo bien, me he dicho: ¿por qué no hacerlo dedicándoselo a ella como homenaje a los 53 años de convivencia que hemos tenido, 53 años llenos de sacrificios y de felicidad de acuerdo con las circunstancias.

Estoy seguro que me va a costar mucho trabajo cumplir con mi propósito, ya que aún después de un año, cada vez que menciono su nombre se me hace un nudo en la garganta y las lagrimas afloran como si fuese ayer mismo cuando le dije adiós para siempre.

Yo soy uno de los muchos españoles que en 1981 estábamos con la oreja pegada a la emisora de radio escuchando como se iban desgranando y aprobando poco a poco los artículos de la Ley de Divorcio propuesta por el Ministro Fernández Ordoñez, la cual vio la luz felizmente  si mal no recuerdo a mediados de ese mismo año, 22-06-1981. Aunque esto que cuento no tiene nada que ver con navegación ni con barcos, he de aclarar ciertos detalles para que sea posible tener una idea clara del contexto general. En EL año 1958 yo contraje matrimonio en Malaga con una chica de nacionalidad francesa, la había conocido tres años antes cuando ella hacía un curso de español en un colegio de monjas de la capital durante el verano.

En Febrero de 1961, teníamos un hijo y ella se encontraba en Francia esperando dar a luz a nuestro segundo. En esa fecha yo embarqué en el Sierra Urbión que tenía línea regular con Casablanca, puerto donde se solía permanecer aproximadamente una semana por ser cabeza de línea. Ella  enseguida me propuso y yo lo consideré razonable que estableciéramos nuestro domicilio en Casablanca, aprovechando que su padre había ocupado plaza de diplomático en Marruecos y aún conservaba amistades obtuvimos de forma gratuita un chalecito perteneciente a la Embajada francesa y allí se fue a vivir una vez que dio a luz la hija que esperaba.

Yo llegué días más tarde creyendo que la felicidad me esperaba en la nueva vida que acabábamos de emprender, pero nada más lejos de la realidad, ya que una vez que conocí a mi nueva hija y nos  sentamos a charlar tranquilamente de cómo había transcurrido todo el traslado, me soltó de sopetón que no soportaba estar casada con un marino y estaba sopesando pedir el divorcio, amenaza que llevó a cabo al comienzo de 1962 aprovechándose de su nacionalidad francesa y que en Marruecos regían las mismas leyes que en Francia. En ese momento no sabía cómo reaccionar, me encontraba como perdido en el desierto ya que en España no existía el divorcio y mi futuro familiar se me antojaba que iba a ser un desastre.

A sabiendas que ella iba a conseguir su propósito, lo único que exigí  para dar mi consentimiento fue que mi hija de un año fuese trasladada a España para vivir con mi familia, ella accedió a mi petición y si te vi no me acuerdo.

Hoy día, a punto de cumplirse un año del fallecimiento de mi segunda esposa, doy gracias a Dios por lo que ocurrió en Casablanca y que yo consideré que sería el fin del mundo, ya que me dio ocasión de conocer a Greta, la pareja más maravillosa con la que he convivido 53 años, a pesar de cuantos obstáculos nos ha puesto la vida por delante, obstáculos que empiezan por tener que renunciar a tener familia dado que mi nacionalidad española no consideraba mi divorcio y cualquier hijo en caso de que lo hubiese tendría la consideración de “apátrida” según las leyes belgas, tema que para ella suponía un duro golpe. Para poder paliar en lo posible este tema y al mismo tiempo acceder a la petición familiar de que mi hija Marina se trasladase a Bélgica para vivir con nosotros, nos hizo buscar formulas rocambolescas para poder obtener que las leyes belgas nos considerasen casados para poder llegar a  obtener que mi hija Marina viviera con nosotros en Bélgica. El asunto no fue fácil, después de muchas consultas con abogados, hubo uno que nos dio la única idea posible pero sin garantías de que se considerase un matrimonio legal. Nos aconsejó que nos fuésemos a Inglaterra, que nos inscribiésemos en un hotel durante 20 días, al cabo del cual podríamos presentarnos en el Ayuntamiento y contraer matrimonio con la ayuda de dos testigos. Así lo hicimos y estuvimos viviendo durante 20 días en un hotelito frente al castillo de Windsor con lo cual obtuvimos un certificado de matrimonio que presentamos en el Ayuntamiento de Duffel (Belgica) donde vivíamos y nos inscribieron como matrimonio (hecho consumado).

Pero esta situación nosotros sabíamos perfectamente que era una situación ficticia, que a la larga no tendría ningún efecto legal y que no teníamos más remedio que buscar otra solución, y esa solución solo tenía un nombre: ANULACIÓN DE MI PRIMER MATRIMONIO.  En ese lio me metí después de consultar con un abogado en Malaga que me dio muchas esperanzas en cuanto a tiempo y resultado, eso ocurría el año 1975.  En el año 1982 me encontraba en el despacho de uno de los integrantes del Tribunal de la Rota discutiendo el motivo por el cual no se me concedía la Anulación y sorprendentemente escuché como con muy buenas palabras me decía que para que un coche pudiese rodar era necesario echarle gasolina, “más claro agua”.

Como esta fecha coincidía con la promulgación de la Ley de Divorcio en España, conseguirlo fue coser y cantar, solamente con demostrar el tiempo que llevaba esperando la anulación para que el Juez firmara sin problemas el divorcio de mi primer matrimonio y felizmente conseguimos formalizar nuestra situación contrayendo matrimonio civil en Málaga el 9 de Julio de 1982 donde fijamos nuestra residencia.

Esto produjo en  ella una situación agridulce, ya que suponía dejar su familia, su país y su trabajo de fisioterapeuta que ejerció durante 26 años, pero no lo dudó ni un solo instante. A partir de ese momento comenzó a viajar conmigo, pero desgraciadamente se mareaba y si los viajes eran largos su salud no se lo permitía, lo cual fue otro contratiempo en nuestros proyectos. Tuvo que desistir de acompañarme y se centró en otros temas. Se matriculó en la Madraza donde aprendió a tejer en alto y bajo liso, se le daba bastante bien y acudió a varias exposiciones, hasta que la Madraza cerró por falta de subvenciones por parte de la Diputación de Málaga.

La pintura fue otro tema que la entretuvo durante algún tiempo, pero lo  que más la llenó y a la que le dio más importancia fue al Patchwork dado su conocimiento del inglés se hizo una experta del tema haciendo bonitos y excelentes trabajos. El tiempo que estuvimos viviendo en el Rincón de la Victoria, se dedicó a dar clase en la asociación de mujeres “Amuaxa” donde dejó un buen recuerdo y últimamente se dedicó a comunicar sus conocimientos en este tema en la Residencia donde vivíamos.

En vista de que ella no podía acompañarme en mis viajes, fui yo quien dejé de navegar cuando cumplí el tiempo de navegación para poderme retirar, tenía 55 años y una vida por delante. Pero el hombre propone y Dios dispone, cuando más felices nos proponíamos ser una visita al médico nos dio otro golpe, le diagnosticaron una fibrosis pulmonar y cuatro años de esperanza de vida. Era una mujer muy fuerte y junto a llevar a rajatabla la medicación del médico, los cuatro años se convirtieron en 13, aunque el último no mereció la pena ser vivido, verla todo el dia enchufada a la máquina de oxigeno y comprobar cómo sus neuronas se iban deteriorando de tal forma que su capacidad de reacción eran casi nulas, fueron días para olvidar pero que justamente son los días que yo llevo grabados en mi corazón y que no puedo quitarme de la cabeza.

La noche que te caíste de la cama  golpeándote fuertemente en la cabeza y me pediste que te desenchufara de la máquina de oxigeno para terminar cuanto antes, no tuve valor para hacerlo, yo quería que siguieras viviendo aunque solamente fue un día más porque tu estado era irreversible. Te pido perdón y lo único que puedo decirte es que te he querido con toda mi alma y que te seguiré queriendo hasta el fin de mis días.

Ruego perdonen mis lectores pero tenía que escribirlo.

Capitan A. de Bonis              

domingo, 12 de noviembre de 2017


UN VIAJE MUY ESPECIAL

Volvemos nuevamente a los barcos después de un pequeño descanso; no hay más remedio mientras no aparezcan otros colaboradores con temas nuevos que tratar. Temas hay muchos, pero si no eres entendido del mismo es mejor no “tocallos” como dicen los gallegos. Después de hablar de futbol y concretamente del Málaga, he hecho acto de contrición y me he prometido no volver a tocar el tema porque a juzgar por los resultados me da la impresión de que lo he gafado (vamos el ultimo en la clasificación y con cero puntos, lo nunca visto).

Mientras esto ocurría y rebuscando en el baúl de los recuerdos se me ha ocurrido escribir sobre mi primer viaje a Cuba que fue bastante especial  por muchas circunstancias, tanto familiares como profesionales. En muchas ocasiones me han preguntado a la vista de mi primer apellido, si yo soy español, no solamente quedaban extrañados cuando mi contestación era afirmativa, mucho más extrañado cuando les decía que mi abuelo paterno era cubano, nacido en Pinar del Rio, nada de particular porque hubo una época en que Cuba fue lugar de acogida para miles de españoles que emigraron a la “Perla del Caribe”, principalmente gallegos y asturianos y algún que otro madrileño como era el padre de mi abuelo, que se llamaba Arturo de Bonis Vigrana y cuyos antepasados provenían de Génova. Allí contrajo matrimonio con una descendiente de españoles, llamada Mª Angeles Ibáñez Angulo y formaron por cierto una familia bastante numerosa, siete hijos, el penúltimo llamado Hermenegildo Alfredo de Bonis Ibáñez fue mi abuelo paterno.  Este tuvo la ocurrencia de querer ser militar para lo cual tuvo que trasladarse a España y poder cursar aquí sus estudios.

En España estudió alcanzando el grado de oficial y juró la bandera española. Conoció a mi abuela que era madrileña y cuando contrajeron matrimonio se volvieron a Cuba, destinado al cuartel que hay situado en el morro de La Habana y donde según tengo información, su nombre perdura en la lista de los oficiales que ejercieron allí como tales. Varios años permaneció allí porque sus primeros cinco hijos nacieron en La Habana y fue debido a la guerra de independencia lo que le obligó volver a España ya que él había jurado la bandera española y no quiso quedarse en Cuba. En España continuo su carrera militar y familiar, que por cierto tampoco se quedó atrás, ya que fueron nueve en total los hijos que tuvieron. Mi padre que nació en 1901 fue el penúltimo, por poco nos quedamos fuera del cupo con lo cual yo no estaría aquí dándoles el tostón.

Después de toda esta epístola familiar, no les debe de extrañar qué, cuando el Capitán del Rita García, D. Florentino Americoechevarria, que Dios lo tenga en su santa gloria, nos anunció que el próximo viaje sería a Cuba, con un cargamento de lingotes para el puerto de Mariel, para mi significó algo especial. Era la primera vez que iba a cruzar el charco y al mismo tiempo era el primero de la familia que iba a volver a Cuba después de que  mi abuelo abandonó la isla dejando allí a tanta familia que con el transcurso de los años se había perdido toda clase de contacto.

Una vez finalizada la carga de lingote de hierro en el puerto de Avilés emprendimos viaje a Cuba con escala en las Azores para tomar combustible. El Rita García era un buque de vapor con máquina alternativa, con dos calderas que se abastecían con fuel después de haber sido reconvertido ya que anteriormente consumía carbón. El atraque en las Azores fue una verdadera odisea ya que empleamos más de dos horas en poder atracar. Un poco de mal tiempo, la ausencia de remolcadores y la lancha de los amarradores que era movida por seis remeros que no querían aproximarse al barco para tomar las amarras hicieron que la maniobra resultase interminable.

Salimos de las Azores rumbo a Abacó para pasar por el canal de la Providencia y en la derrota nos encontramos con el mar de los Sargazos, lo cual nos obligó a tener que levantar la corredera a cada instante y estar obligados a limpiarla de la cantidad de algas que se enredaban y que impedían su lectura. Lo único digno de reseñar en el trayecto fue precisamente lo que me sucedió a mí y que casi me impide llegar a Cuba vivito y coleando, como eran mis deseos.  Era una noche magnifica, tranquila, la mar en calma y el cielo estrellado, yo me encontraba en el alerón de estribor haciendo la guardia recostado en el paravientos.  En un momento determinado entré en la caseta de gobierno para comprobar si el timonel gobernaba al rumbo indicado, de pronto oímos un gran porrazo en el exterior, salimos el timonel y yo para comprobar a que se debió el ruido y nos encontramos con un pajarraco incrustado con su pico en el lugar donde yo momentos antes había estado tranquilamente contemplando las estrellas, nos costó trabajo poder arrancarlo del alerón y yo que estaba de un color verde pálido lo primero que se me vino a la cabeza es que acababa de nacer, para más morbo en ese momento nos encontrábamos navegando por el famoso triangulo de las Bermudas

Y por fin llegamos a Mariel, bahía y puerto situado a unas cuarenta millas al oeste de La Habana. Nuestra llegada a Mariel fue un acontecimiento, nos extrañaba mucho que nos llamaran el barco de los cochinillos, pero era así como ellos llamaban a los lingotes  de hierro por su forma y tamaño y además era el primer barco español que entraba en puerto después de la llegada de Fidel Castro al poder.  Se presagiaba que nuestra estancia sería larga ya que los medios de descarga eran muy rudimentarios y manejaban los lingotes uno a uno.

Atracado en nuestra popa se encontraba un barquito que pronto nos informamos que se dedicaba a transportar cubanos a la costa americana de EE.UU., los que todavía querían huir del régimen nuevo implantado en la isla. Trabajo prohibido pero muy bien remunerado. La tripulación vivía en La Habana normalmente y solo aparecían por Mariel cuando tenían un grupo apropiado para transportar. Yo hice amistad con el Capitán y cuando supo que tenía familia en La Habana se ofreció para llevarme con ellos en el coche cuando fueran para la capital.

Así y como quien no quiere la cosa, una mañana temprano me encontré metido en un coche bastante cochambroso acompañado de tres tipos aparte del Capitán que ya conocía y cuya cataduras tenían bastante que desear y que no tenían ninguna prisa por llegar a la capital, pues paraban en todos los chiringuitos que se encontraban en la carretera para echar un trago, bailar un poquito y tocarle el culo a la camarera de turno. Iban cargados de dólares y yo que me llamaban el españolito estaba invitado a todo. Menos mal porque la única divisa que había conseguido del Capitán del Rita fueron 15 dólares que era lo estipulado en aquella época. Tardamos todo el día en recorrer los 70 kilómetros que separan Mariel y La Habana. Yo no recuerdo cómo llegamos, si dormí o no dormí ni donde, ha sido el viaje más loco que he efectuado en mi vida.

Volviendo a la realidad, a la mañana del dia siguiente ya me encontraba en la ciudad libre de malas compañías e indagando de acuerdo con la guía de teléfonos donde poder encontrar a alguien que se llamase “de Bonis”. La busca fue ardua, ya que a todas las puertas que llamaba, miraban por la mirilla y tras  comprobar que no era conocida la persona que se encontraba enfrente, lo único que decían era “perdone” pero no abrían la puerta, desde la llegada de Fidel todo el mundo andaba con la mosca detrás de la oreja y nadie se fiaba de nadie. Cuando estaba a punto de tirar la toalla y tenía perdida todas mis esperanzas, una viejecita me abrió la puerta después de mucho mirar por la mirilla, me informó que un tal Arturo de Bonis trabajaba en un periódico pero que ya no vivía allí. Me dirigí al periódico, pregunté por mí  mismo, y me encontré frente a un hombre de casi mi misma edad y después de darnos a conocer resultó ser hijo de un primo hermano de mi padre y por supuesto también se llamaba Arturo.  Me fue llevando de casa en casa y pude ir conociendo a casi toda la familia que aún quedaban en Cuba, ya que el cambio en la política de la isla había dividido a la familia y muchos habían salido para Mexico, otros para Venezuela y los más numerosos para Miami. Pero no  fue este asunto político lo que más me impresionó de mi visita a Cuba, fue el comprobar que los cubanos tienen muy bien asumido el sentido del racismo y que no tienen ningún prejuicio de dónde la meten. Me encontré con una familia variopinta y donde la mezcla de razas era bien evidente, justamente el Arturo de Bonis que encontré estaba casado con una china, por cierto muy bonita, y su hermano que se llamaba Norberto tenía bastante acentuados los rasgos de ser mulato. También formaba parte de la familia, la célebre actriz dramática cubana Raquel Revuelta y su hermano Vicente también actor, estuve invitado en su casa pero nuestra conversación resultó bastante escabrosa ya que era comunista hasta la medula, hasta tal punto que había enviado a sus hijos para que estudiaran y se educaran en Rusia.

Dejando la familia a un lado porque con los quince días que permanecimos en Mariel tuve de sobra. Recuerdo que nuestro Mayordomo que era un lince a la hora de ganarse unos cuantos dólares, solicitó de la Administración de Aduana permiso para abrir un bar donde los cubanos pudiesen venir a beber y comer productos españoles que tanto les gustaban y que echaban en falta desde que llegó Fidel, se lo concedieron y los fines de semana que permanecimos en Mariel aquello se convirtió en una feria, el barco se inundó de visitantes que  venían a consumir productos de la “madre patria”, recuerdo como se bebían la sidra mezclada con coñac de la peor calidad y lo acompañaban con cualquier clase de embutido, a la bebida la llamaban “España en llamas” y las cogorzas que cogían eran de padre y muy señor mío, eso sí, pagaban en dólares que aún les quedaban y nuestro Mayordomo se llenó los bolsillos como siempre que tenía la ocasión hacía.

Finalizada la descarga de lingote en Mariel, zarpamos hacía el puerto de Old-Tampa para cargar fertilizantes con destino a un puerto de España. Mi familia esperaba mi llegada ávida de conocer más noticias de Cuba y recuerdo que mi padre empezó a cartearse con primos cubanos pero duró poco debido a su fallecimiento. Posteriormente yo hice tres viajes a Cuba estando de primer oficial en el Sierra María, pero habían transcurridos varios años entre tanto, las cosas habían cambiado a peor en la isla y la familia fue desapareciendo poco a poco, además ya no tuvo el impacto emotivo del viaje en el Rita. Pienso que incluso el Capitán que me llevó a La Habana por primera vez estaría en chirona acusado de vete a saber qué.

Deseo aprovechar este artículo más bien familiar que profesional, para lanzar una pregunta que me tiene intrigado: Mi bisabuelo cuando emigró a Cuba dejó en España a una hermana que se llamaba Encarnación de Bonis Vigrana, supongo que se casaría y formaría una familia y por consiguiente los apellidos no se han perdido. Si algunos de mis lectores pudieran dar información  sobre este asunto le estaría sumamente agradecido.

Capitán Arturo de Bonis                    

jueves, 12 de octubre de 2017


Futbol

Perdonar los asiduos lectores que haya cambiado de tema, este de futbol posiblemente no les interese a casi nadie y mucho menos si no son malagueños o malaguistas. De cualquier forma se puede considerar como unas pequeñas vacaciones para los lectores y para mí como escritor, pienso que será un pequeño descanso dejar a un lado tanto mar y tanto barco, dejemos un rato que naveguen por su cuenta.

Y cuál es el motivo de este cambio?. Sencillamente porque esta mañana he visto en el periódico local “SUR” una foto que recoge el homenaje ofrecido al jugador más longevo del C.D. Málaga, llamado BORREDÁ, y eso me ha hecho pensar en mi juventud, no solamente por ser jugador del Málaga, sino por otras circunstancias, extrañas circunstancias que se dan en la vida de vez en cuando.

Ni que decir tiene que soy un forofo del balompié, no hay partido que den en la tele que yo no castigue a mi sillón reclinable y me trague sea lo que sea y el tiempo que sea siempre que se trate de un balón y a veintidós tíos corriendo detrás de él, esto de la tele es cosa obligada porque a mis 84 tacos ya mi estado físico no me permite asistir al estadio para ver los partidos en directo como me gustaría hacer. Todo esto tiene su explicación bien sencilla. Nací en el año 1933 en la Plaza del Teatro, en Málaga, zona bastante castigada por los bombardeos de la guerra civil que finalizo en el 1939, cuando yo tenía 6 años. La zona estaba plagada de solares, lo que nosotros llamábamos “Derribos” producidos por las bombas que tiraban los aviones que intentaban atinar en la Iglesia de Los Santos Mártires muy próxima a la Plaza del Teatro y que la mayoría se perdían en el intento.

La juventud que en aquella zona vivíamos la única diversión que teníamos era jugar al futbol con pelotas de trapo que nosotros mismos nos fabricábamos usando calcetines y medias viejas que rellenábamos con más trapos viejos o con hojas de periódicos. Siempre que teníamos tiempo libre estábamos dándole que te pego a la pelota. Quiero decir que aquella generación llevábamos el futbol en la sangre porque otra cosa no existía.

A esa edad ya era socio de C.D. Málaga  y recuerdo que  me costaba el carnet de socio dos pesetas al mes, lo cual te daba derecho a ver los dos o tres partidos que se jugaban a lo cual había que añadir el emblema de auxilio social que costaba una peseta cada vez que entrabas en el campo. El emblema como su nombre indica era para sufragar los gastos de los comedores sociales y muchas otras cosas que nos dejó como secuela nuestra gloriosa guerra civil. Era obligatorio pagarlo para entrar en todos los espectáculos.

El Málaga entonces era equipo de tercera división, hasta entonces se había jugado en los Baños del Carmen y como cosa curiosa, como anécdota, se cuenta que cuando un árbitro no era del gusto de los aficionados al final del partido terminaba en la charca que había al lado del campo o directamente al mar que estaba a dos pasos. Esos terrenos quedaron después para hacer concurso de saltos de caballos durante los juegos de invierno que se celebraban en el mes de Febrero y que no sé por qué puñetas desaparecieron. Recuerdo a bastantes jugadores que formaban el equipo, Mendaro (portero), Salazar y Montoro (defensas), Junco, García y Lecue (medios), Casanova, Teo, Peralta , Pastor y Emilio (delanteros). Si mal no recuerdo con este equipo el Malaga se proclamó Campeón de Campeones de la tercera división y ascendió a segunda, siendo el entrenador el famoso “Chales” que había que ganar o ganar aunque fuese dándole mordiscos en las partes nobles del contrincante.

De los anteriores jugadores destacaban varios, entre ellos: Emilio, extremo izquierdo y encargado de tirar todas  las faltas porque en nada tenía que envidiar a Ronaldo. Otro que destacaba era García, pero este por muy distinta causa, de vez en cuando había que sacarlo de los calabozos de la policía para que pudiese jugar el partido porque estaba metido en todos los berenjenales.

Una vez en segunda división se convirtió en el equipo ascensor, ya que lo mismo estaba en segunda que en primera. Por consiguiente hay buenos y malos recuerdos, entre los primeros se encuentran los nueve goles que metió él solito al Hercules de Alicante, estoy hablando de Perico Bazán, que cuando tiraba a puerta y daba el balón en la madera se escuchaba el "crujio"  en toda la Rosaleda. Recuerdo a Becerril, a Roldan, a Saso, a Zamora como Entrenador el primer año que estaba el Málaga en Primera, a Gonzales, defensa derecho que había pertenecido al Granada y que cuando venía a jugar a Málaga se le llamaba de todo menos bonito, pero que cuando fichó por el Malaga se convirtió en un ídolo y terminó jugando en el Madrid, lo mismo que Becerril. A todos cuanto recuerdo no los puedo meter en la lista porque se haría interminable. Yo solamente quiero hacerme una pregunta, cuanto habría que pagar hoy día por un jugador como Bazán, por ejemplo. A mí me atacan los nervios cuando veo a un jugador que ha metido un gol y enseguida se va hacia la grada besando el escudo que lleva en la camisola como si fuera el equipo de sus amores y fuera capaz de dar hasta su sangre por él, mientras su representante (porque todos tienen su representante) está intentando colocarlo en otro equipo donde él y el jugador puedan ganar un milloncete más.

Pero mi escrito de hoy como he dejado dicho anteriormente se debe a una extraña circunstancia. Yo me preparaba para ingresar en la Escuela de Náutica en una academia que se encontraba al comienzo de la calle Mariblanca, haciendo esquina encima de una farmacia, el Director y único profesor se llamaba D. Ricardo Puente, ingeniero de telecomunicaciones y apartado de su carrera por tener ideas masónicas (según contaban las malas lenguas). La academia se limitaba a una habitación pequeña donde apenas cabíamos diez alumnos. El resto de las habitaciones de la casa que regentaban dos hermanas muy viejecitas eran ocupadas por distintos huéspedes. Y una de aquellas habitaciones contigua a la nuestra estaba ocupada por el jugador del Málaga  BORREDÁ que estaba obligado a pasar por nuestra aula cuando quería salir de su habitación. Algo parecido a la habitación que debe ocupar Ronaldo y compañía en la actualidad. Eso es lo que me ha hecho escribir este relato, viendo y recordando a aquel muchacho que hoy dia tiene 87 años y que como yo soy un sentimental empedernido han hecho que las lagrimas afloren a mis ojos y me diga a mí mismo: Arturo, como ha cambiado esta puñetera vida.

Capitan Arturo de Bonis.                          

sábado, 2 de septiembre de 2017


MANDO   CONSOLIDADO        TEMA UNO       

Después de estar ejerciendo como Capitán varios años, me parece un poco ridículo seguir escribiendo mis artículos bajo el lema Y POR FIN LLEGÓ EL MANDO, creo más lógico dejarlo aparcado , y si continuo escribiendo , que sea por lo menos bajo la condición de veterano. Aunque todos los profesionales de la mar sabemos perfectamente que el cargo de Capitán es algo parecido al de un entrenador de futbol, siempre estás en la cuerda floja, si no cumples con las expectativas  te puedes ver relegado y ser rebajado de categoría y ocupar un puesto de menor responsabilidad, sobre todo cuando nos referimos a los capitanes de pesca que si la campaña resulta mala lo más seguro es que te veas con las patitas en la calle.

 Yo, he de confesar que como consecuencia del incendio sufrido en el "Sierra Estrella" en las navidades de 67, me vi más bien con un  pie fuera que dentro, por la sencilla razón de que el jefe de Personal tenía metido entre ceja y ceja que toda nuestra actuación se había producido como consecuencia de un PANICO COLECTIVO. Aunque yo me encontraba en casa de baja por accidente, estaba al tanto de lo que se cocía en Madrid. Fue pura casualidad que se produjera un pequeño incendio en otro buque de la compañía, sin graves consecuencias, y que el Capitán testificara la rapidez con la cual se habían propagado las llamas a causa del poliéster, material con el cual estaban fabricado los mamparos, para que el Jefe de Personal cambiase de forma de pensar sobre el pánico colectivo, al parecer por otra más razonable y que coincidía con las declaraciones que habíamos formulado los tripulantes.


No comprendo cómo las autoridades competentes permiten que se construya con este tipo de material plastificado, pensando solamente en el abaratamiento y la rapidez de su montaje, sin tener en cuenta el peligro que eso supone, más aún en un buque donde todo está impregnado por el gasoil lo cual constituye un acelerador del fuego. Supongo que pruebas habrán tenido que hacer antes de dar su visto bueno. Sin ir más lejos, recientemente una torre de viviendas ha sido calcinada en la ciudad de Londres al ser revestida su fachada con algún producto plastificado, según las informaciones ofrecidas por todos los medios televisivos
De todo lo expuesto con anterioridad, el pie que tenía fuera de la Compañía volvió a entrar  y una vez que finalicé mi convalecencia me reintegré a mi puesto de trabajo en el puerto de Santander donde se encontraba el "Sierra Estrella" reparando.

Después de navegar durante varios meses en el "Sierra Estrella", como siempre, haciendo la ruta del marisco entre Huelva y Dakar. La Compañía me sorprendió al desembarcarme del "Sierra Estrella" urgentemente para tomar el mando del buque gasero "Sant Jordi", por aquel entonces buque insignia de la Compañía, en el cual se había producido la primera huelga de la Marina Mercante.

Según se mire, se podía pensar que era una  prueba de confianza de la Compañía en mi persona como Capitán, o mirándolo de otro lado se podía considerar que era un caramelo envenenado por la responsabilidad que suponía hacerse cargo del mando de un buque en aquellas condiciones, máxime cuando yo no tenía ni zorra idea de lo que era navegar en un buque que se dedicaba al  transporte de gases licuados. Con lo cual cabe deducir que yo embarcaba allí para torear con la mano izquierda a los cabecillas de la huelga. Seis meses permanecí embarcado en el "Sant Jordi", cuando el resto de la tripulación tenían sus relevo a los tres meses de embarque, lo cual da una idea de la clase de "come coco" que era aquel buque. Yo me limité a llevar y traer el buque entre Terneuzen y Tarragona al mismo tiempo que se iban calmando las aguas turbulentas. Creo que cumplí  con el cometido para el cual me dio el mando la Compañía. Para mí fueron meses duros, muy duros desde el punto de vista psicológico, ya que no hay peor cosa que estar al mando de un buque que cuando suena una alarma cualquiera, estés obligado a preguntar: ¿qué ocurre?, como suele decirse, estaba más despistado que un pulpo en un garaje desde el punto de vista profesional.

Por fin también llegó mi relevo; a bordo solo quedaba uno de los cabecillas que habían promovido la huelga: el maquinista que era el encargado de la carga, pero que al encontrase completamente aislado no había nada que temer. El buque siguió haciendo su tráfico normal entre Holanda y España cumpliendo el contrato que tenía firmado con la Dow-Chemical para el transporte de etileno. Algunos detalles curiosos que tuvieron lugar durante mi estancia en el "Sant Jordi" ya quedan reflejados en el libro MIL AÑOS DE MAR, pero que nada tienen que ver con el asunto por el cual estoy narrando lo escrito anteriormente.
                                                                  Buque "Sant Jordi"

Otra ocasión en que tuve que desembarcar de forma urgente del buque con el cual cubría la línea de Huelva-Dakar, fue cuando tuve que tomar nuevamente el mando del “Sierra Urbión”. La Compañía había firmado una póliza de fletamento para transportar la maquinaría y montar una fabrica de cemento en Argentina y una azucarera en Uruguay, más exactamente en la ciudad de Paysandú. Consideraban que el “Sierra Urbión” era el buque más apropiado para efectuar ese transporte ya que las bocas de escotillas eran lo suficientemente anchas como para poder estibar grandes piezas de la maquinaria en los planes de las bodegas y lo que no  cupiese iría como cubertada. A mi modo de ver el asunto, el buque era demasiado pequeño para plantearse hacer un viaje trasatlántico cargado hasta la perilla, pero donde hay patrón no manda marinero. Pero ni yo mismo me explico cómo las autoridades de marina nos permitieron salir en esas condiciones sin pedirnos ni siquiera un estudio de estabilidad, que teníamos hecho por supuesto, pero había piezas de maquinaria que sobrepasaban la altura del puente. La estiba fue muy laboriosa ya que resultó lo mismo que hacer un puzzle de mil piezas pero todas diferentes. Nos costó muchos quebraderos de cabeza pero al final lo conseguimos hacer en un par de viajes. El primero fue a Argentina, el destino final era Buenos Aires, pero estuvimos obligados a hacer escala primeramente en la base militar de Puerto Belgrano para descargar algunas de las piezas que por ser muy pesadas no se podían descargar en Buenos Aires.
"Sierra Urbión"

El segundo viaje como ya queda anotado era para el puerto uruguayo de Paysandú; de este viaje guardo malos recuerdos. Cuando navegábamos por el golfo de Santa Catalina frente a las costas de Brasil nos cogió un temporal que aunque no era muy fuerte, en las condiciones que navegábamos con la cubertada sí resultaba preocupante, para más "inri", el timón que se movía por contactores eléctricos empezó a fallar y de vez en cuando nos quedábamos sin gobierno atravesados a la mar que rompía contra toda la maquinaria y, a veces, era mejor cerrar los ojos y esperar a que el timón obedeciese nuevamente. El segundo contratiempo lo tuvimos en el rio Uruguay ya una vez efectuada la descarga y cuando navegábamos rio abajo, un despiste de Práctico nos hizo varar y meternos en una fosa de la cual nos costó salir por nuestros propios medios, ya que los remolcadores no se ponían de acuerdo a quien le correspondía auxiliarnos, entre argentinos y uruguayos andaba el juego. El Práctico se lavaba las manos alegando que la boya estaba movida de sitio. Uno de los inconvenientes que sufrimos en ambos viajes fue el de la comunicación. El buque no estaba provisto de onda corta y para solucionar los trámites administrativos nos pusieron para salir del paso un "Foruno" que era del tamaño de un maletín, con el que únicamente conseguíamos comunicar con España algunas madrugadas y todo a base  de mucha paciencia.
 Después de estos dos encarguitos extras, más que suficientes para saber que la Compañía seguía confiando en mí como Capitán, mi vida profesional siguió sin sobresaltos dignos de mención hasta el momento de colgar el sextante en Julio de 1988 pasé a  la reserva y comencé a disfrutar de una vida placentera en la ciudad de Málaga.      



 Capitán A. de Bonis      

  

       

domingo, 30 de julio de 2017

Y POR FIN LLEGÓ EL MANDO    TEMA Nº  SIETE


Espero que después de haber leído el último tema donde contaba la vida en la isla de Taboga, no se habrá producido una avalancha en las agencias de viajes para reservar billetes con objeto de pasar el fin de semana en la isla. La “tabogueña”, si es que ha vuelto a la isla, debe estar alrededor de los cincuenta años, y pensando que las féminas que habitan en latitudes tropicales envejecen con más rapidez que las demás, supongo que el calificativo de “que estaba como un tren”, se habrá quedado en “un tren de mercancías”.

Yo mismo me asombro cuando me pongo a escribir de la rapidez con la cual transcurre el tiempo. Me jubilé justamente a los 55 años, cuando empezaban a verse los nubarrones en el horizonte de la Marina Mercante, cuando al mirar hacia popa se veía y se comprobaba que la bandera que ondeaba en el mástil tenía cualquier color que nada tenían que ver con la española. Hoy, con 83 años de edad cumplidos el único contacto que tengo con la mar, son los amigos del Circulo Marítimo y las magnificas vistas que del mar y el puerto tenemos donde nos reunimos semanalmente en el Real Club Náutico de Malaga. Si hacemos cuentas, son 28 años, poco a poco me voy aproximando a los que como profesional pasé en la mar, no creo que llegue a igualarlos aunque solo Dios lo sabe, a mí desde luego no me importaría siempre y cuando las condiciones físicas no se deterioren mucho y la cabeza me permita de vez en cuando tener la lucidez necesaria para poder escribir unas cuantas cuartillas que me tengan entretenido.

Como el movimiento demográfico en el Circulo Marítimo es más bien nulo, no existe savia nueva que nos regenere y por consiguiente poco a poco se habla menos de barcos, vamos quedando solo los que pertenecemos a la “generación del sextante”. Sinceramente pienso que una profesión tan bonita como era la nuestra, con el tiempo tienda e extinguirse, las nuevas tecnologías avanzan a pasos agigantados y quién puede negar que si se ha llegado a sacar un coche que circula y aparca  sin conductor, no se pueda obtener en un futuro un buque que navegue sin Capitán y sin tripulación y que atraque solo. Si ese día llega a producirse  y aun estamos en condiciones de asimilarlo, podremos descansar en paz y sin ninguna clase de remordimiento cambiar el nombre de Circulo Marítimo por el de Circulo Gastronómico que tampoco está nada mal, siempre y cuando nuestros estómagos estén en condiciones de soportar tanto jamón, tanto cochinillo y tanto cabrito.

Algunos dirán: “Yo ya sabía que eso iba a terminar en una casa de niñas”, sí, pero bien organizada, ya no habrá miedo a que exista el famoso “Rumbo de Colisión” que tanto nos amedrantó durante cierto tiempo, ya solamente tendremos que tener cuidado con las indigestiones pues de todos es sabido que los cementerios están llenos de grandes panzadas.

Bueno, muchos pensarán que tiene que ver esta parrafada que nos ha endiñado con el tema “Y POR FIN LLEGÓ EL MANDO”, y yo os contesto que nada, absolutamente nada, pero con algo tengo que rellenar tantas cuartillas y con algo tengo que entretener mi cabeza mientras me viene a la imaginación algo relacionado con el tema.

Ya os conté que la primera vez que salí del puerto de Bilbao al mando del “Sierra Blanca”, sentí sensaciones de todos los colores. Yo ya había navegado en ese buque de 1er Oficial y lo conocía perfectamente, pero la responsabilidad es la responsabilidad y resulta que es un factor añadido que hasta que no se experimenta no se puede valorar en su justa medida.

El Sierra Blanca hacia línea regulas entre el Norte de Europa y el Norte de España, pero su cometido era barrer, embarcar toda aquella mercancía que los otros buques que conformaban la línea no habían podido embarcar por falta de espacio, por esa sencilla razón le llamaban el buque escoba. El problema de este sistema era que estábamos obligados a entrar en los puertos establecidos en la línea, hubiera carga o no, con lo cual te paseabas por el norte de Europa con las bodegas medio vacías y ya sabemos que esa zona no es la más propicia para navegar en esas condiciones ni el Golfo de Vizcaya para estar cruzándolo a veces completamente en lastre.

 Se daba el caso que después de navegar hasta el puerto de Hamburgo, llegabas, atracabas y si no había nada de carga volvías a salir una vez formalizadas todas las operaciones burocráticas. Eso también solía ocurrir en Rotterdam y en Amberes, en este último puerto donde yo ya tenía establecido mi domicilio, solo tenía tiempo para citarme en una cafetería con mi esposa (ella también trabajaba) para charlar un poco y darle cuatro besos, dos de llegada y otros dos de despedida y hasta el mes que viene, ya que el viaje redondo duraba aproximadamente un mes. Esta forma de navegar resultaba desesperante, pero como yo era el último Capitán del escalafón no tenía más remedio que apechugar con lo que fuese.

Si mal no recuerdo, dos años permanecí haciendo esta misma línea al Mar del Norte. El único percance grave que tuvimos fue una colisión en el rio Escalda. Estábamos cerrados en niebla y fondeados porque el Práctico consideraba que era la mejor forma de evitar males mayores. En estas condiciones nos encontrábamos cuando fuimos embestidos por un buque que nos abordó casi por la proa y nos dobló casi toda la regala del castillo, con la buena suerte de que no afectó en nada ni al peak de proa ni al molinete y cuando aclaró la niebla pudimos seguir viaje hasta el puerto de Amberes que era nuestro destino. Allí permanecimos aproximadamente una semana reparando los desperfectos sufridos, tiempo que yo aproveché para disfrutar algo más de la familia. Como las condiciones de carga que ya he narrado con anterioridad no eran las más idóneas, estábamos obligados a tener sumo cuidado con la situación meteorológica y durante estos dos años estuvimos obligados a hacer varias arribadas tanto en la costa francesa como en la costa inglesa.

La empresa nunca puso reparos en esta forma de actuar, ya que la mala suerte ya se había cebado con el hundimiento de dos buques en el tiempo que llevaba funcionando la Empresa. Cuando fueron construidos los tres primeros buques frigoríficos, "Sierra Estrella", "Sierra Espuña"  y "Sierra Escudo", obtuve el mando del "Sierra Estrella" con lo cual dejé de ser el buque escoba y al principio todo iba a pedir de boca porque tenía la posibilidad de permanecer más tiempo en casa ya que las estancias en puerto eran más largas. Pero de la noche a la mañana todo cambió, ya que el "Sierra Estrella" fue destinado a cubrir la línea de Huelva-Dakar, con lo cual se iniciaba una nueva andadura de la Compañía y ya solamente veía Amberes cuando me tocaban vacaciones. Lo único que gané con el cambio fue que deje el Mar del Norte por una buena temporada, al mismo tiempo que le tomé el gusto a comer marisco, gusto que por cierto aún no he perdido.

El cambio experimentado cuando dejé el carbón y el granel por la carga general fue grande. Pero dejar la carga general por el congelado aún fue mayor, no porque ello implicara dificultad alguna en cuanto al manejo de la mercancía se refiere, aquí todo consistía en que la planta frigorífica trabajase en buenas condiciones y en ese sentido Marítima del Norte nunca escatimó esfuerzos y dinero para que su flota frigorífica siempre estuviera en condiciones optimas.

Aquí la dificultad consistía en que la línea de Huelva-Dakar aún no estaba consolidada, que no era aceptada por completo por toda la flota marisquera. Los intereses económicos de los Armadores eran contrapuestos al de los marineros, que ganando  prácticamente lo mismo, se veían privados de ir a casa cada vez que el pesquero tuviera que efectuar la descarga. Los únicos que estaban de acuerdo en transbordar el marisco al Mercante eran el Armador y el Patrón de Pesca porque no perdían el tiempo que suponía que el pesquero viniese a Huelva para efectuar la descarga. Tardó algún tiempo en consolidarse y en que los marineros aceptasen ir y venir en avión a Dakar cuando había que efectuar relevos por vacaciones de personal. Los sindicatos tampoco estaban por la labor y utilizaban al Stella Maris para enviar octavillas escondidas entre los pertrechos que llevaba el mercante para familiares y de esa forma hacer su labor sindical.

Como se produjeron algunas situaciones bastante desagradables, el Comandante Militar de Marina de Huelva, se sacó de la manga que los Capitanes de los Mercantes ejerciéramos como representante suyo para imponer un poco de autoridad, todo esto de palabra como no podía ser de otra forma, pero en vedad es que estábamos obligados a visitarlo cada viaje  y comunicarle las novedades que se podrían haber producido. Poco a poco se fue solucionando y formalizando y cuando llegó el momento de tener que cambiar de caladero y marchar a pescar en aguas de Angola, nadie protestó, ni tampoco cuando tuvieron que irse a aguas de Mozambique. Cada vez más lejos de España, pero el que manda en esta vida es el maldito parné y no hay más remedio que aceptarlo, de eso los pescadores saben mucho. Los pescaditos son muy caprichosos y aparecen donde y cuando uno menos se lo espera. 

Saludos para todos y hasta la próxima.    



Capitán Arturo de Bonis             

domingo, 18 de junio de 2017


Y POR FIN LLEGÓ EL MANDO                    TEMA Nº SEIS

Me encuentro delante de unas cuartillas en blanco, dudando sobre el tema que voy a escribir, por mi cabeza están circulando algunos recuerdos de los cuales podría sacar partido para rellenar unas cuantas hojas, pero no sé la razón por la cual se me ha metido en la mollera escribir sobre un tema bien distinto a cuantos he escrito con anterioridad, muy posiblemente en compensación a los temas más bien tristes que hasta el momento he llegado a publicar. Muchos de los lectores posiblemente pensarán que se me ha ido la olla  cuando lean que el tema por el cual me he decidido a escribir se trata del “AMOR” y sus consecuencias. Podrán pensar que puñeta tiene que ver el amor con la navegación, pues depende de cómo se mire el asunto. Yo tengo en mi poder un documento del Tribunal de la Rota, donde uno de los argumentos que esgrime un ponente del Tribunal para no concederme la anulación de mi primer matrimonio, el consabido cuento que todo el mundo conoce referente a la fama  de los marinos de que “un amor en cada puerto”, posiblemente él tenía la experiencia de una amor en cada parroquia cosa nada de extrañar en el mundo en que vivimos. Pero yo no quiero ni pienso tratar este tema que tantos dolores de cabeza me causó en debido momento. Voy a narrar una historia de amor a la vieja usanza, algo parecido a la que protagonizaron Romeo y Julieta con algunos años de demora y con un final que desconozco pero que me imagino que sería desgraciado porque hay situaciones que nunca pueden terminar felizmente.

No obstante, el desear escribir sobre este tema es porque de cierto modo me vi implicado bastante en el asunto, tanto personal como profesionalmente. No recuerdo el nombre del buque donde se desarrolló la historia, lo mismo podría ser el “Sierrra Guadalupe” como el “Sierra Grana”, da igual porque en cualquiera de ellos podría haber ocurrido ya que en  ambos cubrí la línea de Taboga a Puerto Rico. Lo que sí me fastidia es haber olvidado el nombre del actor de los hechos, son muchos los años transcurridos y aunque fotográficamente me parece que lo estoy viendo en este momento,  su nombre se me ha borrado por completo, solo recuerdo que era santanderino y que su embarque me impactó porque me recordaba a mi mismo cuando embarqué como Alumno, hacía tiempo que no embarcaba un alumno tan joven, tenía la cara lo que yo denominaba “cara de pipiolo”, cara de crio.

Embarcó en el puerto de Santander, llegó a bordo acompañado de sus padres, lo que nunca me había ocurrido con anterioridad y cómo es posible suponer, por parte de su madre toda fueron peticiones de protección para su “pequeñín” que era la primera vez que salía de casa. A veces qué poco conocen los padres a los hijos, completamente sinceramente pienso que nunca. Posiblemente el hecho de que la madre insistiera tanto, fue lo que me llevó a implicarme tanto en un tema que se escapaba de mis funciones.

El escenario de la historia fue la isla de Taboga, nosotros la conocíamos con el sobrenombre  de la isla del amor. Es una isla situada a la salida del Canal de Panamá, muy tranquila y donde nosotros solíamos efectuar los transbordos de los túnidos que los atuneros españoles  pescaban en aguas del Pacifico. La semana solía transcurrir tranquilamente enfrascados en el transbordo de los atuneros, pero los fines de semanas la isla sufría la invasión de los turista que llegaban de la ciudad de Panamá para pasar Sábado y Domingo y disfrutar de las magnificas playas con que contaba la isla, al mismo tiempo de la comida que servía el magnífico hotel que  se complementaba con música los fines de semana. Todos esperaban los fines de semana como agua de Mayo por lo que pudiese caer en tanto rio revuelto.

La persona que da origen a este artículo, que no es otro que mi protegido, la primera vez que llegó a la isla de Taboga, yo digo que cayó de pie y con la suerte de un quebrao. Me explico: En la isla vivía una tabogueña que estaba como un tren, algo parecido a la hawaiana que se ligó el Marlon Brando y que después fue su esposa. La muchacha era muy discreta y sabiéndose deseada por todos los playeros domingueros solía situarse apartada los más posible de todos los mirones. Ella era bien conocida en la isla por los lugareños y todos sabían que no había nada que rascar. Pero mira por donde aparece mi pipiolo que no sabía de la misa la mitad, se acerca a ella a la chita callando y en vez de ser rechazado como un intruso recién llegado, se entabla una amistad, que para muchos hubiéramos querido para nosotros mismos salvando la diferencia de edad , amistad que fue “in crescendo ” hasta convertirse en un romance amoroso a lo largo de toda nuestra estancia en la isla que duró varios meses, ya que nuestros viajes eran continuos entre  Taboga y el puerto de Mayagüez en Puerto Rico.

Volviendo a Taboga, diré que es una isla pequeña donde vivian cuatro gatos, unos cuantos se desplazaban cada mañana a Panamá para trabajar y el resto trabajaban como estibadores en el mercante cuando habían atuneros para transbordar. Nosotros casi formábamos parte del pueblo, ya que casi a diario después de la jornada de trabajo , nos íbamos a la isla para jugar al futbol en la playa y para tomar algún refrigerio en el hotel. Lo único destacable de la isla es que había un observatorio americano en la cumbre, pero a los americanos no se les veía ni el pelo. La única americana omnipresente era la inspectora encargada de controlar las capturas de los atuneros y que dicho sea de paso también estaba como un tren, pero la tabogueña le ganaba por puntos. Mi Alumno seguía encandilado con ella y ella aparentemente le correspondía de igual manera. Todo iba viento en popa hasta que a mis oídos llegó una información confidencial, a partir de la cual esto puede convertirse en una novela de espionaje. Me filtraron una información en la cual me aseguraban que la tabogueña no se casaba con nadie. Que tenía encoñado al pobre chaval porque quería que se quedase en tierra para que le ayudase en el negocio que tenía montado, como cabeza de turco. El negocio consistía en hacer de camello  y pasar ropa manufacturada de Colombia a Panamá, lo que al parecer proporcionaba pingües beneficios. Hay que ver lo complicado que resulta el amor a veces. Bueno, pues mi cometido a partir de ese momento era evitar que siguiera el encoñamiento para poder entregárselo sano y salvo a la mamaíta a nuestra vuelta a España. A parte, la verdad es que yo consideraba una barbaridad que echara por tierra una carrera y que además fuera declarado prófugo ya que aún no había hecho su servicio militar. Todos mis esfuerzos resultaron inútiles. El próximo viaje nuestro el destino era España en lugar de Puerto Rico, ocasión propicia para desertar. Hablé muy seriamente con él, advirtiéndole del follón en que se iba a embarcar y que pensara en el disgusto que se iban a llevar  sus padres, Me personé la noche anterior en casa de la familia para hablar con los padres y me prometieron que harían todo lo posible para evitar que el muchacho se quedase en la isla. Pero nada de nada, está visto que el amor lo puede todo.

La mañana en que el buque debía zarpar después de haber completado el cargamento, la pareja formada por Romeo y Julieta embarcaron en la primera lancha que salía de Taboga para Panamá para llevar a los obreros, a las 0700 horas de la mañana y se esfumaron para siempre en la ciudad. Nos vimos obligados a demorar unas cuantas horas la salida ya que tuve que personarme en la Embajada española para dar cuenta de lo ocurrido y modificar la lista de tripulantes. Cuando arribamos a puerto español, la madre protectora estaba esperando para recoger los enseres que su pequeñín había dejado a bordo y que a pesar del tiempo transcurrido seguía sin tener noticias de su hijo. En viajes posteriores a Taboga, me interesé por la pareja pero nadie supo darme información de ellos. Posiblemente mi presentimiento de que el tema no había tenido un final feliz era acertado. Espero que el tema no les haya aburrido y seguramente les habrá traído a la memoria algún episodio personal, ya que al fin y al cabo todos hemos sido jóvenes y no  hemos estado exentos de cometer tonterías de esta clase.

Capitán  A. de Bonis